El callejón de las botxerías

Bidebarrieta Kulturgunea invoca a las letras oyendo a escritores como Pablo Barrio, José Ignacio Ceberio y Manuel Septien

10.06.2021 | 01:02

FUE una tarde soleada en la que llovió literatura sobre toda la ciudad, como si se precipitase una tormenta de letras sobre nuestras cabezas. El diluvio lo trajo el viento del norte de la Feria del Libro, donde Asier Muniategi ejerce de meteorólogo, desplazándose de un lado al otro, atento a los cielos y a la presencia de hombres y mujeres entregados al oficio de escribir para que nada le faltase a nadie, como si fuese uno de esos directores de hotel o capitanes de barco que siempre saben qué hacer, cuándo y dónde. Asier tiene un don: ama lo que hace. Y cuando uno se entrega a una pasión siempre se nota.

Entremos en el ojo del huracán. Por ejemplo, la Biblioteca de Bidebarrieta acogió un tres en uno literario. Con Félix Linares como maestro de ceremonias y dinamizador del triple salto se vivió la presentación de tres obras literarias. Los autores José Ignacio Ceberio, Manuel Septien Ortiz y Pablo Barrio presentaron Los collares eléctricos, Las dos vidas de Martín de Munibe y El sitio del fin del mundo en un encuentro donde cupo de todo, casi como en la caja de un mago o en un cesto de costuras. Les adelanto algo de lo vivido.

José Ignacio Ceberio es un diseñador gráfico nacido en Bilbao, que ha escrito el libro de cuentos Zumo de ciprés y ganado, entre otros premios, el primer Certamen Internacional de Microrrelatos Grupo Prisa. En su novela Los collares eléctricos destila un humor melancólico, "quizá porque solo con mucho humor pueda sobrellevar el protagonista las dudas que lo acompañan", según dice.

Manuel Septien Ortiz es profesor de instituto en Gasteiz y como novelista ha publicado Nubes de tiza y Aquella temporada en el invierno. Ayer desempaquetaba su tercera creación, Las dos vidas de Martín de Munibe. Esta novela da cuenta de las aventuras y desventuras de Martín de Munibe, alias Thomas de Toulouse, contrabandista de libros prohibidos y fugitivo de la Inquisición. Libros prohibidos por su naturaleza subversiva y herética, pero también por ser eróticos. Imagínense el universo que recrea.

Pablo Barrio siempre tuvo la tentación de escribir y tras cumplir 40 años, se dijo a sí mismo: "Ahora o nunca". Ganó el premio Toribio Altzaga en 2003 con la obra teatral Ama, hor al zaude? y ayer presentó El sitio del fin del mundo, una fábula libertaria repleta de humor que "bebe del mito romántico que ve en el pirata, en este caso, en la pirata, no a un malhechor, sino a alguien que se rebela contra las normas establecidas por los poderosos".

Testigos de semejante despliegue, a la cita no faltaron Janire García, el presidente de la Asociación de Libreros, Kepa Torrealdai;Ana Santos, el abogado Iñigo Agirre, Josebe Ormazuri, embajadora de Elkar; Florentino Berlanga, Mariví Gana, Lourdes Agirre Bilbao, Josefa Toirán Docampo, Sagrario Laviña, Josebe Pérez de Loza, Miren Uribe y Eduardo García entre otros.

Casi al tiempo, en la carpa de El Arenal Ander Izagirre presentaba su original novela titulada Cómo ganar el Giro bebiendo sangre de buey (con ese título ya pueden imaginarse la locura que se desata...), de la mano de la escritora Txani Rodríguez. Lo siguieron de cerca el fotógrafo Santi Yániz, Begoña Madariaga o Karlos Uribe, entre otros, mientras Juan Infante firmaba libros en el estandde la librería Etxean, donde Fernando Fernández ejerce de druida. Tras Ander pasó bajó la carpa la escritora Rosa Ribas con una novela negra titulada Los buenos hijos a la que dio mecha para el despegue otro escritor, Félix G. Modroño, quien habló de la familia Hernández y su agencia de detectives. ¿Les parece suficiente? Por la mañana se presentó el libro de Gregorio ArrienAuzo ikastolak/Las escuelas de barriada, con Ander Manterola e Iñaki Goiogana,como testigos. Lo que les dije, ayer llovió a cántaros sobre Bilbao. Una lluvia de letras.

Bidebarrieta Kulturgunea invoca a las letras oyendo a escritores como Pablo Barrio, José Ignacio Ceberio y Manuel Septien

El cinematográfico Félix Linares fue el encargado de llevar las riendas de una tarde en la que espolvoreó la literatura por Bilbao

 
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