El Pinar de la Muerte devuelve a la vida un disparo mortal de 1937
Exhuman un segundo cuerpo en la histórica Cota 333, en el monte zornotzarra Ganzabal
Un proyectil aún alojado en una de las extremidades del cuerpo ha sido uno de los elementos más llamativos del hallazgo de unos restos humanos recuperados en el monte Ganzabal, en la conocida Cota 333, el denominado durante el conflicto como ‘Pinar de la Muerte’ en el municipio de Amorebieta-Etxano. El hallazgo se produjo durante una salida rutinaria de prospección de miembros de Euskal Prospekzio Taldea (EPT). En la posterior exhumación del pasado domingo participaron seis miembros de EPT, tres integrantes de la Sociedad de Ciencias Aranzadi y tres vecinos zornotzarras.
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Según explicó Alberto Sampedro a DEIA, conocido como ‘Ixile’ y miembro de Euskal Prospekzio Taldea —además de una de las personas que localizó los restos—, la fosa fue descubierta durante una de las salidas semanales de búsqueda que el grupo realiza habitualmente en la zona. La intervención permitió documentar una fosa con los restos de un combatiente de la Guerra Civil, iniciada en 1936 tras el golpe de Estado de julio de ese año en España. El cuerpo estaba enterrado en una trinchera situada en el propio monte.
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El cadáver apareció acompañado de munición asociada, un elemento que refuerza la hipótesis de que se trata de un combatiente fallecido en el frente. Uno de los aspectos más relevantes del hallazgo es la presencia de un proyectil incrustado desde 1937 en una de las extremidades del individuo. “Es algo poco habitual”, apunta Sampedro. Los restos se encontraban parcialmente en conexión anatómica, una conservación alterada por la acción de las raíces de los árboles del entorno, un fenómeno frecuente en enterramientos situados en zonas boscosas.
El monte Ganzabal, en la cota 333, fue una posición estratégica durante el conflicto armado en el norte peninsular, con enfrentamientos reiterados entre fuerzas republicanas y sublevadas, y cambios de control sucesivos en una zona de especial dureza bélica. Según apostilla Sampedro, la zona fue escenario de combates especialmente intensos: “La cota cambió de manos varias veces y los propios partes de la época reflejan la crudeza de los combates y el elevado número de bajas en ambos bandos”.
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La contienda por la cota 333 se inscribe en la ofensiva de Bizkaia desarrollada en la primavera de 1937, cuando las tropas franquistas iniciaron el avance hacia Bilbao con el objetivo de romper el sistema defensivo conocido como Cinturón de Hierro. En ese contexto, entre finales de marzo y mayo de aquel año, el sector de Amorebieta-Etxano y las alturas cercanas se convirtieron en un escenario de combates continuados, con ataques y contraataques sobre posiciones elevadas, en un frente caracterizado por la guerra de trincheras, la artillería y la lucha por el control de cotas estratégicas como esta, que cambiaba de manos en función de las ofensivas locales dentro del avance general hacia la capital vizcaína.
En este sector del frente operaron distintos batallones de las fuerzas republicanas, entre ellos la unidad ANV-1 (de Acción Nacionalista Vasca), Ibaizabal y Arana Goiri (del PNV), Dragones (Juventudes Socialistas Unificadas) y también unidades asturianas del Ejército Popular desplazadas al frente norte. Esta combinación configuró un dispositivo defensivo heterogéneo en el que combatientes vascos compartieron posiciones con refuerzos llegados desde otros territorios, en un frente marcado por las trincheras, los asaltos sucesivos y la defensa de posiciones cambiantes en un terreno abrupto y boscoso.
El hallazgo de esta persona constituye el segundo cuerpo recuperado en el entorno del monte Ganzabal tras intervenciones anteriores realizadas en la misma área por equipos de arqueología forense. El primer combatiente identificado en este enclave fue Eloy Bengoechea Lecuona (Hondarribia, 1907 – Amorebieta-Etxano, 1937), ferroviario de profesión, casado y con un hijo, integrante del batallón Dragones. Falleció en combate el 9 de mayo de 1937, en plena ofensiva sobre la cota 333.
Junto al cuerpo se halló una chapa metálica con el número 71.228. Gracias a esa identificación, corroborada posteriormente en el Archivo Histórico Provincial de Bizkaia, la Sociedad de Ciencias Aranzadi pudo poner nombre al miliciano desaparecido y localizar a sus familiares.
La exhumación de Bengoechea se llevó a cabo el 26 de julio de 2008, en presencia de sus nietos Juan Carlos y Esther Bengoetxea, en una jornada especialmente emotiva para la familia. Los restos aparecieron a escasa profundidad acompañados de objetos personales como botones, un cinturón, una cuchara, un abrelatas y diverso material de munición. Tras su identificación, fueron entregados a sus allegados, convirtiéndose en el primer caso documentado e identificado en Ganzabal dentro de los trabajos sistemáticos de recuperación de desaparecidos de la guerra de 1936.
“Después se han localizado otras dos con restos parciales y sin que se hayan podido identificar”, añade Sampedro, en referencia a hallazgos posteriores en el mismo entorno, todos ellos vinculados al mismo escenario de combate. Las intervenciones en Ganzabal se enmarcan en los trabajos de localización de víctimas del conflicto impulsados por equipos especializados como la Sociedad de Ciencias Aranzadi y Euskal Prospekzio Taldea, junto a la participación de voluntarios locales, dentro de un proceso continuado de recuperación, documentación y contextualización de restos humanos vinculados a aquel episodio histórico.
Los restos del combatiente hallado ahora serán enviados “a Donostia para hacerle el estudio y tomar muestras para el ADN que luego realizarán en BIOMICs”, explica Sampedro, en referencia al grupo de investigación genética de la Universidad del País Vasco especializado en variabilidad genética y biomedicina. De ese análisis podría surgir, décadas después, la identidad del soldado enterrado desde 1937 en el llamado Pinar de la Muerte. El disparo del enemigo quedó ahí.