Se cumplen 361 años de un desconocido suceso ocurrido en el entonces Señorío de Vizcaya, concretamente en la anteiglesia de Galdakao. Hoy vuelve a ser domingo, como lo fue el 22 de febrero de 1665. Así lo recuerda a DEIA el historiador elorriarra Igor Basterretxea Kerexeta, quien en estos días ha reconstruido minuciosamente este caso a partir de los archivos judiciales del siglo XVII. El investigador reconoce que sin la colaboración de María Teresa Gabiria Cavero, descendiente directa del acusado Martín de Gabiria y afincada en Lima, capital de Perú, “este artículo hubiera sido imposible”, y le agradece su “inestimable ayuda”.
El día de autos, Tomás de Aperribai, joven jauntxo local de unos veinte años, salió de su casa torre para acudir a misa en la parroquial de Andra Mari de Galdakao. Regresó al mediodía y comió con su esposa, María de Aldape, y con su criado. Tras el encuentro, anunció que salía a pescar. Iba –según testimonio de su esposa- con una hoz y vestido con “(h)ungarina, jubón y calzón”.
Aquel fue su último día con vida. Cuando no apareció para las Ave Marías, la familia y el vecindario se alarmaron. De madrugada, los fieles de la anteiglesia comenzaron a tomar declaraciones. La joven consorte narró el recorrido de la jornada. Otros lugareños mencionaron a Martín de Gabiria, quien había declarado semanas antes que había de matar a Aperribai si este le impedía casarse con Magdalena de Rekalde.
Los testigos, además, especifican que Martín, esa misma noche había mostrado heridas recientes en la cabeza y un pulgar -el cual le quedó colgando-, posiblemente resultado del enfrentamiento con Tomás. Su padre, Pedro de Gabiria, relató que Martín había amenazado con vengarse si se frustraban sus planes matrimoniales. La tensión entre ambos jóvenes, vecinos y casi de la misma edad, se entrelazaba con diferencias socioeconómicas claras, como aclara Basterretxea: “aunque ambos hijosdalgo de nacimiento; Tomás era un jauntxo acomodado; mientras Martín un carbonero”, inquilino de familia modesta.
Al amanecer del lunes 23, el cuerpo de Tomás fue hallado por varios vecinos, incluido su padre, “a orillas del río mayor” o Ibaizabal, parcialmente sumergido entre alisos y cerca de los molinos viejos de la torre. Tenía una herida redonda en la nuca. El cirujano Nicolás de Sorriba examinó el cadáver y concluyó que la lesión afectaba solo al pericráneo, sin fractura de cráneo, y que no se podía determinar si Tomás había sido arrojado vivo o muerto, aunque él estimaba que muerto por diferentes razones.
Otros testimonios describen que el cuerpo fue levantado para llevarlo a la casa torre antes de que la corriente lo arrastrara. Las lesiones de Martín, que, como hemos comentado antes, incluían dos cortes en la cabeza y un pulgar casi seccionado, sugieren un enfrentamiento violento. Según valoraciones de Basterretxea Kerexeta, las heridas de Gabiria reflejan defensa propia, mientras que el golpe en la nuca de Tomás, según la autopsia, no era necesariamente mortal y pudo ser accidental o consecuencia de la caída en la pelea.
La justicia del Señorío de Vizcaya reaccionó rápidamente. Martín de Gabiria fue llamado bajo el Árbol de Gernika durante 30 días, como establecía el fuero, pero no compareció. Entonces, fue declarado rebelde y se refugió en el convento de San Francisco de Bilbao, acogido a sagrado. En su ausencia, el corregidor Miguel López de Dicastillo dictó sentencia el 11 de mayo de 1665: pena de muerte natural cuando fuese capturado y 1.000 ducados de indemnización para la viuda María de Aldape.
Los autos se fijaron en la puerta de la parroquia de Galdakao, pero el condenado ya había abandonado la jurisdicción. La huida, consecuencia de su diferencia social, fue determinante para que la justicia no pudiera ejecutarlo.
Tras su refugio en el convento, Martín reaparece años después en Elgeta, fuera del territorio vizcaíno, donde bautiza a un hijo en 1669. En 1675 se casa con Marta de Arana y Basauri, y para 1680 está en Elorrio, donde trabaja como lancero y vive en la casa de Labakua. Allí, amplía su familia y se integra en la comunidad local. A día de hoy, sabemos que, después, Martín tuvo varios hijos más y que la justicia del siglo XVII terminó, a pesar de la pena de muerte, olvidándose de él. “Otro elemento curioso a tener en cuenta, aunque no se menciona en el documento, es que Magdalena de Rekalde, la presunta novia de Martín de Gabiria, debía de estar en aquel tiempo embarazada. De hecho, nueve meses después, el 6 de noviembre de 1665, dio a luz una hija de nombre María de Aldape, apareciendo como su padre Alejandro de Aldape, tío de la esposa viuda de Aperribai. ¡Quién sabe si el verdadero padre no sería el difunto!”, concluye en Basterretxea Kerexeta.