MEMORIA es mirar atrás. Reconocer el pasado y reconocernos en él. Tener el valor de asumir los errores que cometimos y el compromiso de dar testimonio de que lo fueron porque esa es la forma de garantizar que otros no utilicen nuestros silencios como excusa para experimentar sus propios fracasos.

Pero memoria no es involución. No es trinchera ni estrategia electoral desde lo más oscuro del búnker. No es volver a apropiarse del dolor de unas víctimas para fustigar con él al rival político. No es adoctrinar de nuevo a esas víctimas anunciándoles cómo deben sentirse, qué empatía hacia su dolor deben exigir y cuál deben negarse a contemplar. No es nada de lo que hizo ayer Alfonso Alonso. No es la consigna que aplicó el PP con la honrosa excepción de sus ediles de Bilbao y Donostia que acudieron a sus respectivos actos. El de Bilbao fue el más plural, con diversidad política y social, con representación variada de víctimas iguales en el dolor y la injusticia del sufrimiento que les fue infligido. Eso no es equidistancia. Eso tiene mucho más valor que todas las milongas de política atrofiada que intentaron que esa imagen no se diera. Tiene el valor de empatizar con el dolor ajeno y la vergüenza por el silencio pasado.

Esa estrategia desplegada ayer por el PP fuera de Bilbao, la de apropiarse para el consumo propio y la proyección política interesada del dolor que es de toda la sociedad nos racanea el derecho a mostrar unidad. Y merece que se le ponga freno con contundencia. Democráticamente, con el reproche argumental que huya del insulto pero ponga en evidencia el contraste de discursos vacíos con los auténticos compromisos de convivencia y conciliación social. Esa conciliación que no trae la involución estratégica que en esa materia, también, trae el nuevo PP vasco de Alfonso Alonso y Javier Maroto.

Hubo otros que también se equivocaron ayer. Que no vieron que se trataba de ofrecer un testimonio de lo que somos capaces de renunciar para sumar en favor del debido calor que merecen las víctimas. Se equivocaron los ediles de EH Bildu en municipios como Getxo y Donostia, primando la escenificación localista de su propia estrategia de oposición sobre ese marco general. Pero fueron excepción y no una decisión estructural y estructurada a través del aparato.

Sería lamentable que, mientras estos ediles hacen hoy examen de conciencia sobre lo desacertado de esa decisión, los del PP de Bilbao y Donostia lleguen a cuestionarse el haber hecho lo que era correcto. No deberían ser llamados al orden, a apretar filas sometiendo su conciencia. Sería una indignidad tener siquiera esa tentación. El ejemplo de ayer pone de manifiesto lo imperioso de no dejar de avanzar en este campo. De retomar diálogos bilaterales y también en ponencia. Porque hay quien pretende que huyamos hacia atrás.