Sonó el bocinazo final para la temporada del Surne Bilbao, exprimida hasta el límite. Después de 54 partidos oficiales no cabía pedirle mucho más a un equipo que ha enamorado a sus aficionados y a muchos de los seguidores de la Liga Endesa. Los hombres de negro estrellaron todas sus buenas intenciones ante el Valencia Basket, uno de los mejores equipos de Europa y, seguro, el que ejecuta su baloncesto a mayor velocidad y exige a los rivales un ritmo al que no están acostumbrados. El Surne Bilbao demostró en el primer partido del play-off que puede competir contra la maquina diseñada por Pedro Martínez, pero no todo el rato. El año 2026, que quedará ya para la historia del club, empezó con una paliza de los taronjas que dejó un poso de preocupación. Pero Jaume Ponsarnau y sus jugadores lo borraron inmediatamente para iniciar cinco meses y una semana inolvidables, a los que ningún reproche se puede poner, ni siquiera a la derrota de ayer que era previsible dado que la oportunidad real de complicar la vida al Valencia se escapó el miércoles en el Roig Arena.

Los visitantes pusieron el listón muy alto desde el inicio. En el segundo ocho metieron su primera canasta, hicieron un parcial de 3-13 y obligaron a remar contra una corriente de mucha calidad, ni un solo momento por delante en el marcador para tener alguna posibilidad de soñar con lo imposible. El Surne Bilbao quiso, pero no pudo ante un enemigo plagado de recursos, en el que diez jugadores habían anotado ya antes del descanso. Había de nuevo que batallar cada rebote, cuidar cada posesión y en el noble empeño de ser valientes, lanzar a canasta con buenos porcentajes. No fue posible hacer todo eso al máximo nivel y el Valencia Basket se comportó como siempre en modo rodillo que no perdona un error y una distracción de sus rivales.

Darrun Hilliard gesticula sobre el parqué en un lance del encuentro. Borja Guerrero

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La segunda parte, como aquella del 2 de enero, se hizo muy larga, pero el parcial de 11-0 con el que concluyó el partido maquilló la derrota, pero también hizo honor a esa sensación de rebeldía, de constante espíritu de superación que la plantilla ha mostrado durante toda la temporada y que le ha permitido alcanzar cotas impensables en septiembre, que convierten el futuro en esperanzador, pero también exigente. Porque el éxito es adictivo, siempre se quiere seguir por esa senda, por eso su gestión es una de las cuestiones a tener en cuenta porque no ha sido el hábitat natural del Surne Bilbao en los últimos años. “Este partido no ha sido el final, sino el principio de algo”, dijo Aleix Font en los discursos de despedida, una frase que resume perfectamente lo que debe marcar los siguientes pasos del Bilbao Basket.

El orgullo por haber pertenecido y haber contribuido a escribir esta bella historia impregnó las palabras de los jugadores, muchos de los cuales han encontrado en Bilbao y Bizkaia el entorno ideal para rendir a su máximo nivel. Muchos jugadores seguirán en el equipo, otros se marcharán, como Melwin Pantzar, cuya despedida después de tres años extraordinarios le llenó de la misma emoción que a la marea negra, que le coreó aquello de “Pantzar, quédate”. “Ojalá volvamos a vernos algún día”, dijo el base sueco para rematar la mejor temporada de su carrera, que ha impulsado al equipo a sus cotas más altas.