Guardar caldos caseros en casa suele acabar con tuppers apilados, botellas a medio llenar y con el congelador sin espacio. El chef y creador de contenido @avozmechef propone una solución que busca justo lo contrario: orden, eficiencia y disponibilidad. “Esta es la forma perfecta para almacenar caldos en casa y la que se usa en todos los buenos restaurantes”, afirma al inicio del vídeo, antes de resumir su objetivo: “Maximizar el orden y minimizar el espacio ocupado”.

El primer paso consiste en cambiar el formato tradicional de almacenaje. “Se empieza por envasar los caldos al vacío”, explica. La idea es convertir el caldo en “ladrillos” finos y apilables que ocupen menos volumen que un recipiente rígido. Para quien no tenga máquina de vacío, ofrece una alternativa doméstica: “Si no tienes envasadora, puedes utilizar bolsas de zip”. En ese caso, el truco habitual es sacar el máximo aire posible antes de cerrar, para lograr un paquete más plano y fácil de apilar.

Congelar y apilar

Una vez embolsados, el método no consiste en meterlos sin más al congelador, sino en ordenar la congelación para que luego resulte más fácil. “En un cajón vacío del congelador, empieza a apilar los caldos”, indica. Entre bolsa y bolsa recomienda intercalar una separación “poniendo un papel de horno entre medias para que no se queden pegados”. Así, cuando el caldo se solidifique, se podrán separar fácilmente sin romper el plástico ni perder tiempo descongelando de más.

“Al congelarse podrás colocarlos de la forma que te ocupe menos espacio”, afirma. Es decir, primero se congela en plano para crear piezas uniformes y, una vez duras, se recolocan en vertical o apiladas como carpetas, aprovechando mejor el cajón.

La ventaja, según el chef, es la de tener caldos caseros de calidad listos para usar sin depender de briks y sin desorden. “Para mí, es lo mejor para tener caldos caseros de calidad siempre disponibles”, resume.

Un básico en la dieta

El caldo, ya sea de verduras, pollo, carne o pescado, es una preparación básica con un importante valor tanto culinario como nutricional. Desde el punto de vista gastronómico, actúa como base de sopas, arroces, guisos y salsas, aportando profundidad de sabor y matices que enriquecen cualquier receta. Pero además, cuando se elabora de forma casera y con ingredientes naturales, puede convertirse en un aliado interesante dentro de una alimentación equilibrada.

Te puede interesar:

Caldo de huesos.

En términos nutricionales, el caldo casero es una fuente ligera de hidratación, ya que su principal componente es el agua, pero enriquecida con minerales y compuestos extraídos durante la cocción lenta de los ingredientes. Puede aportar potasio, magnesio, fósforo y sodio en cantidades variables, dependiendo de los alimentos utilizados y de si se añade sal. En el caso de los caldos elaborados con huesos y tejidos conectivos, también pueden contener colágeno y gelatina natural, que contribuyen a la textura y pueden tener efectos positivos sobre articulaciones y piel dentro de una dieta variada.