¿Hubo fuego cruzado entre un mendigoxale y la Guardia Civil en una romería?
Emilio Pajares es una de las 60 biografías que Eduardo Renobales trae del olvido en su nuevo libro 'El pistolerismo en Bizkaia durante la República (1931-1936)’
Entre la música de los acordeones y las luces de la romería de Santa Lucía en el barrio de El Sel, un joven se movía entre la multitud con paso firme y mirada vigilante. Era Emilio Pajares Gutiérrez, de 22 años, jefe del Euzkadi Mendigoxale Batza local, la organización juvenil del nacionalismo vasco encargada de formar y movilizar a los jóvenes abertzales en Sopuerta. Aquella madrugada, lo que parecía una celebración inocente se transformaría en un episodio de violencia que marcaría su vida y su nombre en la memoria del pistolerismo en Bizkaia.
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Nacido en Artzentales, Emilio se trasladó siendo niño con su familia a Sopuerta, donde la mayoría trabajaba en la minería y profesaba ideas comunistas. Al cumplir la mayoría de edad, el joven se decantó por el nacionalismo vasco, convirtiéndose en un referente activo dentro del movimiento abertzale en el valle minero, hasta asumir la responsabilidad de los jóvenes mendigoxales. Estos grupos se encargaban de la formación política y cultural de la juventud, la organización de actos y la movilización en defensa del nacionalismo vasco, representando la vanguardia juvenil de la causa.
La madrugada del 2 de julio de 1933, mientras la romería alcanzaba su punto álgido, los guardias civiles Eusebio Pastor Zurita y Sabino Alonso Tortajada prestaban servicio de vigilancia. Según la versión oficial, recibieron un aviso de que uno de los asistentes portaba un arma y, al intentar cachear a Pajares, este emprendió la fuga. Se relata que se volvió y apuntó con una pistola a uno de los agentes, quien respondió disparándole en la parte posterior del muslo izquierdo.
Tras el disparo, el joven fue trasladado a una vivienda cercana, donde permaneció varias horas tumbado sobre un camastro cubierto con sacos de arpillera. Según Juan Uranga, concejal local y militante del partido, Pajares estaba débil y sangrante, y la atención médica fue tardía e insuficiente. Finalmente fue trasladado al Hospital de Basurto, donde falleció horas más tarde. Durante ese intervalo se produjeron detenciones: su hermano Ramiro Pajares Gutiérrez y Olegario Ibáñez Santibáñez, acusados de insultar a los guardias.
Las versiones sobre el incidente divergen. La prensa oficial defendió que el joven portaba un arma y fue alcanzado en legítima defensa. La publicación La Hoja del Lunes detalló el hallazgo de un arma marca Wehlwy, calibre 7,65, y varias cápsulas junto al herido. Por su parte, medios nacionalistas como Euzkadi negaron que tuviera pistola y subrayaron que la herida se produjo mientras huía de espaldas, cuestionando además la atención médica y la prolongada detención en una vivienda particular. Publicaciones como Tierra Vasca y Jagi-Jagi calificaron los hechos de asesinato, provocando la reacción de las autoridades contra Kandido Arregi, director del periódico y presidente de los mendigoxales de Bizkaia. Llegaban a escribir con ironía: “La Guardia Civil siempre tiene la razón”. Renobales va un paso más allá: “Tales discrepancias no sentaron bien a las autoridades gubernativas que acuden al domicilio del director del periódico y presidente de los mendigoxales de Bizkaia Kandido Arregi, para detenerle. El Jagi-jagi había calificado como asesinato lo ocurrido a Pajares, según informa El Sol en un suelto. Arregi, que ya tenía sobrada experiencia política sobre las actividades de los Gobernadores civiles contra el independentismo vasco, había desaparecido”.
Hoy, la figura de Pajares es recuperada en el libro El pistolerismo en Bizkaia durante la República (1931-1936), de Eduardo Renobales, que reconstruye casi sesenta muertes violentas ocurridas en el herrialde durante aquel periodo. Renobales destaca la importancia de rescatar del olvido a víctimas como Pajares y a los actores del conflicto, a quienes la memoria histórica había relegado al anonimato. El autor afirma: “Nos ha llegado una imagen un tanto idealizada y mítica de lo que supuso el advenimiento de la República. Idealizada y, por lo tanto, engañosa, ficticia, ilusoria, distorsionada”.
Renobales aplaude el trabajo de quienes intentaron documentar estos episodios, subrayando que la Segunda República “no fue una época de paz, ni de placidez, ni de coyunturas favorables. Fue un tiempo de tensión social y política, de esperanzas frustradas, de anhelos que nunca se hacían realidad, de desigualdades que no desaparecían, de oportunidades perdidas”. En su reconstrucción, la muerte de Pajares ilustra cómo los jóvenes abertzales, incluso los líderes de los mendigoxales, quedaban atrapados en un contexto donde la violencia política estaba normalizada y podía convertirse en mortalidad física.
El libro enfatiza la estructura social de Bizkaia: “Existe una sociedad desigual y jerarquizada. En la cúspide, oligarquía industrial, poderosos terratenientes y aristócratas con privilegios seculares, amparados por la jerarquía de la Iglesia Católica, el Ejército como institución y los poderes represivos del Estado a su servicio. En la base, una masa de proletariado explotado”. En este escenario, la actividad de los mendigoxales y otras organizaciones juveniles generaba inquietud entre las élites, y esa tensión se traducía con frecuencia en violencia abierta y represión.
Pajares representa a una generación de jóvenes que, organizados y comprometidos, se vieron atrapados entre versiones oficiales, propaganda y enfrentamientos armados. El relato de su muerte, con sus múltiples contradicciones y su repercusión mediática, permite comprender no solo la tragedia individual sino también el clima de polarización, fanatismo y fragilidad institucional que Renobales documenta con rigor en su obra. “Prácticamente ninguna formación política eludió la acción armada para reforzar sus planteamientos ideológicos. Si no convencían las ideas, se echaba mano al bolsillo para sacar la pistola”, subraya el autor, mostrando la crudeza de la política en la Bizkaia republicana.
Rescatar la figura de Emilio Pajares y reconstruir los hechos de Sopuerta contribuye a entender el impacto del pistolerismo en la vida cotidiana del herrialde y a valorar la labor historiográfica de Eduardo Renobales, que con detalle y rigor da voz a quienes habían quedado relegados al olvido. “No queda claro el suceso. Si Pajares portaba pistola ni si hubo fuego cruzado. Creo que nunca se investigó a fondo. La versión oficial es que tenía arma y la iba a usar. Los guardias no fueron imputados. Lo raro es el trato tras la detención: maltrato, dejación de auxilio. Murió por la infección y no por el tiro. Otra cosa increíble de ese tiempo”.