Hay pocas cosas tan características de Deia como el jinete con la corneta sobre el caballo. Un logo que ha acompañado a este periódico desde sus inicios y que en 2013 el recientemente fallecido pintor bilbaino Iñaki García Ergüin plasmó en un cuadro. Se trata de una pieza que Deia guarda con especial cariño y que desde que se creara hace 36 años, cuelga de una de las salas de reuniones más transitadas. Así, todo aquel que se sienta en el salón de juntas admira la joya que García Ergüin creó para este periódico.

El emblemático caballito de Deia, presente en el logotipo del periódico, tiene su origen en una de las kutxas vascas talladas en madera que datan, según el etnógrafo Manso de Zuñiga, de mediados del siglo XVI. Estas arcas muestran escenas de caballos y jinetes en bajorrelieve, inspiradas en estelas prerromanas o vasco-romanas. El logo fue diseñado por Enrike Ibabe, quien recuperó la escena completa de uno de estos jinetes, interpretando que representaba a un correo del Camino Real, encargado de anunciar noticias y eventos mediante su corneta. Así, el logotipo simboliza la misión del periódico: “dar a conocer noticias de relevancia social”, en coherencia con el lema gure lurraren deia.

Láminas de edición limitada

La creación de Ibabe se sustenta en el trabajo previo de Manso de Zuñiga y en la tradición de las kutxas, consolidando el caballito de Deia como un icono de la cultura vasca y de la historia del periodismo local. Por ello, la pintura de García Ergüin tiene tantísimo valor, sin embargo, no es la única creación del artista bilbaino que cuelga dentro de la redacción de Deia.

'Los colores de Deia', lámina creada por García Ergüin.

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García Ergüin creaba láminas de edición limitada para que el periódico las repartiera como regalos de navidad, en aniversarios, jubilaciones... en definitiva, en cada ocasión especial que se prestaba. De cada una de las láminas creaba 500 ejemplares y entre ellas destaca la que tituló 'Los colores de Deia'.

Con la reciente pérdida de Iñaki García Ergüin, el caballito de Deia y sus láminas cobran un valor aún más entrañable. Cada pincelada de García Ergüin refleja no solo su talento, sino también su amor por la historia, la cultura vasca y el periódico que acompañó durante toda su vida.