La derrota del viernes en Miribilla ante el Valencia Basket bajó el telón de una temporada en la que el Surne Bilbao ha ofrecido un rendimiento óptimo, fundamentado en la mejora de la calidad, el hambre por competir y la cohesión grupal. El título de la FIBA Europe Cup y el regreso al play-off de la Liga Endesa once años después, grandes hitos de un ejercicio inolvidable que Jaume Ponsarnau repasa en esta entrevista, en cuya segunda parte habla del proyecto 2026-27 y los nombres propios que pueden componerlo.

¿Qué nota le pone a la temporada que acaba de terminar?

Yo creo que este año le podemos poner un 9, ¿no? Un 9 porque hemos dado un paso competitivo, hemos ganado la FIBA Europe Cup y hemos llegado a play-off. Quizá en el inicio estuvimos un poquito irregulares, pero teníamos que construir juego, una dinámica. No podíamos ser un equipo muy rígido y muchas cosas se tenían que construir buscando el feeling entre los jugadores. Y en cuanto a satisfacción de entrenador por la calidad humana con la que hemos trabajado, un 10. 

Dentro de la satisfacción general, ¿qué ha sido lo que más le ha enorgullecido? El segundo título europeo, ver de lejos en todo momento la pelea por el descenso, la clasificación para el ‘play-off’...

Quedar séptimos en la temporada regular. Creo que sin ninguna duda es algo que ha hecho que el curso sea muy especial. Y no pongo el título, que creo que ha sido muy importante, y más por cómo lo hemos conseguido, porque fue algo que ya logramos la campaña anterior. Para mí, sin ninguna duda, quedar séptimos.

¿Qué es lo que más ha diferenciado a esta plantilla de la de cursos anteriores, ha sido más cuestión de calidad o de mentalidad de grupo?

Yo creo que el extra de calidades que hemos tenido este año nos ha permitido crecer. El año pasado el grupo humano también fue muy bueno, por eso conseguimos también éxitos. Pero este año hemos tenido un extra de calidad que ha llegado sobre todo desde la velocidad y desde la explosividad. Y ahora, en el baloncesto moderno, esto es muy necesario. Tienes que ajustarte a ese nivel. En ese sentido, en todas las posiciones hemos hecho un pasito más. Los únicos jugadores que desde la velocidad no son muy especial son Darrun Hilliard, pero él tiene mucha calidad, y Tryggvi Hlinason, pero él tiene un impacto en el juego muy importante. El resto han sumado mucha velocidad.

Este curso han apostado por un baloncesto más explosivo, por jugar a más posesiones, y les ha ido bien, pero ha sido en la parcela defensiva en la que sus valores han vuelto a ser más notables.

Hace algunos años, el impacto del ataque y la defensa en el resultado final era de un 50%. Ahora el ataque tiene un poquito más de importancia que la defensa. Nuestro ataque ha sido dinámico, creo que ha sido de calidad, pero no ha sido muy eficiente. Sabíamos que para encontrar las sensaciones del equipo teníamos que cuestionarnos la eficiencia. Era muy importante buscar las sensaciones de los jugadores. Pero para llevar esto bien necesitábamos la defensa y en esa parcela del juego creo que hemos vuelto a ser buenos. Creo que Tryggvi ha sido el líder en todo esto y las piezas que llegaban con el pedigrí de ser jugadores más ofensivos se han adaptado muy bien, como Justin Jaworski. Creo que el impacto de Margiris Normantas, Martin Krampelj y Stefan Lazarevic, cuando ha podido jugar, nos ha dado un extra. Y todo esto nos ha hecho ser una muy buena defensa en la Liga Endesa, de los cuatro mejores.

Jaume Ponsarnau, en el último partido en Miribilla ante el Girona. Oskar González

El equipo de la anterior temporada parecía ir más a contracorriente de los parámetros que gobiernan el baloncesto actual.

Cuando el pasado verano nosotros nos planteamos fichar a Jaworski, que nadie más en la liga se lo planteaba, uno de los valores que veíamos en él era su capacidad de impacto, evidentemente por su tiro, pero especialmente por su velocidad. Este era un factor muy importante para nosotros y creíamos que nuestros bases podían también empujar en esto. También nuestros cuatros, que son jugadores de físico y energía. Claramente hemos dado un paso adelante.

Desde fuera parece que el equipo hace ‘click’ con esa victoria en Girona un par de días después de sufrir una durísima derrota en casa ante el Valencia Basket. ¿Se explica tan fácil ese punto de inflexión en cuanto a los resultados?

Creo que ese fue el click más espectacular, el más llamativo, pero hubo otros. Después de perder en Badalona, fuimos a Europa y ganamos de más de 50 puntos en la República Checa. Hemos sido un equipo que ante la impotencia ha tenido como respuesta un poquito de rabia para, desde la energía, el compromiso y el esfuerzo, darle la vuelta. Eso nos hizo sacar a relucir el físico. Jugar más físico. A lo mejor no hemos podido estar al nivel del Valencia o de los mejores equipos, pero lo hemos intentado. Y el de Girona fue un partido en el que encontramos solidez, un creer, un buscar nuestro momento ante un rival que juega muy bien. Por eso en algún momento se nos fue el marcador. Cuando estábamos haciendo un partido sólido, expulsan a Hilliard. Pero seguimos con nuestras opciones e hicimos tres buenos ataques que nos dieron las opciones de ganar. Lo hicimos y eso nos dio mucha confianza, hizo ver al equipo que éramos capaces de ir diez abajo y ganar. Ahora que el baloncesto vive en este mundo de los parciales, encontramos la paciencia y la confianza para esperar nuestro momento, que uno de esos parciales sea para ti y ganar partidos. 

Lo que es la confianza. El equipo que llevaba más de un año sin ganar fuera de casa pasó a hacerlo con asiduidad, resolviendo a su favor además finales ajustadísimos. Y también en Miribilla.

De repente en casa encontramos una forma física, abrumadora, de jugar. No muy eficiente, pero sí muy competitiva. Desbordábamos. Eso suponía, por ejemplo, perder más balones, pero desbordábamos. Y fuera de casa encontramos calidades a las que agarrarnos. A domicilio tienes que ganar por calidad y es lo que creo que en los años anteriores nos faltaba. Por eso yo insistía en que este equipo tenía más calidad y no se merecía llevar al sambenito de las temporadas anteriores. Estaba seguro de que íbamos a encontrar la forma de ganar fuera.

Los éxitos a domicilio han dado el plus para alcanzar ese séptimo puesto, pero donde el Surne Bilbao ha sido arrollador ha sido en el Bilbao Arena. Balance de 13-4, uno de los mejores de la historia del club.

En casa hemos notado claramente el paso físico que hemos dado. Desbordábamos. Y cuando los partidos estaban ajustados, han aparecido las calidades. Darrun creo que ha sido muy importante muchos días en esas calidades, Justin en sus impactos y Tryggvi siempre con sus solidez.

Ha habido dos grandes hitos este curso. El primero, repetir título en la FIBA Europe Cup.

Europa nos ha venido muy bien, nuestros números han sido espectaculares. Se dice eso de que los rivales son inferiores, pero también lo fueron el año anterior en algunos partidos y no dominábamos como dominamos este año. Es que este curso en algunos encuentros abrumábamos. Eso nos ha permitido que ese momento de la semana también sirviese para incrementar la energía del equipo. Relacionarnos con la energía y con la fuerza, sentirnos poderosos, nos ha venido muy bien. Por ejemplo, Darrun, excepto en partidos determinados y muy importantes, no ha brillado tanto en Europa, pero encontraba esa energía para ACB y nos permitía aprovechar su calidad. Por contra, Justin se encontraba muy bien en Europa, la pareja de cuatros también, los pívots... El hecho de tener siempre un buen número de jugadores que nos podían ayudar también nos ha hecho sentirnos poderosos.

El segundo, el séptimo puesto en la temporada regular de la Liga Endesa, dejando por detrás a equipos de la talla de La Laguna Tenerife o Unicaja. ¿Le da sensación de haber derrocado en cierta manera al poder establecido?

Sí, sí. Y ahora lo identificamos así porque además estos dos equipos tienen un gran pedigrí de participar constantemente en el play-off y, además, hacerlo muy bien las últimas temporadas. Y los presupuestos. Han quedado por detrás presupuestos muy muy superiores al nuestro. Hemos acertado con el equipo y la química que hemos conseguido nos ha permitido ir ese pasito más allá, todos juntos. Batera. En casa hemos encontrado confianza. Ser competitivo como local es trascendental para poder hacer una muy buena temporada.

Y el hambre. Con el título europeo y la salvación ya atada, los estómagos podían haberse quedado ya saciados. ¿Ha costado mucho tirar del equipo para mantener la competitividad hasta el final?

Siempre he sentido compromiso para hacer cosas. El equipo siempre ha tenido muy buenas respuestas. El hambre ha sido, sin ninguna duda, una cosa que nos ha ayudado a crecer como equipo.

Hablando del juego, ¿qué es lo que más satisfecho le ha dejado este curso?

Sé que es redundante, pero el factor batera. Este es un deporte de equipo en el que se tienen que sacar ventajas en un espacio muy pequeño contra cinco jugadores que te empujan, que te impiden llegar donde quieres llegar, te bloquean. Y lo hemos logrado. Juntos. Dinámicos. Ya te digo, quizás no con mucha eficiencia, pero sí con competitividad. Batera, sin ninguna duda, ha sido algo trascendental para nosotros. 

¿Y alguna espinita clavada? 

Hay un reto, que es ser más eficientes desde el dinamismo. También, que contra equipos muy, muy, muy físicos nuestro juego dinámico se imponga. El Valencia Basket, en el último partido, nos demostró ese límite y eso es lo que queremos romper.

Ahora queda gestionar el éxito, que las expectativas generadas no separen demasiado los pies del suelo. ¿Es eso lo más difícil?

Ya no toca hablar de eso de ser uno de los 16 mejores equipos de la liga, pero toca estar preparado para que por una racha de lesiones, por una racha de mala suerte o porque las cosas no salgan bien pueda volver a ser el objetivo. Y todos tenemos que estar preparados para eso. Por ejemplo, el Gran Canaria no lo estaba. Y era un equipo con muchísimo más presupuesto que nosotros. La ambición es máxima, claramente hemos construido un paso hacia adelante, pero todos juntos tendremos que remar si es necesario si las cosas se dan mal.