El Surne Bilbao regresa este miércoles al escenario en el que alcanzó la gloria deportiva, en el que vivió el mayor éxtasis de sus ya más de 25 años de existencia. De hecho, este jueves, 23 de abril, se cumple un año exacto desde que la tropa de Jaume Ponsarnau se proclamara campeona de la FIBA Europe Cup ante el PAOK en la mismísima Salónica, en las cercanías del monte Olimpo, el hogar de los dioses según la mitología griega y donde los hombres de negro ocupan ya un lugar en el panteón deportivo. En aquella ocasión, el conjunto vizcaino viajó con la misión de hacer valer la renta de siete puntos (72-65) cosechada en la ida en Miribilla y tuvo que emplearse con uñas y dientes para salir coronado del volcánico Palataki (84-82, aunque llegó a perder por diez puntos a tres minutos del final). Esta vez las tornas han cambiado y la resolución final se producirá en el Bilbao Arena, donde el 29 de abril se puede vivir la mayor de las apoteosis baloncestísticas. Para ello, habrá que salir victorioso, o lo menos dañado posible, de este primer encuentro. Sufrir para poder conquistar la felicidad absoluta.

Griegos y vizcainos se han ganado por derecho propio repetir presencia en el último escalón de la lucha por el título, los hoy anfitriones con ganas de revancha en el centenario de la entidad y los visitantes queriendo hacer historia siendo el primer club que logra repetir título. Sus caminos se volvieron a cruzar en la segunda fase de grupos de la presente edición del certamen continental, pero los contextos deportivos y ambientales nada tuvieron que ver con lo que se vivirá en la final. En esos duelos de mediados de enero y febrero (contundente 95-73 en Bilbao con un brutal 6 de 7 en triples de Aleix Font y 87-88 en tierras griegas con un tiro libre de Justin Jaworski como guinda final), el PAOK era un equipo en plena reconstrucción tras realizar profundos y numerosos cambios en su plantilla y el duelo de Salónica no tuvo, ni de lejos, la carga sensorial que sufrirán en esta ocasión los hombres de negro.

EL FACTOR PALATAKI

Porque sí, el infernal Palataki es un factor en sí mismo como también lo puede ser en la vuelta Miribilla. Los que lo vivieron en la pasada edición (continúan Melwin Pantzar, MVP de la final, Harald Frey, fundamental cuando el asunto se puso complicadísimo, Amar Sylla, Tryggvi Hlinason y Bassala Bagayoko y gran parte del cuerpo técnico) saben de sobra la influencia que puede tener un ambiente como el del PAOK Sports Arena, con su público enfervorecido desde dos horas antes del arranque, su nube de humo de tabaco en el ambiente, las puertas abiertas para que se sumen a la tortura varios miles más de los 9.000 aficionados del aforo oficial para ocupar escaleras y accesos, la liturgia del lanzamiento de rollos de papel en el momento del salto inicial (¡ojo, que en muchos casos son tacos de papel de máquina registradora que resuenan en su impacto sobre la cancha, no inofensivo papel higiénico!)... Conviene ser fuerte de espíritu para afrontarlo sin empequeñecerse.

El Surne Bilbao, veteranos del vestuario y noveles, han demostrado esta temporada capacidad para afrontar con garantías situaciones complicadas. Jugadores como Darrun Hilliard (la gran duda de Ponsarnau por la lesión muscular que le impidió jugar el pasado sábado contra el Baxi Manresa), Margiris Normantas, Martin Krampelj o Stefan Lazarevic tienen tablas de sobra en ambientes europeos de altísimo voltaje, por lo que el colectivo debería centrarse mayormente en factores baloncestísticos y de energía para intentar dibujar el mejor horizonte posible de cara al encuentro de vuelta.

Los hombres de negro llevan desde comienzos de enero a un nivel competitivo altísimo tanto en la Liga Endesa, donde siguen a la caza y captura de la codiciada octava posición, como en Europa, accediendo a la final con quince victorias consecutivas tras el tropiezo inicial en casa ante el Peristeri. Cierto es que sus dos últimos encuentros se han saldado con derrotas (ante el Barca a domicilio y contra el Manresa como anfitrión), pero el conjunto de Ponsarnau ha demostrado este ejercicio capacidad para sobreponerse a momentos adversos.

RIVAL MEJORADO

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Tendrá que sacar a relucir esa virtud porque este PAOK es bastante superior en cuanto a calidad y recursos respecto al que hincó la rodilla en la final de la pasada temporada. Adquirido por el magnate Telis Mystakidis a través de la sociedad Alpha Sports, la entidad de Salónica aspira a desembarcar en la Euroliga a la mayor brevedad posible a golpe de talonario. Mientras tanto, a lo largo del ejercicio ha dinamitado su plantilla primigenia (cambió incluso a su técnico, Jure Zdovc, por Pantelis Boutskos, con Andrea Trinchieri ejerciendo de momento como consultor hasta hacerse con las riendas de equipo el próximo verano) para tratar de ganar esta FIBA Europe Cup. Así, han adquirido puntos (Breein Tyree, peligrosísimo escolta), físico (el alero Timmy Allen o el pívot Clifford Omoruyi) y experiencia y carácter (el base Patrick Beverley, con más de 700 partidos en la NBA) para unirse a Cleveland Melvin, ala-pívot peligrosísimo desde la línea de 6,75, el exACB Tomas Dimsa o el pívot Ben Moore. El cuatro Nikos Chougkaz, reclutado también con el ejercicio en curso, causará baja.

Haber sido capaz de eliminar al UCAM Murcia, tercer clasificado en la Liga Endesa, en semifinales resistiendo con uñas y dientes a domicilio en el choque de vuelta sirve de ejemplo para calibrar el notable potencial del PAOK, lo que unido al factor ambiental condimenta un primer plato de complicada digestión en esta final de la FIBA Europe Cup. El Surne Bilbao es consciente de que la conquista de la felicidad pasa por saber sufrir y que probablemente en la tarde de este miércoles tocará hacerlo en el Palataki, pero el objetivo no es otro que salir en la mejor situación posible para que sea Miribilla la que dicte sentencia definitiva dentro de siete días.