'Diva', de Albert Boadella, llega al Teatro Arriaga este sábado

A caballo entre la ópera y el teatro, la obra repasa el mito de María Callas

21.10.2021 | 00:55
María Rey-Joly, en el papel de Callas, y el tenor Antonio Comas, como Aristóteles Onassis.

El Teatro Arriaga acogerá este sábado a María Callas y Aristóteles Onassis, interpretados por la soprano María Rey-Joly y el pianista y tenor Antonio Comas, respectivamente, en Diva, un espectáculo de Albert Boadella, que se mueve entre la ópera y el teatro. Esta pieza supone el regreso del director catalán al drama operístico. Después de sus anteriores montajes dedicados al género lírico, como Don Carlo, El pimiento Verdi o ¿Y si nos enamoramos de Scarpia?, se introduce esta vez en el mito de María Callas para construir la trágica vida de esta gran diva cuando es abandonada por Onassis y su voz ya no responde a las expectativas de su fama.

La interpretación corre a cargo de la soprano María Rey-Joly en el papel de Callas, y del pianista y tenor Antonio Comas como Aristóteles Onassis, quienes se suben al escenario guiados en la dirección musical por el maestro Manuel Coves.

En la trama dramática de Diva se utilizan las arias de Tosca: El Trovador, Madama Butterfly, La Wally, Dido y Eneas, Otello, Norma, etc. La versatilidad de María Rey-Joly y su capacidad de adaptación vocal a distintos registros dan como resultado una magnífica actuación como María Callas. Hay que recordar que esta soprano madrileña ya ha trabajado con anterioridad a las órdenes de Boadella, formando parte del elenco de El Pimiento Verdi y también de ¿Y si nos enamoramos de Scarpia?

La vida de la artista María Callas tuvo siempre algo de ópera trágica: en ella se yuxtaponía la María Callas solitaria, que vivió grandes sacrificios personales, con la figura pública que cosechó grandes triunfos rodeada de la jet set –Visconti, Pasolini, Churchill, Marilyn Monroe o Grace Kelly–. En estos últimos años que presenta Diva, la artista está, definitivamente, sumida en la decadencia. Onassis ha muerto y la crítica se ceba con ella. Vive en un mundo de recuerdos, desdeñando el presente mientras fuerza a su repetidor a que la acompañe en un imaginario repertorio que ya no podrá volver a interpretar. También lo utiliza para crear una situación sadomasoquista. Lo obliga a interpretar a Onassis, su gran amor. Sus momentos más apasionados y estelares. En su delirio, se imagina al griego como pareja de los grandes dramas operísticos que ella protagonizó. Alguien que la mata o alguien con quien morir al final de la ópera. Es el inicio del camino hacia su propio y misterioso final, que muy pronto realizará a su voluntad.

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