LA de ayer fue una jornada histórica para Bilbao y Bizkaia. Apoteósica. La afición, como se esperaba, respondió de manera ejemplar a la primera etapa del Tour. Ningún incidente, más allá de los percances de la propia carrera. Es la culminación de un trabajo de años, que ha sido posible por varios factores. La Grand Dèpart en Bilbao hubiese sido imposible sin el autogobierno –Euskadi y su identidad se mostraron al mundo–, sin la apuesta unánime de las instituciones. Impensable sin la Ertzaintza, el Guggenheim, el metro, el nuevo San Mamés, Abandoibarra, los hoteles... Y sin la ciudadanía.