De cuando un ministro ruso visitó Zeus: acero vasco bajo mirada soviética
El responsable del Comité Estatal de Cultura Física y Deportes de la URSS visitó la planta de bicicletas de Abadiño
Desde la guerra, una mayoría de familias euskaldunes han tenido una réplica del Guernica de Picasso y una bicicleta Zeus en casa. Dos símbolos —uno universal, otro profundamente arraigado en la industria local— que condensan buena parte de la memoria social y económica de Euskadi en el siglo XX. No deja de resultar significativo que, décadas después de la contienda, en un contexto internacional completamente distinto, un representante de primer nivel de la Unión Soviética se acercara hasta Abadiño para conocer de primera mano esa misma realidad industrial. La visita en 1972 de una delegación soviética a la planta de Zeus en Traña-Matiena introduce un elemento inesperado que sitúa a esta empresa en un escenario que trasciende lo local y se proyecta hacia lo político.
Relacionadas
El exalcalde de Abadiño y concejal en la actualidad, el jeltzale Mikel Garaizabal ha estudiado la historia de esta firma. Ilustra a DEIA que Zeus Industrial S.A. comenzó a pedalear un siglo atrás. Su fundador, Nicolás Arregui Gallastegui, comenzó en Eibar fabricando componentes y recambios para bicicletas en un pequeño taller mecánico, en un momento en el que la industria armamentística de la zona empezaba a reconvertirse hacia nuevas producciones. Aquel giro, nacido de la necesidad, acabaría dando forma a una empresa que décadas después se convertiría en un referente del sector ciclista.
El gran salto llegó en los años setenta, con la apertura de la planta de Traña-Matiena, en el edificio todavía conocido como pabellón Zeus, en la calle Zubibitarte. Allí la empresa vivió su etapa de mayor expansión: llegó a emplear a unas 200 personas y exportaba componentes a más de 60 países. Desde estas instalaciones se desarrollaron además innovaciones técnicas relevantes, como una rueda libre presentada en el Salón de Bruselas que permitía combinar piñones y configurar distintos desarrollos de marcha según las necesidades del ciclista, una solución avanzada para su tiempo.
En paralelo, Zeus alcanzó también una notable proyección deportiva. Sus componentes estuvieron presentes en títulos mundiales en carretera, pista y motor-paced, además de victorias destacadas en el ciclismo estatal, como la Vuelta a España de 1985. La marca patrocinó a corredores como Julián Gorospe, Leanizbarrutia, Urien o Juan Tomás Martínez, consolidando su presencia en la élite ciclista de la época.
La fábrica vasca era entonces un referente del sector y un ejemplo del desarrollo industrial europeo en el ámbito ciclista
Fue en ese contexto cuando, en 1972, el dirigente soviético Serguéi Pávlovich Pávlov visitó las instalaciones de Traña-Matiena acompañado de una delegación de la URSS. Había sido el máximo responsable del Komsomol —la organización juvenil del Partido Comunista— durante casi una década, y en ese momento ejercía como principal dirigente de la política de cultura física del país, un ámbito que en el sistema soviético abarcaba también el deporte. Vinculado a posiciones neostalinistas, formaba parte de una generación de cuadros para los que la industria, la disciplina social y el rendimiento físico eran elementos inseparables del proyecto político. Garaizabal hace un análisis sobre la visita. “Teniendo en cuenta que en 1972 Euskadi estaba en una dictadura y que el Partido Comunista era ilegal, la aparición en Abadiño de un destacado dirigente comunista de la URSS acompañado de toda una delegación debió de causar asombro entre los gobernantes de la época”, valora.
La fábrica vasca era entonces un referente del sector y un ejemplo del desarrollo industrial europeo en el ámbito ciclista. Su presencia, al parecer, no era casual: la URSS observaba con atención los modelos productivos occidentales en plena competición simbólica entre bloques. El viaje se enmarcaba en una lógica de intercambio y observación propia de la Guerra Fría, donde la industria y la actividad física funcionaban también como escaparates ideológicos. En ese contexto, la visita a Zeus conectaba una realidad local con las dinámicas globales de la época.
Zeus, en su apogeo, se convirtió así en algo más que una empresa: un punto de encuentro entre innovación técnica, cultura ciclista y proyección internacional.
“El final de la compañía llegó entre 1988 y 1989, en plena crisis industrial”, lamenta Garaizabal. Orbea adquirió los derechos de la marca y cesó la actividad productiva. El pabellón de Traña-Matiena, construido en 1960 con más de 2.500 metros cuadrados, fue posteriormente reconfigurado. Parte del edificio se transformó en garajes —hoy utilizados por cerca de 70 propietarios, en su mayoría vecinos de la zona—, mientras otras plantas se destinaron a usos de almacén y pequeño taller. El antiguo complejo conserva aún la huella de su pasado fabril.
Hoy, la memoria de Zeus sigue viva a través del CDCC Zeus Spain, un curioso club deportivo que busca preservar su legado y recuperar la experiencia de aquellas bicicletas que marcaron una época en la cultura ciclista del país. Con todo, la historia de Zeus permite trazar una línea que conecta la reconversión industrial de Eibar, la expansión internacional de los años setenta y la posterior crisis de la industria vasca. En ese recorrido, la imagen inicial —el cuadro Guernica en la pared y la bicicleta de esta firma en casa— deja de ser una escena doméstica para convertirse en una síntesis de un siglo: memoria, trabajo y modernidad entrelazados en una misma cultura material de acero vasco que por un día estuvo bajo mirada soviética.