Bilbao - Uno de los grandes divos del cine Europeo busca localizaciones en Bizkaia para su próximo proyecto: Peli, Txomin, Jon y otros pelotaris del montón. El director manchego se quita unas enormes gafas de sol, bajo las que lleva las graduadas, y explica la trama con su peculiar manera de hablar. “Es un chico, hijo de un militar represaliado de la República, que se escapa del seminario para desarrollar su pasión por la pelota a mano; pero entonces conoce a un transformista, bombero de la Diputación de día, que trabaja en un local de la calle Dos de Mayo; y todo se complica porque Penélope Cruz, que es una hermana secreta del seminarista, se lía con un príncipe saudí, amante de la acupuntura y el sexo tántrico, interpretado por Raphael”.

¿Está conforme con las localizaciones que ha podido supervisar?

-Me encanta Bizkaia. Es todo tan verde. Sois todos tan altos por aquí. Hay tantos frontones. Fíjate que pienso que el frontón es una metáfora del espacio vacío, y la pelota no deja de ser un punto móvil que busca su posicionamiento sin descanso en un inmenso eje de coordenadas y abscisas. Creo que esta idea tiene su propio potencial y que la desarrollaré en un documental de dibujos animados al que pondrán voz Banderas y Karlos Arguiñano. Algo con planos muy picaditos, con mucho color, chas-chas-chas ¿Cómo lo ves?

Lo que usted diga. Alcanzó gran reconocimiento por retratar el Madrid de los años ochenta ¿pretende hacer lo mismo con la Euskadi de este tiempo?

-Es eso precisamente lo que quiero con Peli, Txomin, Jon y otros pelotaris del montón. Los vascos habéis sido siempre tan vuestros, tan de cortar troncos, bailar aurreskus y todo eso, que el cine se ha quedado en la superficie, sin retratar la esencia. Airbag, por ejemplo, me gusta mucho, aunque creo que se pasa de realista.

Además de en frontones y el seminario ¿rodará por las calles de Bilbao?

-Por supuesto. Bilbao me pone la carne trémula. Cuando queda entre tinieblas se convierte en un laberinto de pasiones en el que suenan tacones lejanos. Vosotros debéis saberlo. Pienso rodar unas escenas muy dramáticas en el funicular de Artxanda, con uno de los pelotaris saltando de vagón en vagón mientras que Raphael le dispara desde un helicóptero a causa de un desengaño. Después van juntos a un txoko de Deusto a comer cocochas rebozadas, porque el pelotari es un gran cocinero.

Pues contrate buenos especialistas de acción: el funicular tiene solo un vagón.

-Aaaay madre, menudo fallo de documentación. Tendremos que arreglarlo en posproducción. O cambiar el guion. Lo que salga más económico. ¿Mejor el tren de Lezama?

O el Puente de Portugalete. Usted verá. ¿Qué tal su experiencia como presidente del jurado del Festival de Cannes?

-Pues no sé qué decirte. Es un reconocimiento y un honor. Pero son gente tan estirada que te da grima. Y muy franceses. Empiezan que si la semiótica, que si en los Cahiers du Cinéma decían no sé qué, que si el plano secuencia... Resultan cansinos y un poco pedantes . Y, ojo, que si por ellos fuera le darían todos los años algún premio a François Truffaut, eso que falleció en 1984. Al final, tienes que imponerte en las deliberaciones con un “gana esta peli porque lo decimos yo, la Virgen de la Cabeza, san Judas Tadeo y el Jesús de Medinaceli”. Y no lo entienden, los franceses no lo entienden. Es otra cultura. Fíjate que a la tortilla le llaman omelette. ¿Te parece normal?

Entre otros, ha ganado dos Oscar, los Bafta, Globos de Oro, premio de Cannes, César y muchos Goya a lo largo de su carrera. ¿Cuál le ha hecho más ilusión?

-Es difícil decidirse. Hombre, los Oscar son los Oscar. Pero lo que realmente quiero es salir a recoger un premio, el que sea, y que me dejen hablar hasta quedarme a gusto. Tienen la costumbre de darte un par de minutos y zas, suben la música y salen unos compañeros, o los guardias de seguridad, a bajarte del escenario. Soy de familia numerosa, y una persona agradecida. Además, he vivido en Calzada de Calatrava, en Madrigalejo, en Cáceres, en Poleñino, en Madrid? ¿Sabes a la cantidad de gente a la que tengo que mandar recuerdos? No me he quedado satisfecho nunca. Me sabe mal.

Pronto estrenará ‘Dolor y floria’. Y ya está embarcado de lleno en ‘Peli, Txomin y Jon y otros pelotaris del montón’. ¿Qué película le resta por rodar?

-Una versión actualizada del Quijote. Llevo años tras ese objetivo. Don Quijote y Sancho recorren La Mancha de hoy en día montados en una Vespa y un patinete eléctrico. Y en su viaje se hallan con Joaquín Reyes, Ernesto Sevilla y Julián López, pelean con unos técnicos de los aerogeneradores de Iberdrola y un montón de cosas más.

¿Y Dulcinea?

-Estaba pensando en Dolores de Cospedal, que ahora tiene tiempo libre.’