Bilbao
como la mayoría de las personas grandes, Iñaki García Ergüin es cercano, de trato sencillo y directo, además de tener un sentido del humor a veces pícaro, a veces socarrón. No en vano es muy inteligente y creativo y, "como todos los que somos mayores", ofrece numerosas cosas interesantes que contar. Al igual que sus cuadros, combina un halo bohemio y algo desgarbado con un punto de caballero antiguo. Y es que "soy un clásico", argumenta al hablar de sus referentes, como Velázquez, Goya, El Greco o Josep María Sert. Y su estudio está lleno de fotos suyas con Oteiza, Basterretxea, Manrique, Luis Iturri, Ardanza, Juan Carlos I... pero él no parece dar demasiada importancia a su carrera: "No me he parado a pensar si es un éxito vivir de lo que me gusta. Aunque con esta crisis tremenda me estoy dando cuenta de ello", reflexiona.
Pues sí, jovial y laborioso -"el día que pare de trabajar, adiós"-, García Ergüin disimula perfectamente sus 78 años, de los cuales lleva unos 64 pintando. Jorge Hierro le ha catalogado toda la obra y le ha hecho saltar a internet como ningún otro artista estatal, y ambos hablan de entre 5.500 y 6.000 pinturas a lo largo de su carrera, así como de 830 cuadros en sus estudios de Bilbao y Lanzarote y 2.000 obras menores (dibujos, esbozos...). El autor, bilbaino del lado de la ría de Iparragirre, desde donde veía los barcos y comía coco escondido en las gabarras en tiempos del hambre, verá hoy su mural sobre la villa vista desde el balcón de Artxanda, de 5,25 x 2,5 metros, en la sede de la BBK de Gran Vía 19, lugar en el que reposará a la vista de todo viandante por la arteria de la capital vizcaina, desde esta tarde.
Este trabajo, que Iñaki realizó en 2012, resume muy bien su espíritu expresionista, a la vez que refleja un Bilbao "como puerto de Castilla, cuando llegaban las lanas de Villasana hasta el puente de San Antón y circulaban hasta Brujas. Entonces eran solo senderos", evoca el autor, quien estudió minuciosamente "la mancha que es Bilbao desde Artxanda", para luego ir sumando detalles, con sus reconocibles brochazos -el puente de Buren, los museos, San Mamés, la claraboya de su estudio...-. Pero el guiño del pintor está en hacer trabajar a la imaginación: de lejos veremos esa "mancha", un espacio con verdor pero también con el tono carmín de garanza que tanto le caracteriza, para de cerca reconocer edificios y espacios emblemáticos.
abstracción "divertida" Ya Velázquez y Goya sugerían a través de manchas, recuerda García Ergüin, argumentando que, gracias a ellas "tú pones la cara, la cabeza, como quieras. Es una pintura más divertida, porque sugiere. La figuración auténtica viene a través de la abstracción. Eso es lo más bonito. Como en Las Meninas o los negros de Goya. Así la pintura no te puede aburrir", afirma con cara traviesa.
Y, con ese carmín de garanza tan presente en su obra, el veterano pintor muestra sus paletas, casi un cuadro suyo, en las que pasa del blanco a los amarillos, a los tierras, azules, negro... "El verde sale solo", recuerda, siempre evocando a Velázquez. Y, como el genial pintor sevillano, muestra un espejo isabelino en el que "veo los cuadros", encantado con la pátina antigua que cubre el reflejo de Artxanda, ofreciendo una luz privilegiada...
A Ergüin le encanta hablar de pintura, y le encanta pintar con todo. Usa los dedos, se vale de una espátula, emplea brochas gordas para dar generosos brochazos e incluso para aprovechar los pelos y recrear figuras algo fantasmagóricas... Su caballete está lleno de solera, con capas de pintura superpuestas. Incluso sus camisas son una paleta, y una de ellas está expuesta en el hotel Carlton, junto a obras suyas. Y en el Banco Guipuzcoano, un fresco con textura de "queso de Idiazabal". Le seducen mucho las texturas. En un estudio repleto de luz, una boina parisina reza tête de génie y una butaca de estilo nórdico sesentero lleva una dedicatoria del propio Oteiza. El karma artístico es inevitable allí.
Tras sus estudios como seminarista, en los años 50 fue discípulo de José Lorenzo Solís. En esa época Rafael Mentxaka le encargó sus pinturas de San Antón y la parroquia de San Vicente. Iñaki logró una beca para estudiar en la Universidad de Múnich, donde se impregnó del expresionismo de Kiefer, y a su regreso conformó el Grupo Emen, con Ibarrola y Uzelai. Su obra ha viajado por toda Europa, Estados Unidos... y suele saltar a Nueva Orleans, donde estuvo con José María Cundín, y de donde surgieron sus potentes pinturas sobre jazz.
Pero alguien a quien homenajea mucho Ergüin es a su fallecido amigo Luis Iturri. El director teatral le invitó a pintar la escenografía de Carmen, y con esa ópera "me repinté, tan goyesca, con borrones; fotografías abstractas que me gustan". Recuerda las telas amarillas de El barbero de Sevilla y, especialmente, la experiencia del Manon interpretado por María Bayo, con 32 grandes telas. "Iturri me hizo pintor a gran escala, sin querer", valora de aquella época esplendorosa, que a su muerte decayó, pues "Iturri era un liberal", como él, o como Ortiz Alfau, dice, pues "como pintor no eres parte de nada. No tengo carnet de ningún partido, ni se lo pido a mis clientes. Mi padre creía en el bilbainismo emprendedor, el del valor de irse a Terranova a cazar ballenas". Pero sus paisajes no son solo los vascos, de herri kirolak o de la ría de Bilbao, sino además de Castilla, Lanzarote -donde tanto dice relajarse, con su familia, antaño con Manrique-, de Toledo... "Hay que saber pasar de una paleta a otra para enriquecerse. Por ejemplo, Vázquez Díaz (onubense) caló como nadie los colores vascos. Más que Arteta o Zuloaga. Creían que era un pintor vasco. La diversidad enriquece", opina.
Aun así, casi pinta todo San Mamés cuando le pidieron varios cuadros desde Ibaigane. Y hay algo épico en ellos, como en sus cuadros taurinos, operísticos o de jazz. "Claro que pinto con pasión. Si no, el cuadro estaría cansado", entiende, y aunque dice tener mal la espalda, y su mujer Rosa Mari andar fastidiada, ambos emanan alegría vital. La que han heredado su hijo piloto, Iñaki, y Virginia, la pintora. Cuyo vástago Ignacio también mezcla ya colores con acierto en el estudio del aitite...
Con una larga trayectoria y laureado, García Ergüin sigue exponiendo y creando. Un conjunto de 5 tablas ensambladas casi asaltarán la vista de todos los que pasen junto a la Sala BBK de Gran Vía, a partir de esta tarde. Su homenaje a Bilbao.