Las alforjas de su majestad Donald TrumpEP
Su majestad Donald se dirigió a los estadounidenses hace poco más de una semana para decirles que ya había ganado la guerra contra Irán. Ayer, se limitó a contar en redes sociales que hay un alto el fuego de dos semanas con el que ha logrado reabrir el estrecho de Ormuz, que no estaba cerrado hasta que él lanzó una campaña militar para derrocar al régimen fundamentalista de Teherán y dejarle sin uranio.
Veintidós mil muertos después, el primer monarca absolutista de los Estados Unidos alardea de sus fracasos con una confesión: vamos a ganar mucho dinero, dijo. Al que tenga memoria puede recordarle a aquella otra guerra en la región que sí acabó con el derrocamiento de Sadam Husein y que se argumentaba en favor de la libertad de los iraquíes pero se justificaba en el dinero que las empresas occidentales ganarían reconstruyendo el país y explotando sus recursos. La cuenta no salió entonces y no está claro que vaya a salir ahora.
La gota que colma
Escapada de un PP sin propuestas
Inmigración. Los consejeros autonómicos del PP se hicieron humo de la convocatoria de la interterritorial en la que la ministra de Infancia y Juventud, Sira Rego, quería consensuar la prórroga del reparto de menores inmigrantes que llegan a Canarias. A la ministra hay que insistirle que un parche no hace pantalón y que lo que falta es un plan sobre migración con el que impulsar un giro europeo a la política de la negación. Pero, en ausencia de semejante esfuerzo, qué menos que sentarse y hablar de las propuestas propias y ajenas. Igual va por ahí: los consejeros se evitan el bochorno de no tener ninguna.
Por eso, es preocupante preguntarse si, para llegar hasta el día de hoy -negociar un acuerdo con un régimen iraní endurecido en torno a la Guardia Revolucionaria, único actor fortalecido por su capacidad de resistir- , al rey de Mar-a-Lago le hacía falta tanta alforja.
Un despliegue militar cuyo coste se mide en centenares de miles de millones de dólares, al menos 13 militares norteamericanos muertos y varios centenares heridos, además de un gasto en material bélico que habrá que reponer y un coste económico sobre el PIB y la inflación en EE.UU.. Para que en la mentalidad del rentista Trump esto haya merecido la pena hace falta la perspectiva de ganar mucho dinero en la posguerra. De ahí que las dos semanas de negociación que vienen haya que mirarlas con lupa porque las alforjas de su majestad siguen desplegadas en el Golfo Pérsico. Más valdrá que en su corte alguien le haga ver que el modo de ganar esta guerra es no seguir perdiendo con ella. Bufones no le faltan; falta que le hagan reír, en lugar de reírle las gracias.