bilbao. El guion se cumplió y Rammstein, ante más de 12.000 fans, una cifra nada desdeñable al ser su tercera visita en cuatro años, atronó el BEC con su lluvia de metal industrial, rabia, sexo explícito, fuego y pirotecnia.

Corre por ahí una biografía de Rammstein en castellano bajo el título de Sexo, sangre, metal y furia. Muy acertado, sí señor, tal y como se comprobó anoche en BEC, en un show de una hora y media de duración y que, como siempre con los alemanes, excedió de lo simplemente musical. Ya se comprobó desde el arranque, a las 22.05 horas, y entre un mar de móviles, con Ich tu dir weh, introducida por una batería monolítica acompañada de explosiones que se vieron coronadas por el descenso desde el "cielo" del BEC, en una plataforma y con un abrigo rosa y chillonamente glamuroso, del cantante del grupo, Till Lindemann.

El vocalista, rodeado por el resto de la banda, uniformada de negro sadomaso, se mostró tan hercúleo, en musculatura y voz gutural, como el propio repertorio de la banda, que fue siempre coreado por sus seguidores y que hizo un recorrido por los 16 años discográficos de la banda aunque se echaron en falta éxitos como Amerika o Mutter. En un escenario de pesadilla, oscuro y amenazante, el grupo fue a degüello, marcial y rabioso, con su mezcla apocalíptica de metal industrial, electrónica gruesa, secciones rítmicas con la fuerza de un martillo pilón y riffs metálicos cortantes como navajas de afeitar.

Con espacio solo para el lirismo en la interpretación a dúo, voz y piano, de Mein hertz brennt, el espectáculo incidió en aspectos violentos y sexuales -el micro usado como pene en Keine lust, los diversos juegos sádicos de Lill con el teclista y su posterior sodomización- y logró que el público casi levitara, entre trucos de pirotecnia y columnas de humo, con una metralleta que escupía fuego en Du hast, el número de la olla donde casi se abrasa el teclista, Flake Lorenz, o un bis imparable donde Sonne, Ich will y la final Pussy, con un cañón que lanzó espuma como si fuera esperma y que cubrió, felices, a los entregados fans, rendidos ante un eskerrik asko de despedida.