bilbao. José Mourinho no admite injerencias en su trabajo. Ni siquiera del director general del Real Madrid. Apenas 72 horas después de que el conjunto blanco no pasara del empate en Almería y de que Jorge Valdano insinuara que el entrenador portugués se equivocó al confeccionar la alineación -"había un 9 en el banquillo", dijo el argentino-, el entrenador blanco devolvió la pelota al tejado del que había salido: "El equipo lo hago yo y las decisiones son mías. Estoy demasiado mayor para recibir recaditos en los periódicos".

Mourinho continúa así con el pulso que mantiene con la dirección deportiva del conjunto madridista. El entrenador blanco se siente abandonado desde que Gonzalo El Pipita Higuaín cayera lesionado. El argentino ha sido operado en Chicago de una hernia discal que le tendrá apartado de los terrenos de juego hasta final de temporada, lo que ha obligado a Mourinho a utilizar a Benzema como hombre punta. Sin embargo, el francés no es hombre del agrado de un Mou que prefirió alinear en el estadio de los Juegos Mediterráneos a Kaká.

Era su manera de expresar que no estaba de acuerdo con la actitud de sus superiores. El luso no entiende que su presidente, Florentino Pérez, prefiera mantener las buenas relaciones que tiene con el Athletic y con Fernando García Macua a pagar los 36 millones de euros de la cláusula de rescisión de Fernando Llorente. Ni que tampoco hubieran intentado la contratación temporal de Hugo Almeida, su segunda opción, que dejó el Werder Bremen alemán para recalar en el Besiktas turco. Y que intentaran recuperar sin éxito a Ruud van Nistelrooy, a quien el Hamburgo le impidió su regreso al Santiago Bernabéu.

En la previa del encuentro de vuelta de cuartos de final de Copa que el Real Madrid disputa hoy (Calderón, 22.00 horas, C +) frente al Atlético de Madrid, con un 1-3 favorable, José Mourinho abre la puerta a la especulación. Con el Barcelona como enemigo intratable, el portugués se enfrenta a un futuro poco halagüeño. Él, que había prometido títulos en su llegada, puede salir de vacío tras su primer año en la Casa Blanca, algo que ni Florentino Pérez ni el orgullo de José Mourinho van a consentir.