final del manomanista

El camino de baldosas amarillas

Mikel Urrutikoetxea e Iker Irribarria buscan hoy su segunda txapela del Manomanista con el frontón Bizkaia de Bilbao como escenario

09.02.2020 | 05:30
Mikel Urrutikoetxea e Iker Irribarria, en la elección dematerial Foto: José Mari Martínez

Bilbao - Las miles de hormigas que recorrían el jueves el estómago de Mikel Urrutikoetxea e Iker Irribarria ya son pitbulls. Es el momento. Es el Día D, que cumplió 75 años el jueves. Bodas de brillantes de unas bodas de sangre. El Bizkaia de Bilbao es Normandía hoy, a partir de las 17.30 horas. Una final del Manomanista es para disfrutar con la ansiedad de un soldado en víspera de tajo. A dentelladas. Aunque los que mastican las tripas parecen insectos, tienen hambre lobuna. Una jauría. Una horda. Saquean las entretelas en busca de algo que llevarse a la boca. El espinazo hierve. El Manomanista exige su peaje de tensión. El Manomanista es algo diferente. Es especial. Es una obsesión para el manista: Olimpo o pesadilla. El Manomanista es bruto, gigante. El Manomanista es esencia. El Manomanista es raíz. El Manomanista son dos pelotaris en un escenario de talla gigantesca y el cuero, el protagonista del Universo Pelota, como único leitmotiv que les acompaña hasta que acaban todo piel y huesos, vacíos, sin chispa ni ánimo, con menos carne que un guisado de alambres. Las leyendas más grandes de la mano se escriben con su nombre y por ello son recordados los que se tatuaron de lana el cráneo; en especial, Julián Retegi, su tío Juan Ignacio, Hilario Azkarate, Juan Martínez de Irujo, Aimar Olaizola, Rubén Beloki o Atano III.

Las baldosas amarillas de una modalidad que es como un cuchillo por su exigencia llevan a una txapela que muchos sueñan y pocos logran. Los dos protagonistas del encuentro de hoy ya transitaron por esa senda hacia un Oz que dura un solo año de colorado, cuesta arriba por el peaje que conlleva, y asegura una página en las enciclopedias. Urrutikoetxea caminó en 2015 hacia el éxito, invitado a la gloria en una final para la que fue eliminado por Oinatz Bengoetxea. Una fractura en un dedo en mitad de un entrenamiento arrebató al leitzarra la posibilidad de jugar aquel duelo y el Reglamento aupó al tercer clasificado, el de Zaratamo, quien acabó por tumbar al todopoderoso Olaizola II (22-19). Repitió la escena del Maracanazo, de los Once Aldeanos en la Copa del 58, de Dinamarca en la Eurocopa de 1992 o de Andy Ruiz Jr. contra Anthony Joshua en el cuadrilátero del Madison Square Garden de hace una semana. ¿Sorpresa? ¡Qué va! Mikel fue campéon con 26 años tras una evolución tranquila, de hormiguita. Escalón a escalón. El portazo fue tan fuerte que ganó el Cuatro y Medio y el Parejas del tirón. Rompió a volar.

De forma muy diferente arribó Iker Irribarria a la autopista del triunfo. Al de Arama, que acarició el debut en marzo de 2015, le habían visto hechuras de estelarista desde la cuna. En unos meses alcanzó la final del mano a mano de Segunda, que perdió ante Víctor. Al pasar el verano, Aspe tiró de él para el Cuatro y Medio y el Parejas en menos de un año en profesionales. Sin embargo, el mayor brillo le llegó en el Manomanista. Comenzó en las catacumbas de la previa y reinó. El sueño americano. Sin peajes. En la final se encontró con un Urrutikoetxea que vestía de colorado y al que la suerte le fue esquiva. Irribarria rompió el récord de Beloki y se proclamó el campeón más joven de la historia con 19 años. El ariete de una pegada inmensa cambió el perfil generacional pelotazale.

Sobre la final de hoy en el frontón Bizkaia, en la que por los nervios los contendientes suelen montar al galope de un caballo salvaje enrabietado, pende la espada de Damocles del estado de la zurda de Urrutikoetxea, si bien el vizcaino aseguró que "la mano no será excusa" en su último ensayo antes de la elección de material. De sus palabras se extrae que su estado mejoró con el aplazamiento, contemplada en el Reglamento, con el que se alargó la espera entre las semifinales y la final de dos a tres semanas. En cualquier caso, el zaratamoztarra, con 30 años recién cumplidos y a punto de cumplir una década de profesional, asoma en su tercera batalla por el Manomanista. Autoritario en sus duelos ante Bengoetxea (8-22) y Ezkurdia (22-14), está suelto en el despliegue, fluido, cruza bien el golpe y defiende una barbaridad. Tendrá que frenar el dominio de su rival.

A Irribarria le tocó esperar una semana más de lo estipulado y, para mantener la chispa mostrada en todo el Manomanista, optó por jugar un partido de parejas en Irurtzun con buenas sensaciones. Está en buen momento tras haber vivido dudas en su primer encuentro, ante Víctor (ganó 20-22), y tener que sacar a relucir su mejor versión ante Altuna III (18-22) y Elezkano II (12-22). Es un dechado de pegada: un bombardero.

EL SAQUE Y SIN BOTILLEROS Entre las cuestiones clave, los manistas confiesan que el saque puede ser fundamental. Si bien Urrutikoetxea no acabó contento con sus anteriores duelos, Irribarria considera que la semifinal ante Danel es el ejemplo a seguir. Aun más capital se vuelve la necesidad de conseguir tantos rápidos con la ausencia de botilleros. "Estamos preparados para jugar sin ellos. Cuando se pasa mal y el contrario aprieta se verá quién sabe salir de eso. Entre semana nos preparamos. Ahora nosotros debemos tomar decisiones", cuenta el vizcaino, que valora que el duelo servirá para ver "quién es más completo, tanto física como mentalmente".

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