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María Egaña, sobre el MIR: "Hemos tenido que perdernos muchas cosas, pero ha merecido la pena"

Tres jóvenes formados en la EHU de Leioa recuerdan el esfuerzo y la incertidumbre vividos hasta elegir en mayo la plaza MIR que marcará el inicio de su carrera médica

María Egaña, sobre el MIR: "Hemos tenido que perdernos muchas cosas, pero ha merecido la pena"Cedida

Mayo es el mes en el que los médicos que se han preparado durante meses para el MIR eligen plaza y dan comienzo a una nueva etapa en su carrera. En ese momento decisivo se sitúa María Egaña. La joven admite que nunca tuvo del todo claro que quisiera estudiar Medicina. “Me gustaban las ciencias y un tutor del colegio me animó. Incluso durante la carrera hubo momentos en los que sentía que esto quizá no era lo mío”, reconoce con madurez.

"Hemos tenido que perdernos muchas cosas, pero ha merecido la pena"

Sin embargo, la experiencia universitaria terminó teniendo un valor incalculable. Se mudó a Bilbao, pasó tres años en un colegio mayor y después compartió piso con amigas que más tarde mantendría en Oviedo. En su memoria permanecen las pequeñas escapadas al Puerto Viejo de Getxo o las tardes de crepes en Arrigunaga, pequeños paréntesis entre clases. “La carrera ha sido dura. Hemos tenido que perdernos muchas cosas, pero ha merecido la pena”, afirma.

La preparación del MIR, para ella, comenzó con un preintensivo iniciado diecisiete meses antes. Posteriormente, casi sin descanso tras graduarse, puso rumbo a la capital asturiana para sumergirse de lleno en el estudio. “Al principio empiezas en junio con muchas ganas, pero noviembre y diciembre son los meses más duros. Luego llega Navidad y ya solo queda el sprint final”, recuerda.

Noviembre y diciembre, los meses más duros

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Ella y sus compañeras llegaron incluso a contratar un servicio de cocina porque apenas tenían tiempo para nada. Finalmente, Egaña logró el puesto 942 del Estado y hace apenas unos días viajó a Madrid para escoger plaza y decantarse por Hematología. “Hice prácticas y me gustó muchísimo. Tiene una parte oncológica muy humana, de acompañar al paciente, pero también mucha investigación”, explica. 

Después de meses encerrada, ahora intenta recuperar parte del tiempo perdido. Se ha apuntado a teatro, a clases de costura y recientemente regresó de un viaje de tres semanas por Vietnam. “Ahora toca disfrutar un poco”, dice sonriente, todavía con la sensación de estar, aún, despertando de una rutina absorbente. Aunque también reconoce cierta inquietud ante el inicio de la residencia. “Me preocupan las guardias y escuchas muchas cosas sobre las condiciones laborales, pero ahora lo importante es aprender y cogerlo con ganas”.