Se reivindica como un “entrañable perdedor”, pero el Festival de Cine Fantástico de Bilbao (FANT) le entrega esta noche el Premio FANTrobia, un reconocimiento a su debut en el largometraje, Luger. Tras una extensa trayectoria ligada al cortometraje y las series web —e incluso una breve aparición en Patria—, el polifacético Bruno Martín (Madrid, 1982) da el salto al formato largo con un thriller de periferia sobre la amistad y las segundas oportunidades: “una macarrada maravillosa” cargada de violencia, humor negro y peleas inspiradas en las que él mismo vivió en el madrileño barrio del Pilar. Eso sí, reconoce que la mayoría terminaron con más heridas que victorias. Quizá de ahí lo de “entrañable perdedor”.

Aterriza en Bilbao premiado con el FANTrobia 2026. ¿Cómo recibe este reconocimiento? 

Con muchísima ilusión y alegría, pero sobre todo con la satisfactoria sensación de haber llamado la atención a través del cine, que es mi pasión. No he sido precoz, pero me he rodeado de gente que me ha permitido sacar mi ópera prima adelante remando con todas sus fuerzas. Creo que eso es lo que ha llamado la atención para que me den ese reconocimiento. 

En el último Sitges, su filme Luger, que presenta hoy en Bilbao, también recibió el respaldo de la crítica. Si tuviera que resumir en un titular lo que va a encontrarse el espectador bilbaíno en pantalla, ¿cuál sería?

Una película con dos características: corta y divertida. Eso es lo que le pido yo a una película. Una macarrada maravillosa que habla de la amistad y de las segundas oportunidades. Como un Arma Letal pero hecha en Getafe. 

Le interesa mucho la redención como tema narrativo. ¿Por qué? 

Me enteré hace poco de lo que es el Ghosting. Y, hostia, me di cuenta de que yo ya he sufrido eso con un par de amigos, que desaparecieron de mi vida sin decirme por qué. He sido una persona que no ha tenido muchas segundas oportunidades en su vida. O no les han dado. No sé si es porque he caído mal, aunque soy un tío de puta madre. 

"Yo vengo del barrio del Pilar de Madrid y me he peleado muchas veces en la vida. Me he cansado mucho y era de los que recibía"

La crítica ha destacado su ritmo trepidante, además de ese tono fronterizo entre la violencia seca y el humor negro. ¿Cómo vivió ese ritmo frenético durante el rodaje?

Lo viví muy frenéticamente, muy angustiosamente, pero me lo pasé como un niño con zapatos nuevos.  

¿Y cómo se construye una secuencia de acción? La película tiene unas cuantas.

Me gustaría destacar la figura del productor ejecutivo: Raúl Cerezo. Estuvo desde el principio del proyecto. En una primera versión las secuencias de acción para unos guionistas primerizos con su ópera prima… Es imposible no ser un poco entusiastas y que esa secuencias no fueran un poco grandilocuentes. Cerezo nos puso los pies en la tierra y sacudió un poco el mantel, hacer una película con menos acción, pero con una violencia bien definida. En las peleas reales uno se hace daño, se cansa rápido. Los protagonistas se rompen los nudillos y reciben más hostias de las que dan. Me encantan estos entrañables perdedores. 

Cuénteme más… 

Estas secuencias se plantearon para ser realistas. No las queríamos coreografiadas, sino que se acercaran a algo más cercano a una pelea de barrio. Yo vengo del barrio del  Pilar de Madrid y me he peleado muchas veces en la vida. Me he cansado mucho y era de los que recibía. He querido reflejar eso en la película. 

"He dado muchos tumbos a lo largo de mi vida hasta encontrarme cómodo en la dirección"

Me deja de piedra. 

Yo soy un entrañable perdedor, por eso mis personajes son así. 

¿En qué directores o películas encontró inspiración durante el proceso?

Van desde Solo en casa, pasando por Robocop y Mentiras arriesgadas para terminar en Arma Letal o Reservoir Dogs, de Tarantino. Ahí hay un crisol increíble de culturas y géneros. 

Es un todoterreno: ha escrito, dirigido, montado e incluso interpretado un papel en la misma película. ¿Cómo se compaginan tantos roles?

Tengo una vocación muy pasional. En algunos casos, la gente tiene muy claro lo que quiere ser. Yo no, he dado muchos tumbos a lo largo de mi vida hasta encontrarme cómodo en la dirección. No sé si es lo que mejor se me da en el cine, porque siempre he sido montador. De eso vivo, de la pequeña productora que tengo con mi mujer, Irene Guerrero, también coproductora de la película. 

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"A nivel actoral, vivimos en un país endogámico; siempre vemos a los mismos actores en las superproducciones"

¿Es también el precio a pagar por no contar con el respaldo de una gran productora? El cine independiente sigue teniendo fama de precario.

Es precario. Tenemos una película humilde para la que he tenido lo justo y necesario. Cuando ya sabía el presupuesto, los días y los medios con los que íbamos a contar, adaptamos un poco el guion para no hacer nada que no estuviera fuera de nuestro alcance. Creo que llegamos al rodaje con los deberes muy bien hechos. Así debe de ser siempre. 

Además de cineasta, también es docente. Viendo a sus alumnos, ¿qué cree que le espera al cine de este género? ¿Hay relevo generacional?

Espero que haya un reloj generacional. Trabajo con 30 o 40 alumnos todos los años, y siempre voy haciendo cantera. Me voy fijando en actores y actrices todos los años, aunque, a nivel actoral, vivimos en un país endogámico; siempre tenemos a los mismos en las superproducciones. Hay un 93% de paro en una profesión con muchos actores. Das una patada a una piedra y salen mil, pero hay mucho género. No sé si la gente está cansada de ver siempre las mismas caras, lo que sí sé es que hay talento.