bilbao. La mitad de las 500 personas que abarrotaban el Auditorio Municipal de Fuentealbilla abandonaron el recinto, en silencio y con cara de circunstancias, segundos después de conocer la sentencia de la FIFA: Andrés Iniesta, el ilustrísimo hijo de esta villa albaceteña, no había sido distinguido con el Balón de Oro al mejor futbolista del mundo.

Pero los aires de funeral que envolvieron la decepción duraron poco. En el Auditorio Municipal se dieron cita una buena peña de paisanos del jugador azulgrana, pero también de medios de comunicación, sobre todo de radio y televisión, enviados por sus respectivas cadenas para recoger el pálpito humano de tan modesto pueblo, la patria chica de todo un genio del balompié. Sin embargo los periodistas no estaban para zarandajas. Tan largo viaje, y para nada. De inmediato asaltaron a los familiares de Iniesta, que lógicamente mostraron su decepción y tristeza, salvo el abuelo, Andrés Luján. "Estará igual de contento que si lo hubiese ganado (el Balón de Oro), porque para él ya era un triunfo estar entre los tres primeros", dijo.

Tan amplio despliegue mediático en Fuentealbilla tenía una razón de ser: se daba por hecho, o casi, que Iniesta, autor del gol que dio a la selección española la Copa del Mundo en la final de Sudáfrica, era el elegido. Pero salto la sorpresa. Fue Messi, el descartado en todas las quinielas. Y tras la sorpresa saltó la indignación, sobre todo en La Gazzetta dello Sport, el reputado diario deportivo italiano que hace semanas había sido el primero en pronosticar el premio para Iniesta. "¿Messi? Noooo!", tituló ayer, expresando así su malestar por la decisión de la FIFA y después de tragarse el sapo, y se supone que también al confidente, por columpiarse de aquella manera.

En general, lo medios de comunicación trasalpinos criticaron el resultado de la designación, más que nada porque el nuevo criterio de elección, resultante de la unificación del tradicional Balón de Oro que otorga France Football desde 1956 y el FIFA World Player, ha roto las reglas no escritas, en especial si hay un Mundial de por medio, la piedra de toque para la consagración. Lo hubo, y sobre él Messi pasó de puntillas. Bajo el antiguo criterio, el crack argentino se habría llevado el galardón de la FIFA, pero el Balón de Oro, el premio fetén, abría sido para el holandés Wesley Sneijder, que ni tan siquiera estuvo entre los tres finalistas.

Si los medios europeos, en general, coincidieron en criticar el resultado de la elección, aunque ponderando en lo que se merece la categoría de Leo Messi, en el Estado español el asunto alcanzó el rango de una afrenta. Ejemplos: "España está que trina", tituló el diario As. "Dos gigantes y un antiespañol", destacó Marca en su portada, donde afirma que Joseph Blatter "abofetea al fútbol español por segunda vez en un mes: le negó en diciembre el Mundial 2018 y ahora deja sin galardón a Xavi, Iniesta y Del Bosque".

Salvo Messi, que no se lo creía, y en Argentina, en donde ya no le tratan casi como un extraño (criado en la Masía azulgrana nunca jugó en la liga de este país suramericano), la FIFA, que intentó dar a la ceremonia de entrega de premios aires hollywoodenses, no satisfizo ni al mismísimo José Mourinho, ungido como el mejor entrenador del mundo, un título que sin duda engordará su enorme ego, aunque, parece, no del todo. "Lo único que no me ha gustado en la gala ha sido cuando el chico que presentaba ha dicho "Mourinho, entrenador del Real Madrid", dijo en una entrevista para la cadena italiana Sky Sport 24, en clara referencia a lo evidente. Que los honores concedidos son el fruto de su año triunfal con el Inter, con quien lo ganó todo, y no por su exigua trayectoria en el club blanco.