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Las dos caras del secretario elorriarra del último Austria

La existencia de un retrato documentado por el historiador Igor Basterretxea aporta el verdadero rostro de Gaspar de Estacasolo, secretario de Carlos II

Las dos caras del secretario elorriarra del último AustriaARTERESTAURACIÓN.COM

Trescientos veinte años después de su muerte, Gaspar de Estakasolo y Otalora ha recuperado el rostro que tuvo en vida. Y no es una metáfora. Miembro del Consejo de Su Majestad, oficial de la Secretaría de Guerra y secretario de la Capitanía General de las Galeras de Nápoles, este elorriarra formó parte de la administración de la Monarquía Hispánica durante los últimos años del reinado de Carlos II, en vísperas de la crisis sucesoria que cambiaría el rumbo de España y de Europa. Sin embargo, su imagen permanecía prácticamente desconocida. Hasta ahora.

La localización de la existencia de un retrato por parte del historiador de Elorrio Igor Basterretxea Kerexeta ha permitido identificar la que, hasta donde se sabe, es la única representación conservada de uno de los personajes más destacados surgidos de la villa durante el siglo XVII. Pero el hallazgo escondía una sorpresa inesperada: el cuadro mostraba dos rostros distintos. “Hace unos días –comunica Basterretxea- buscando información por internet, cómo no, sobre algún que otro personaje elorriano durante la Edad Moderna, de casualidad di con el cuadro-retrato de don Gaspar de Estakasolo y Otalora”, relata Basterretxea en el estudio que ha dedicado al personaje.

La pista conducía a la página web de una empresa de restauración artística de Altea. Allí aparecía documentada una intervención realizada en 2022 sobre un óleo sobre lienzo de 97 por 78,5 centímetros que representa a Gaspar de Estakasolo junto a su escudo de armas.

Lo que parecía un simple retrato nobiliario terminó revelando una historia mucho más compleja. La obra había llegado a manos de un particular de Alicante en un estado muy deteriorado. Según detallan los restauradores en la web arterestauración.com, el lienzo había sufrido importantes desprendimientos debido a problemas de conservación y había sido sometido en el pasado a una intervención que alteró profundamente su apariencia. La restauración descubrió que prácticamente toda la superficie había sido repintada.

Las modificaciones afectaban especialmente al rostro del personaje. Antes de la intervención, el retrato mostraba “a un hombre joven y hasta apuesto”, valora el historiador. Sin embargo, a medida que los especialistas fueron eliminando las capas añadidas aparecieron unas facciones completamente distintas. El verdadero Gaspar emergió oculto bajo la pintura.

La imagen original mostraba a un hombre de unos 35 años, con rasgos mucho más marcados y alejados de la versión idealizada que había llegado hasta el siglo XXI. La restauración devolvía así no solo una obra artística a su estado original, sino también la identidad real del personaje representado.

El autor del retrato sigue siendo desconocido. No obstante, uno de los responsables de la restauración, Óscar Benavent, considera que la obra se sitúa en el ámbito estilístico de Miguel Jacinto Meléndez, uno de los principales retratistas españoles del cambio de siglo. Si no salió directamente de su mano, podría proceder de su entorno artístico o de alguien familiarizado con sus técnicas.

La recuperación del retrato devuelve actualidad a una figura que desempeñó responsabilidades relevantes de la Monarquía Hispánica. Gaspar de Estakasolo y Otalora nació en Elorrio el 5 de enero de 1665. Era hijo del licenciado Francisco de Estakasolo y Murua y de Antonia de Otalora e Iztegi, pertenecientes a dos de las familias “más distinguidas” de la villa durante la segunda mitad del siglo XVII.

La posición familiar le permitió acceder a una trayectoria reservada a una minoría de las élites locales. Según pormenoriza Basterretxea, en 1692 ingresó en la Orden de Santiago junto a su hermano Juan, un reconocimiento que exigía acreditar nobleza y limpieza de sangre y que constituía una importante puerta de entrada a la administración de la Corona.

Su ascenso fue rápido. Casado en Madrid con Josefa de Pichón, desarrolló una carrera en la burocracia de la Monarquía que lo llevó a desempeñar funciones de primer nivel. Fue secretario de la Capitanía General de las Galeras de España en Nápoles y alcanzó el puesto de oficial de la Secretaría de Guerra.

La documentación municipal conservada en Elorrio permite medir el alcance de su posición. En 1705, apenas un año antes de su fallecimiento, aparece mencionado como miembro “del Consejo de Su Majestad, secretario y oficial de la Guerra parte de Tierra”.

“No se trataba de un cargo menor”. Aquellos años coincidieron con el final del reinado de Carlos II, el último monarca de la Casa de Austria. La muerte del rey sin descendencia abrió una crisis sucesoria que desembocó en la Guerra de Sucesión y alteró el equilibrio político europeo. Los funcionarios encargados de la administración militar y de los asuntos de Estado ocupaban entonces una posición especialmente sensible.

Gaspar de Estakasolo formó parte de ese aparato administrativo en uno de los momentos más trascendentales de la historia española. Murió en Donostia el 29 de septiembre de 1706, sin haber cumplido los 42 años y sin dejar descendencia. En este calendario se cumplen 320 años de su fallecimiento.

La trayectoria de Gaspar no fue una excepción dentro de su propio entorno familiar. Los Estakasolo formaban parte de una red de parentesco, negocios y relaciones institucionales que conectaba la villa de Elorrio con algunos de los principales centros políticos y económicos de la Monarquía.

Su hermano Juan también ingresó en la Orden de Santiago y desarrolló una destacada carrera en Nueva España. Llegó a ser rector de la Hermandad de Arantzazu en México y ocupó responsabilidades vinculadas al Secretariado de Indias, además de ejercer como secretario oficial del virrey duque de Albuquerque.

Otro de los hermanos, Francisco, trabajó durante años como secretario en Italia antes de regresar a Elorrio, donde ejerció como alcalde de la villa en 1711 y participó en la fundación de la Congregación de San Ignacio en Madrid en 1715. Según el estudio de Basterretxea, las trayectorias familiares reflejan la capacidad de determinados linajes vascos para integrarse en las estructuras administrativas, religiosas y comerciales de una monarquía extendida por varios continentes.

La investigación sobre Gaspar de Estakasolo constituye solo una parte de un trabajo más amplio sobre la familia. Los Estakasolo procedían de la casa solariega homónima situada en el barrio de Miñota, todavía conservada, y aparecen documentados en Elorrio desde el siglo XVI. Su historia atraviesa generaciones de cargos municipales, eclesiásticos y administrativos, además de conexiones con Sevilla, Madrid, Italia y América.

Basterretxea considera que la familia merece una atención específica por parte de la historia. En su trabajo concluye que “son acreedores de un concienzudo estudio histórico”. La localización del retrato aporta ahora una nueva pieza a esa investigación.

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Durante siglos, la figura de Gaspar de Estakasolo permaneció dispersa entre archivos municipales, expedientes de nobleza y documentación administrativa. Incluso la imagen que había llegado hasta nuestros días ocultaba una identidad falsa bajo capas de pintura añadidas durante una restauración defectuosa.

Tres siglos después de sus andanzas, el funcionario elorriarra ha recuperado finalmente su verdadero rostro. Y con él, una parte de la historia de una familia que participó, desde una villa vizcaína, en los grandes escenarios políticos de la Monarquía Hispánica.