LAS casualidades existen, pero son de otro mundo, no de este. Por eso huele a kilómetros que la decisión de un juez de imputar a tres exdirigentes de ETA –Kantauri, Mikel Antza y Anboto– por el secuestro y asesinato de Miguel Ángel Blanco coincida con el 25ª aniversario de aquellos días de infamia. Es positivo que no haya impunidad, que se ofrezca justicia y reparación a las víctimas, que se juzgue y condene a los culpables, pero esta coincidencia como homenaje al gran símbolo de la reacción social contra ETA alimenta las sospechas contra la justicia ciega. l