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Ana Laura Aláez: "Aunque no quiera, el arte está ahí, brotando por la espalda a traición"

La artista Ana Laura Aláez reúne 47 piezas que engloban su trayectoria en la muestra que Azkuna Zentroa inauguró ayer. "Las mejores obras son las que mejor enseñan mis propios demonios", afirma

21.05.2021 | 01:26
Ana Laura Aláez.

Como si de una premonición se tratara Todos los conciertos, todas las noches, todo vacío, la obra que da nombre a la exposición de Ana Laura Aláez (Bilbao, 1964), "solapa cuestiones casi poéticas, del vacío, de la nada". En tiempos de pandemia, esta escultura de 2009 "se ha convertido casi en hiperrealista", reconoce la propia artista, que asume que la muestra está inevitablemente "impregnada" del momento actual. Formada en el contexto de los ochenta, marcada por la crisis social y económica, Aláez ha empleado la vulnerabilidad como material para seguir haciéndose las mismas preguntas existenciales de las que siempre extrae respuestas diferentes. "No me acerqué al arte pretendiendo vivir del arte, fue una cuestión vital", asegura la escultora, orgullosa de la herencia de clase obrera que le ha permitido llegar a donde está, incluso cuando dedicarse al arte parecía un contrapunto.

Esta es una exposición especial, en su Bilbao natal. Y es de las que asegura que solo expone cuando tiene algo que decir. ¿Qué le gustaría trasmitir al público bilbaino?

—Es una pregunta muy difícil porque en realidad el arte, entre otras cosas, lo maravilloso que tiene es que no tiene que explicar nada. Pero es verdad que estoy exponiendo en mi ciudad de origen en el momento oportuno. Todo el trabajo que está presentado aquí es ahora cuando puedo hacer el ejercicio de las cosas que pasan entre las piezas. Estoy muy contenta porque siento que es el momento.

La exhibición recoge obras de tres décadas de trayectoria pero se aleja del concepto de retrospectiva, ¿por qué?

—Esa es una afirmación mía, pero no porque esté en contra de la palabra retrospectiva, ni mucho menos. Es por una cuestión de no aferrarse al runrún de retrospectiva, porque parece que la palabra tiende a cerrar un concepto. Aquí se trataba de abrir, de que todo estuviera vivo, pero no en el sentido contemporáneo, porque aunque tengan diferentes fechas son piezas contemporáneas, sino que se trataba de abrirse en canal. Ha sido como un ejercicio muy pasional: de maltratar las piezas, de moverlas u omitir parte de las piezas, reinterpretarlas. No de cerrar, sino de abrir.

La selección de las piezas a exponer no habrá sido nada sencilla.

—He tratado la exposición, incluso en esa elección, también como un gesto escultórico. Cuando haces escultura, lo mismo que tienes que cargarte un material, en este caso ocurre lo mismo; es decir, yo veo todo lo que no se ve aquí, eso es inevitable. Tampoco se ven todos los movimientos que han ocurrido en este espacio, en Azkuna Zentroa, porque cada vez que he movido una pieza he movido un trozo de mi vida, de mi pensamiento, de mi forma de hacer. Hay cuestiones abstractas que creo que han impregnado la exposición.

En su obra pone en cuestión los estereotipos impuestos por la condición de clase, género y lugar. ¿Qué estereotipo le ha pesado más?

—Todos y ninguno al mismo tiempo, en el sentido de que pertenezco a una generación en la que el no futuro estaba marcado en el contexto que me tocó vivir. Mi procedencia, y lo digo con orgullo, es de clase obrera, en el País Vasco, en un punto histórico muy truculento. Destacaría que pertenezco a una generación en la que nuestros padres intentaron hacer un mundo mejor para sus hijos. Ese mundo se traducía en trabajo. Es una herencia de la que me siento orgullosa porque soy una trabajadora nata. Trabajando es donde me sitúo.

¿Y cómo lo traslada a su obra?

—Hay una cuestión que también está implícita en una pieza de la exposición, que se titula Impostura, y remite a cuando te sientes una impostora, porque te ha tocado vivir un contexto que no te pertenece o que no te representa. El arte y la procedencia obrera eran como dos contrapuntos, al menos en mi entorno, que parecían contrariados. No me acerqué al arte pretendiendo vivir del arte, era una cuestión vital.

¿Se creía impostora por el elitismo que se le presupone al arte?

—Exactamente. Eso siempre ha estado muy presente. La cuestión logística, meramente logística, el no tener muchos medios a nivel material y físico, se ha filtrado en mi pensamiento. Me parece tan válido como cualquier otro punto de partida.

¿Y ha influido la losa del patriarcado en su labor?

—Muchísimo. En mi periodo de formación solo había presencia de hombres en el arte, había alguna excepción de mujer artista, pero en el País Vasco la presencia de nombres reconocidos eran de hombres. A eso hay que añadir que el lenguaje del arte, en ese momento, era un lenguaje de la prevalencia de lo físico. Siempre había como un discurso de que necesariamente, para expresarte, tenías que ser un sujeto muy seguro de ti mismo. En mi experiencia me he opuesto a eso porque siempre he necesitado buscar materiales que no eran los que oficialmente estaban establecidos. Ya no solo me refiero a materiales físicos, que también, sino a materiales internos, como tu vulnerabilidad, el ser consciente de que siempre te vas a hacer las mismas preguntas existenciales a las que vas a responder de diferente manera.

Desde la presentación de la exposición en el Centro de Arte Dos de Mayo de Madrid han pasado dos años y una pandemia que ha supuesto una fisura para todas las certezas. Siendo la vulnerabilidad uno de los 'leitmotiv' de su obra, ¿lo vivido en el último año obliga a nueva lectura de la muestra?

—Todo esto nos afecta a todos. Esa cosa de cuestionarte tu propia mortalidad y la de los demás, con el tiempo que estamos viviendo se ha encarnado a un nivel innombrable. Para trabajar necesito incluir una dosis de intensidad brutal porque si no me impediría trabajar. El título de la exposición, que solapa cuestiones casi poéticas, del vacío, de la nada, de la experiencia como material, se ha convertido casi en hiperrealista. Las personas que no han visto la exposición pueden pensar que ese título está definiendo esta época. Eso también forma parte del arte, lo asumo. He intentado no excusarme en toda la tristeza que produce esta situación. Es inevitable que cuando haces una exposición esté impregnada del tiempo que te ha tocado vivir.

La pieza que da título a la exposición, y que ahora adquiere un significado literal, la realizó en 2009. Es una escultura que habla de la improductividad, un aspecto muy denostado en la pandemia. De hecho, en muchas ocasiones ha primado la economía sobre la salud.

—Eso en el arte está muy presente, sobre todo desde el 2000. Me gusta decir que el arte no ha cambiado, pero sí el mundo del arte. El mundo del arte exige al arte, ya desde hace veinte años, que tenga una consecuencia inmediata. Pero el arte es a largo plazo, no lo puedes prever. Me ha ocurrido ver una exposición de hace equis años y no darme cuenta de lo que ha supuesto hasta mucho tiempo después. La cuestión de la temporalidad, no solo a nivel artístico, sino también existencial, está dentro de la obra de arte contemporáneo.

¿Cómo imagina ahora las pistas de baile que refleja en su trabajo en las que tantas horas ha invertido?

—Uf, no te puedo responder a eso porque sería una falacia. Nunca he creído en las cosas ideales. Lo que podría decir es que me parece muy cruel cómo se está tratando a la juventud en estos momentos. Se está estigmatizando la juventud, como si fueran personas, en general, descabelladas, que las habrá, pero como hay mayores y jóvenes. Sin pretender hacer un alegato a favor de la juventud, creo que habría que ser conscientes de cómo la juventud es una época que permite iniciar muchas cosas que van a marcar tu vida, tu territorio, tu manera de sentir y pensar. Igual suena utópico. Pero creo que es bastante difícil ser joven en estos momentos.

En la exposición ahonda "en las ilusiones y expectativas frente a realizaciones y decepciones".

—Es lo que decía: no trabajas para conseguir un resultado final, aunque al final suceda a lo largo del tiempo. Trabajas para que eso te sirva como herramienta para enfrentarte a esos movimientos internos.

En una entrevista aseguró que no cree en la trayectoria ascendente del artista. Ahora que ha escrutado treinta años de su trabajo, ¿podría decir cuál fue su punto más álgido?

—Creo que ese concepto de trayectoria ascendente siempre ha sido un concepto muy masculino, el tratar al artista como genio. Alguien que empieza algo y termina en las alturas. Eso va en contra de mi manera de sentir. Necesito siempre enfrentarme a mis propios demonios y esos demonios no desaparecen. Las mejores obras son las que enseñan mejor esos demonios.

Sigue analizando lo mismo, haciéndose las mismas preguntas y esperando obtener otras respuestas.

—Es algo genérico. Si analizamos el arte, la música..., muchas disciplinas creativas, en el fondo podríamos decir que si lo remitimos a hacer una síntesis de algo siempre nos preguntamos sobre el amor y la muerte.

'Cabeza-Espiral-Agujero-Puño-Esperma-Nudo', una de sus obras expuestas, ha sido adquirida por el Museo de Bellas Artes de Bilbao.

—Sí, la adquirió en diciembre. Estoy contenta porque es una obra de esas que no salen todos los días, me representa muy bien en mi ciudad de origen. Es una obra de 2008 y literalmente brotó por la espalda, como si el arte te traicionara. Aunque no quisieras hacerlo el arte está ahí, brotando por la espalda a traición. Ahí, en esa pieza, está denotada esa monstruosidad. Es una obra que puede incomodar, aunque yo no lo pretenda.

El catálogo de la exposición cuenta con la aportación de Paul B. Preciado, uno de los pensadores contemporáneos más influyentes.

—Es importante a lo largo de tu vida encontrarte con buenos compañeros de viaje. Las relaciones son de muchos tipos en la vida de las personas, pero el arte provoca encuentros intensos donde puede haber un nivel de locución con una intensidad de fondo. Eso es una gran suerte.

"El mundo del arte exige al arte, ya desde hace veinte años, que tenga una consecuencia inmediata"

"Ese concepto de trayectoria ascendente siempre ha sido un concepto muy masculino, el tratar al artista de genio"

"El arte provoca encuentros intensos donde puede haber un nivel de locución con una intensidad de fondo"

"La cuestión logística, el no tener muchos medios a nivel material y físico, se ha filtrado en mi pensamiento"

"Siempre te vas a hacer las mismas preguntas existenciales a las que vas a responder de diferente forma"


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