Casi perfecto y oportuno

El Bilbao Basket saca a relucir todo su arsenal y completa su mejor actuación de la temporada el día en que más le apretaban la clasificación y el rival

08.02.2020 | 19:53
Iván Cruz tuvo ayer una actuación muy destacada, la mejor de la temporada, y sumó desde cerca y desde lejos.

EL Bilbao Basket llegó al partido ante el Real Betis apremiado por una clasificación que convertía la victoria en necesaria para no complicarse más la vida en la lucha por una de las plazas en el play-off. Los hombres de negro completaron su mejor actuación de esta temporada, y de alguna otra anterior, con la diferencia más amplia de este curso y la segunda más amplia en sus tres temporadas en la LEB Oro tras aquel 88-52 que cerró la liga regular ante el Plasencia en el año del ascenso. De esta forma, el equipo vizcaino visitará la próxima semana al Palma, que marca el corte de las eliminatorias por el ascenso, a tres partidos de distancia en lugar de a uno, como se temía. La jornada en ese sentido fue perfecta porque los baleares cayeron en su visita al colista Prat y el Bilbao Basket destrozó al líder en una mañana de desenlace inesperado y gozosamente celebrado por la grada de Miribilla, que llevaba mucho tiempo esperando un partido de este tipo.

Ganar al equipo que ha tiranizado la LEB Oro hasta ahora ya es motivo de alegría, pero lo fue aún más por la forma de conseguirlo. Desde el primer minuto, el Bilbao Basket jugó con decisión, velocidad y, sobre todo, esa verticalidad que se le ha reclamado otras veces. El equipo aprendió de la final de Copa, y seguramente también del último duelo ante el Valladolid, que cuando el rival sube líneas defensivas su debilidad está tras ellas y hay que explotarla. En pocos partidos los de Álex Mumbrú han metido tantas canastas debajo del aro como ayer y sin necesidad de llegar a los últimos segundos de la posesión. Como, además, dominaron el rebote para tener trece tiros más y fue el partido con mejor porcentaje en triples, de largo, el marcador se disparó en una segunda parte espléndida.

El Real Betis, cuyo físico parecía exagerado cuando se impuso en la final de Copa, demostró que a campo abierto es vulnerable, como todos los equipos cuando los espacios son más grandes. No se puede estar en el centro del campo y debajo del aro. El Bilbao Basket no se dejó atrapar en la tela de araña del juego posicional porque fue un equipo largo en su ocupación de la cancha y en la aportación de sus jugadores. En lo que ocurrió tuvo también mucho que ver que todos los jugadores del banquillo aportaron en positivo y permitieron que el ritmo y la confianza no decayesen. La defensa de los hombres de negro fue creciendo con el paso de los minutos y solo Enechionyia encontró algunos tiros liberados que no supusieron un problema ya que se trataba de frenar las conexiones entre los bases y Matt Stainbrook y enviar a los jugadores hacia el interior de la zona donde había un bosque de cuerpos y manos y, si no, esperaba Ben Lammers.

El pívot texano tuvo una incidencia brutal en la resolución del partido, en ese tercer cuarto demoledor, porque puso tapones, cambió tiros y reboteó para lanzar todas esas transiciones que el Real Betis no pudo frenar. Lammers se complementó perfectamente con Iván Cruz, que también hizo su mejor partido del curso, para utilizar su movilidad para anticiparse en las acciones a sus pares y sumar puntos casi sin fallo. Schreiner y Salgado sumaron trece asistencias sin tener que acaparar mucho balón ni sufrir el desgaste de sus defensores y los tiradores pudieron hacer su trabajo con menos presión que otros días. Además, Tomeu Rigo tuvo catorce minutos ante su exequipo para demostrar que sus piernas deben ser muy útiles para elevar la intensidad defensiva en el perímetro.

Todos, hasta alcanzaron una valoración colectiva de 121, llevaron al Bilbao Basket a jugar el baloncesto que le debe llevar a destacar en esa apretada lucha en la que está metido. Si lo hizo ayer lo debería hacer siempre porque no se va a encontrar un rival mejor que el líder. Probablemente, mirar la clasificación antes de empezar el partido espoleó a los jugadores tanto como el recuerdo de las dos derrotas anteriores ante los béticos. No había que defender nada, había que volver a conquistar la segunda plaza y la mejor manera de hacerlo era a cara descubierta. Había que mandar el mensaje a los rivales que le persiguen, y contra los que aún debe jugar, de que el Bilbao Basket también es capaz de llevar la iniciativa, de jugar a un ritmo que casi nadie en la LEB Oro es capaz de aguantar. Ahora hay que encontrar la continuidad, marcar este listón de forma habitual, para que la competición termine por separar el grano de la paja y deshaga esta igualdad que castiga cualquier error. El Bilbao Basket estaba ayer en una posición complicada y salió airoso.