La época del desarrollismo en Euskadi implicó un gran impulso de la industria con la consiguiente llegada de miles de personas de fuera del territorio. En aquellos años la palabra sostenibilidad ni existía ni se tenían en cuenta las consideraciones ambientales a la hora de implementar nuevos espacios. En ese contexto se abrió a finales de los años 60 el vertedero de Artxanda, que estuvo en funcionamiento hasta 1976.
En ese periodo de tiempo se acumularon toneladas de residuos sin tener en cuenta los efectos secundarios que podían causar en la población y en los terrenos donde se asentó el vertedero: elementos como lindane, amianto compartían espacio con basura de la construcción, de hospitales o de la industria. Las inundaciones de 1983 dieron la primera alerta de en qué condiciones se encontraban las instalaciones ya que parte de la montaña se cayó pero el espacio se mantuvo cerrado y sin que ninguna administración diera una solución.
Sin embargo, con el paso de los años y las nuevas medidas de sostenibilidad que se empezaron a implantar en las legislación dieron un vuelvo. Así, el propósito de las instituciones públicas de regenerar el entorno de Artxanda y las diferentes denuncias sobre el estado del basurero de Artxanda llevaron a las administraciones competentes a desarrollar la legislación que cumpliera con la Estrategia de protección del suelo de Euskadi 2030. Esta regulación tiene el foco puesto en la restauración de los suelos degradados; es decir, poner en valor suelos contaminados tras efectuar su correspondiente limpieza. Además, el Plan de Prevención y Gestión de Residuos de Euskadi 2030 establece que uno de los objetivos es “el adecuado cierre o clausura de los vertederos existentes” cuando ya han finalizado su periodo de funcionamiento.
Berriz Recycling Company
En el Boletín Oficial del País Vasco del 17 de enero de 2024 se recogía que se autorizaba a la empresa Berriz Recycling Company a poner en marcha el proyecto de centro de gestión, tratamiento y almacenamiento de residuos no peligrosos de Artxanda. Entre las condiciones que imponía a la empresa se subrayaba la responsabilidad medioambiental. Así se precisaba que estaba “obligada a adoptar y a ejecutar las medidas de prevención, de evitación y de reparación” de daños medioambientales así como su deber de afrontar los costes que se pudieran ocasionar durante los trabajos, independientemente de la cuantía a la que ascendieran los daños.
Ese visto bueno que concedió el Gobierno Vasco a Berriz Recycling insistía en que la autorización para gestionar el actual vertedero, que se encuentra en una ubicación muy cercana, estaba “intrínsecamente ligada a la remediación del antiguo vertedero”. Las labores de descontaminación del espacio requería una intervención rápida porque podía haber problemas con la estabilidad del suelo.
Los estudios previos sobre este vertedero sin funcionamiento desde hace medio siglo indicaban que se debían retirar las “tierras contaminadas de la lengua” así como “estabilizar el antiguo depósito” a través de diferentes medidas de actuación. Los cálculos estimaban que se moverían entre 460.000 y 810.00 metros cúbicos y se incidía en la necesidad de retirar los residuos del vertedero clausurado respecto a otros residuos.