Sabe hoy la ciudadanía vasca que el Gobierno de Euzkadi llegó a disponer de un espacio propio en la Exposición Internacional de París de 1937, donde el mundo contempló por primera vez el Guernica de Pablo Picasso mientras la guerra seguía avanzando en el Estado?

La documentación conservada por el Departamento de Justicia y Cultura da pistas de cómo el Ejecutivo organizó aquella presencia en la capital francesa. En este contexto, conviene recordar que la Exposición Internacional de París de 1937 se celebró entre el 25 de mayo y el 25 de noviembre. En ese marco, el Guernica de Pablo Picasso se expuso al público por primera vez el 12 de julio de 1937, fecha en la que se inauguró el Pabellón de España, donde la obra quedó instalada. Los documentos, fechados entre diciembre de 1936 y abril de 1937, reflejan la implicación directa del consejero Jesús María de Leizaola en la preparación de la participación vasca en París. También muestran el funcionamiento de una administración cultural que operaba en plena guerra, mientras el territorio vasco sufría bombardeos y el frente militar seguía activo.

Uno de los escritos más significativos está fechado en Bilbao el 19 de abril de 1937, una semana justo antes del sádico bombardeo italo-nazi contra Gernika. El documento firmado por Leizaola como consejero de Justicia y Cultura, ordena el desplazamiento a París de José María Uzelai, director general del Museo Bellas Artes de Bilbao.

Un panel del espacio de Euzkadi. Museo Reina Sofía

El documento define con claridad el motivo del traslado: “El objeto de su viaje es estudiar sobre el terreno la organización de la presencia de Euzkadi en la Exposición Internacional de 1937”. La comunicación añade que el desplazamiento debía realizarse “a la mayor brevedad”, dada la cercanía de la inauguración del certamen, hasta el punto de solicitar plaza en un avión de Baiona.

Informa asimismo que dos días antes, el 17 de abril de 1937, el Departamento de Justicia y Cultura había remitido un telegrama al ministro Indalecio Prieto, entonces en Valencia, detallando parte de los contenidos previstos para el espacio vasco en la exposición parisina.

El escrito explicaba que se estaban “perfilando grupos artesanos” y enumeraba distintos ámbitos relacionados tanto con la tradición artesanal como con la actividad industrial vasca. Entre ellos aparecían los “oficios rurales yugueros”, la cerámica, los trabajos vinculados al deporte pelotari, la cestería, la construcción de traineras, el remo, “los oficios de Eibar como decoración de escopetas y las labores de la Escuela de Armería”.

La relación incluía además referencias a los “oficios modernos de Vizcaya”, lo que reflejaba la intención de proyectar una imagen que combinara tradición cultural e industria moderna. El telegrama aportaba igualmente cifras concretas sobre el contenido artístico previsto para la muestra. La representación vasca contaría con “160 cuadros y 12 esculturas aproximadamente”.

Junto a ello, el Departamento de Justicia y Cultura planeaba incorporar materiales relacionados con “labor, asistencia social, guerra, turismo y cultura” mediante “fotografías, folletos, y otros”. La comunicación concretaba también el espacio reservado para Euskadi dentro de la exposición internacional. Según el texto, el Gobierno Vasco disponía “exclusivamente” de un local situado en el segundo piso, identificado con el número tres en los planos remitidos previamente desde París.

Los textos a los que ha tenido acceso DEIA detallan que la organización de aquella presencia internacional coincidía con el desarrollo de una estructura administrativa dedicada a la cultura y al patrimonio. La documentación conservada muestra que el Gobierno Vasco trabajaba paralelamente en la elaboración de decretos y medidas destinadas a la conservación artística e histórica.

Otro de los textos consultados está fechado antes, en Bilbao el 12 de diciembre de 1936 y firmado igualmente por Jesús María de Leizaola. En él se informa al presidente del Gobierno de Euzkadi del envío de dos proyectos de decreto “para su estudio”. El documento especifica que uno de ellos estaba relacionado con los “derribos de edificios” y el otro con la “creación del Consejo Nacional de Cultura”. Esa preocupación por la conservación patrimonial aparece desarrollada en otro escrito oficial emitido por la Dirección General de Bellas Artes, Archivos, Bibliotecas y Museos el 14 de abril de 1937.

Carta firmada por Leizaola. GOBIERNO VASCO

El texto refleja la preocupación institucional por el estado de los edificios históricos existentes en el territorio controlado por el Gobierno vasco: “Interesando a este Departamento de Justicia y Cultura la conservación, en su parte arquitectónica, de los pocos edificios de carácter histórico que hay en la zona leal de Euzkadi”.

La comunicación añadía que cualquier requisa o incautación de inmuebles con valor artístico o histórico debía realizarse teniendo en cuenta esa protección patrimonial. El escrito advertía de que no debía procederse a “su transformación parcial o total sin asesoramiento de la Sección de Bellas Artes”.

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La carta iba dirigida al secretario general de la Presidencia y estaba firmada por el director general de Bellas Artes, Archivos, Bibliotecas y Museos. Los documentos muestran así el funcionamiento de una estructura cultural plenamente activa durante la guerra. Los membretes oficiales aparecen redactados en euskara y castellano, con referencias al “Gobierno de Euzkadi”, “Euzkadi’ko Jaurlaritza” y al “Departamento de Justicia y Cultura”. La propia denominación de la Dirección General de Bellas Artes, Archivos, Bibliotecas y Museos refleja la amplitud de competencias asumidas por el departamento, encargado tanto de la actividad cultural como de la conservación documental y patrimonial. La documentación sitúa de este modo la presencia vasca en la Exposición Internacional de París dentro de una política cultural más amplia desarrollada por el Gobierno Vasco en 1937, en paralelo al contexto bélico y a las tareas de protección del patrimonio artístico.

La Exposición Internacional de París de 1937 fue también el escenario en el que se presentó públicamente el Guernica de Pablo Picasso dentro del pabellón de la República española, pocas semanas después del bombardeo contra la villa.