Cuando llegan las ‘no vacaciones’ algo se desata en la conducta y el comportamiento humano. “En niños más pequeños el impacto suele ser más inmediato y concreto, extrañan a sus amigos, mientras que en adolescentes se vuelve más existencial y toca la identidad”, ilustra Laura Montero, psicóloga adscrita al Colegio Oficial de Psicología de Bizkaia (COPBi), quien comparte una lección de vida: “Recuerda que lo que ves de los demás es solo una parte muy pequeña de su realidad. Nadie publica lo que le aburre, lo que le preocupa o lo que le duele”

¿Cómo puede afectar a un niño o adolescente ver que sus amigos se van de viaje y él o ella no?

Puede tener un impacto emocional significativo, especialmente en la adolescencia, que es una etapa donde el grupo de iguales se convierte en el espejo en el que uno se mira. Ver que los demás "se van de viaje" activa con frecuencia un mecanismo de comparación muy doloroso: el niño o adolescente no solo siente que se queda sin planes, sino que empieza a preguntarse qué dice eso de él o de su familia. Puede surgir una sensación de inferioridad, de que "algo va mal conmigo o en mi familia".

¿Qué emociones suelen aparecer en estos casos? ¿Tristeza, enfado, sensación de exclusión…?

Todas esas, y alguna más, incluso muchas veces mezcladas. La tristeza suele ser la primera en aparecer, pero rápidamente se acompaña de enfado a veces dirigido a los padres, que son los más cercanos; envidia, vergüenza y una sensación muy particular de exclusión aunque nadie los haya excluido deliberadamente. También puede haber aburrimiento que amplifica todo lo anterior, y en algunos casos ansiedad social anticipatoria.

¿Y eso es?

“¿Qué voy a contar cuando vuelvan?”, “¿Qué voy a decir si me preguntan?”...

¿Las redes sociales pueden agravar esta sensación?

Sin ninguna duda, y de forma considerable. El problema no es solo ver las fotos bonitas de los demás, sino la narrativa que el adolescente construye a partir de ellas: "Ellos son felices. Yo no. Ellos tienen vidas mejores. La mía no vale."

Ya…

Es una comparación completamente sesgada. Tenemos que recordarles que nadie sube su aburrimiento ni sus conflictos familiares en vacaciones, pero para un adolescente emocionalmente vulnerable, eso no es visible. Sería recomendable hacer pausas activas de redes durante esos períodos, no como castigo, sino como higiene emocional.

La psicóloga Laura Montero apunta que "el problema es que hemos construido socialmente la idea de que las 'vacaciones buenas' son las que se pueden enseñar. Pero el descanso real es interior". Oskar González

¿Cómo pueden los padres acompañar emocionalmente a sus hijos sin forzarles a “estar bien”?

Esta es una de las claves más importantes. Lo primero es validar, no minimizar. Frases como “no es para tanto” o “ya lo pasarás bien aquí” tienen buena intención pero cortan el proceso emocional. Lo que el niño o adolescente necesita escuchar es: “Es normal que te sientas así. Es normal echar de menos a tus amigos”. Después viene el acompañamiento, que no es resolver ni entretener a toda costa, sino estar presentes. Los padres tampoco deben cargar con una culpa excesiva si no pueden irse de viaje. Esa culpa se transmite y el hijo la absorbe.

¿Puede esa sensación de quedarse fuera afectar a las amistades cuando los demás regresan de vacaciones?

Sí puede ocurrir, sobre todo si el adolescente ha pasado ese tiempo sintiéndose excluido y acumula resentimiento sin haberlo procesado. Cuando los amigos vuelven llenos de experiencias compartidas como bromas, recuerdos, fotos… puede haber una distancia momentánea que resulta dolorosa. La clave es trabajar con ellos antes de que eso ocurra: que sepan que esa incomodidad es temporal, no significa que la amistad esté rota y sobre todo que no lo tomen con envidia ni hagan sentir mal al otro por esa experiencia que ha vivido.

“Los padres tampoco deben cargar con una culpa excesiva si no pueden irse de viaje. Esa culpa se transmite y el hijo la absorbe”

¿Es recomendable animarles a mantenerse en contacto o puede ser contraproducente?

Depende del tipo de contacto. Mandar un mensaje de vez en cuando, compartir algo gracioso, preguntar cómo están... eso es sano y mantiene el vínculo. Lo que puede ser contraproducente es seguir compulsivamente sus publicaciones o pedirles fotos de todo lo que hacen. El contacto que nutre es el que va en las dos direcciones, no el que se convierte en un ejercicio de espectador del otro, ya que puede alimentar la envidia.

¿Qué errores suelen cometer las familias al intentar compensar el no irse de vacaciones?

El más frecuente es intentar compensar materialmente: compras, caprichos, planes acelerados... que en el fondo transmiten que hay algo que compensar, es decir, que la situación es un problema. Otro error es negar la realidad: "Qué suerte tenemos, estamos tan bien aquí" cuando el niño claramente no lo siente así. Y también el exceso de actividades sin dejar espacio para el aburrimiento o el reposo. Muchas veces la clave está en estar más presentes.

La psicóloga Laura Montero. Oskar González

¿Es buena idea intentar llenar todo el tiempo con planes o puede ser contraproducente?

Puede ser contraproducente si se hace desde la evitación. Si llenamos el tiempo para no sentir, el malestar no desaparece, solo se pospone. Lo que sí ayuda es tener un equilibrio: planes que hagan ilusión y significado pero también espacio para el descanso y el procesamiento emocional. No todo tiene que ser productivo ni entretenido. El tiempo vacío también tiene valor.

¿Cómo se puede aprender a disfrutar del tiempo a solas sin que se convierta en soledad negativa?

Primero tenemos que diferenciar entre la soledad elegida y la soledad impuesta, ya que van a generar emociones diferentes. En el caso de la impuesta se puede ayudar al niño o adolescente a descubrir actividades que disfruta genuinamente solo: leer, dibujar, escuchar música, explorar algo nuevo. Cuando el tiempo a solas empieza a asociarse con placer en lugar de con abandono, cambia todo. Es un aprendizaje que, además, les va a servir toda la vida.

¿Puede la soledad en vacaciones hacernos replantear nuestras relaciones personales o nuestro estilo de vida?

Absolutamente, y de hecho esto puede ser muy positivo. Aquello que nos incomoda muchas veces es la señal de que algo necesita atención. Puede ser que las relaciones que tenemos no sean tan profundas como creíamos, o que nuestra forma de relacionarnos con los demás depende demasiado de los planes externos. Las vacaciones, paradójicamente, pueden ser un momento de revisión muy honesta de quiénes somos y con quién queremos estar.

¿Qué le diría a alguien que siente vergüenza por reconocer que se siente solo en vacaciones?

Le diría que la vergüenza que siente es la prueba de que vive en una cultura que romantiza la hiperconexión y penaliza la soledad. Pero sentirse solo no es un fracaso, es una señal humana completamente normal. Reconocerlo, incluso ante uno mismo, es un acto de valentía y de honestidad. Y compartirlo con alguien de confianza puede ser el primer paso para que deje de pesar tanto. En realidad, no hay nada de lo que avergonzarse.