La primera ministra británica, Liz Truss, prometió ayer “rigor fiscal”, tras el revés recibido por su plan de recortes de impuestos financiado con deuda, y evitó precisar si planea limitar los subsidios sociales a los más pobres a fin de equilibrar las finanzas públicas.
Truss dijo estar “muy comprometida a apoyar a los más vulnerables”, en una entrevista con Radio 4 de la BBC durante el congreso anual del Partido Conservador en Birmingham (centro de Inglaterra). Sin embargo, no descartó, con el objetivo de reducir la deuda neta, impedir que los subsidios sociales suban el próximo abril en línea con la inflación, que ronda el 10% en el Reino Unido, como se había prometido anteriormente. La prensa publicó ayer que se plantea aumentarlos en cambio en base a lo que se incrementen de media los salarios, un porcentaje mucho más bajo.
Muchos diputados conservadores, que se arriesgan a perder su escaño en las próximas elecciones, han advertido de que no votarán en el Parlamento a favor de un recorte en términos reales de los ingresos de las rentas más bajas, cuando al mismo tiempo habrá incentivos fiscales para empresas y el sector financiero. “Vamos a tener que tomar decisiones sobre cómo reducir la deuda neta en relación al producto interior bruto (PIB) a medio plazo”, afirmó la líder tory en la entrevista.
“Tenemos que ver estos asuntos en conjunto, hemos de ser fiscalmente responsables”, declaró, después de que su plan de recortes impositivos presentado el 23 de septiembre causara el caos en los mercados financieros.
El ministro de Economía, Kwasi Kwarteng, anuló el lunes la reducción prevista del 45 al 40% de la banda más alta del impuesto sobre la renta, entre críticas de los propios diputados conservadores de que se propusiera en un momento de crisis por el incremento del coste de la vida.
Después se filtró que Kwarteng planea adelantar a este mes la presentación de su plan económico completo para transmitir confianza a los inversores, en lugar de la fecha programada del 23 de noviembre.
Jugarse la credibilidad
Cómo puede el Gobierno conservador británico recuperar la confianza de los mercados y el electorado era la pregunta que muchos se hacían ayer en el congreso anual de la formación en Birminghan, sin que nadie se atreviera a dar la respuesta.
Los partidarios de la primera ministra británica, Liz Truss, pedían darle tiempo para desarrollar su plan de crecimiento, tras el revés recibido por su estrategia fiscal financiada con deuda, pero otros muchos temían que su reputación esté ya dañada irreversiblemente tras el giro a la política económica.
En declaraciones a Efe, varios ministros, como Jacob Rees-Mogg y Kemi Badenoch, cerraron filas en torno a su proyecto de expansión económica mediante incentivos a las empresas y las rentas altas, al margen de su impacto en los tipos de interés y la prima de riesgo de la deuda soberana.
Otros destacados conservadores, como Penny Mordaunt y Michael Gove, criticaron la posibilidad de que la jefa del Gobierno limite los subsidios sociales a los más desfavorecidos como mecanismo para reducir el endeudamiento acumulado.
Elegida por las bases conservadoras en las elecciones primarias para sustituir a Boris Johnson, Truss cuenta con escaso apoyo dentro del grupo parlamentario en la Cámara de los Comunes, lo que la hace vulnerable a rebeliones internas. – Efe
Apoyos
Ministros avalan a la líder ‘tory’
Económicos. El ministro de Empresa, Jacob Rees-Mogg, uno de los que de momento son leales a la primera ministra, afirmó que no hay que hacer caso excesivo de los mercados. “Los mercados financieros reaccionan a diario sobre diferentes asuntos, no son el Leviatán aislado que alguna gente parece creer, sino que se trata de decisiones comerciales hechas por millones de agentes con sus intereses”, manifestó. Otra ministra que respalda a Truss es Kemi Bandenoch, de Comercio Internacional, que aseguró que “por supuesto” su jefa ganará las próximas elecciones, pese a las dudas expresadas en este congreso por la militancia tory.