El virus del Ébola ha resurgido en la República Democrática del Congo (RDC), en el decimoséptimo brote en la historia de este país, que ha causado ya al menos 88 muertos y afecta a la provincia de Ituri, en el conflictivo este congoleño, donde actúan más de un centenar de grupos armados.
Aunque el ministro de Salud congoleño, Roger Kamba, informó el domingo sobre "91 muertes probables", la Organización Mundial de la Salud mantiene los 88 fallecidos, de momento, incluido un ciudadano congoleño que murió en Uganda.
¿Cuándo y cómo se declaró el brote?
Los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades de África, agencia de salud pública de la Unión Africana, informaron sobre el brote el pasado viernes, cuando ya se habían registrado en Ituri 65 muertos y 246 casos sospechosos de la cepa Bundibugyo.
El brote fue confirmado tras detectar el virus del ébola en 13 de las 20 muestras analizadas en el laboratorio del Instituto Nacional de Investigación Biomédica de la RDC.
El virus comenzó a circular a finales de abril y, hasta el momento, se concentra en las zonas sanitarias de Mongwalu y Rwampara, que destacan por un intenso movimiento de población y su proximidad a Uganda y Sudán del Sur.
Fuera de la RDC, Uganda ha confirmado dos casos en Kampala, incluido un fallecido, y Sudán del Sur un caso en el estado de Equatoria Occidental, cerca de la frontera congoleña.
¿Qué son el ébola y la cepa Bundibugyo?
La enfermedad causada por el virus del ébola es de carácter raro pero grave, afecta tanto a humanos como a otros primates y se transmite por contacto directo con la sangre y fluidos corporales de personas o animales infectados.
Es una afección endémica en la RDC, donde se descubrió en 1976 en un pueblo cercano al río Ébola, del que toma su nombre el virus.
Su periodo de incubación oscila entre los dos y los 21 días, y puede provocar síntomas como fiebre, cansancio, dolores musculares, vómitos, diarrea, dolor abdominal y deterioro de las funciones renal y hepática.
El brote de Ituri corresponde a la cepa Bundibugyo, cuya tasa de letalidad se sitúa entre el 25 y el 40 %, según Médicos Sin Fronteras.
Se trata del tercer brote detectado relacionado con esa cepa, tras los ocurridos en Uganda en 2007-2008 y en la RDC en 2012.
Según la OMS, el virus presenta una tasa de mortalidad media de entre el 25 % y el 90 %, siendo la variante Zaire la más mortífera y la única que cuenta con vacunas y tratamientos autorizados.
Una provincia marcada por el conflicto armado
El virus ha reaparecido en una provincia sumida en un largo conflicto que golpea a la población civil.
Entre 2018 y 2020, el noreste de RDC, incluyendo las provincias de Kivu del Sur, Kivu del Norte e Ituri, vivió su peor epidemia de ébola, con al menos 2.299 muertos, según la OMS.
En Ituri operan grupos armados tan violentos como la Cooperativa para el Desarrollo del Congo o las Fuerzas Democráticas Aliadas, vinculadas de forma difusa con la organización yihadista Estado Islámico.
Los enfrentamientos entre estos grupos y el Ejército congoleño han provocado más de 273.000 desplazados internos, según la ONU, dificultando el despliegue sanitario y el rastreo de contactos.
La reacción internacional al brote
Desde la declaración del brote, los países vecinos han adoptado medidas como el cierre impuesto por Ruanda en la frontera con la RDC o el refuerzo de controles sanitarios en Kenia.
Sudán del Sur implementó protocolos de preparación y detección temprana en sus zonas fronterizas, mientras Uganda desplegó equipos de respuesta rápida para aislar contactos directos. La Comunidad de África Oriental pidió a sus Estados miembros intensificar la vigilancia contra el ébola. La Unión Africana desplegó equipos de respuesta, Australia confirmó su colaboración internacional y la OMS envió 18 toneladas de suministros médicos a la RDC.
El recuerdo de la mayor epidemia de ébola de la historia
Los recurrentes brotes en la RDC suelen traer a la memoria la mayor epidemia de ébola registrada hasta la fecha, que comenzó en diciembre de 2013 en Guinea y se propagó principalmente a Liberia y Sierra Leona. La epidemia, declarada entre 2014 y 2016, causó al menos 11.300 muertes y 28.500 contagios, aunque la OMS reconoce que las cifras reales podrían haber sido aún mayores.