Romain Grosjean salva la vida

el terrible accidente del piloto francés, que sale prácticamente ileso, marca un Gran Premio de Bahréin dominado de inicio a fin por Hamilton

29.11.2020 | 15:43
El monoplaza de Grosjean en llamas.

Nada más lanzarse el Gran Premio de Bahréin, apenas superados unos recodos, la Fórmula 1 se encogió, estremecida. La respiración se contuvo ante las dramáticas imágenes. El monoplaza de Romain Grosjean se había tocado con el coche de Daniil Kvyat y había perdido el control para chocar con violencia contra una valla de seguridad. La máquina se partió en dos, por la mitad. El cockpit que protege al piloto quedó atrapado, incrustado contra las protecciones. Espeluznante. Además, del impacto, el bólido se convirtió en una bola de fuego; estalló el depósito de combustible. Todo el paddock se echaba las manos a la cabeza. Grosjean seguía dentro de la cabina del piloto, pero encerrado entre un amasijo de hierros. Por suerte y a pesar de la violencia del choque, el francés preservó la consciencia y logró desatascarse para salir de entre las llamas por su propio pie. Probablemente el halo acababa de salvar su vida en el impacto. Grosjean se abrió paso entre las lenguas de fuego, soltando humo, poniendo a prueba el traje ignífugo, diseñado para soportar 11 segundos de exposición a temperaturas superiores a 800 grados centígrados. Nada más verle regresar del infierno, los comisarios le dispararon con los extintores y todo quedó en un susto, uno de los más grandes de los últimos tiempos. Grosjean sufrió quemaduras en las manos y en un pie. Nada comparado con lo que sugería el gravísimo accidente. La Fórmula 1 le había ganado un pulso al riesgo. La seguridad del Gran Circo salió reforzada, porque años atrás y en una situación semejante, es muy posible que se hubiera impuesto el drama.



Paradójicamente, Grosjean es el director de la Asociación de Pilotos de Gran Premio. Como representante de sus homólogos, fue un adalid en la defensa de la introducción del halo. El domingo vivió en sus propias carnes la necesidad de un sistema de seguridad que ha cobrado todo el sentido. "Ha sido duro ver las llamas sin saber lo que estaba sucediendo. Tan pronto como le hemos visto saltar de entre las llamas nos hemos aliviado", expresó Carlos Sainz. Todo el mundo estalló en aplausos, una manera de liberar la tensión y de agradecer la evolución de la F-1. "Cuando ves algo así solo puedes desear tener suerte", dijo Guenther Steiner, el jefe del equipo Haas, en el que corre Grosjean. "Hemos pasado miedo", señaló Max Verstappen. "Eran imágenes impactantes. Cuando nos subimos al coche sabemos que asumimos un riesgo. Pero era horripilante. Me alegro de que haya funcionado el halo. Me alegro de que la valla no le haya rebanado el cuello o algo así. La F-1 y la FIA han hecho un grandísimo trabajo para poder salir ileso de un accidente así", manifestó Lewis Hamilton.

Después del terrible suceso se repararon las protecciones y se reanudó una carrera que no había agotado una vuelta antes del accidente. Pero sin cruzar la meta el ganador ya era Grosjean. Lo demás quedó en una anécdota, porque este gran premio será recordado por el accidente que acreditó la seguridad de este deporte.

Hamilton, sin oposición


Nada más realizar la segunda salida, ya en la tercera vuelta, Stroll tuvo un toque también con Kvyat y el de Racing Point volcó. Tuvo que salir del coche reptando. Así, entró en pista el vehículo de seguridad. Nuevo parón. Pero nada detuvo a Hamilton, que arrancó desde la pole, realizó dos salidas perfectas y se protegió de nuevo tras una relanzada para lograr la undécima victoria de la temporada. Ya suma 95 triunfos. Además, su inmediato perseguidor, Verstappen, que acabó segundo, sufrió problemas. "Mi coche salta como si fuese un canguro", indicó por radio. Mad Max trató de intimidar aprovechando la anulación de las diferencias por la aparición de los coches de seguridad. Pero el campeón se mostró implacable e incluso corrió asomando un palo con una zanahoria para gestionar el consumo de los neumáticos.

En tercera posición llegó Alexander Albon, un afortunado por el abandono de Sergio Pérez a tres vueltas de la conclusión. El mexicano pareció invocar malos farios cuando, rodando en tercer lugar y sin competencia, preguntó a sus compañeros de box si estaban despiertos. Se las gastaba felices hasta que una rotura de motor arruinó el ascenso al cajón, que parecía cantado. La retirada a tres giros del final hizo que la carrera concluyese con el safety car en pista.

Los dos abandonos de Racing Point permitieron a McLaren escalar al tercer peldaño del Mundial de Constructores. Lando Norris, que partió noveno, fue cuarto; mientras, Carlos Sainz brilló sobremanera. Desde la decimoquinta pintura se elevó hasta la quinta plaza. Fue el piloto del día, salvo por el hecho de los aficionados decidieron otorgar este mérito a Grosjean, con quien quisieron tener un gesto por esquivar la muerte en uno de los accidentes más espeluznantes de los años recientes. Fue un agradecimiento a su labor impulsando la seguridad de un espectáculo que busca la diversión del espectador pero que ello implica la asunción de un riesgo que puede conducir a la muerte. Fue un homenaje a todos aquellos que desde 1950 han aportado en los avances por la protección de los pilotos.
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