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El Puente Bizkaia hace arte con ruedas antiguas de su carro

Creadores locales intervienen seis piezas para dar forma a una exposición ubicada en la pasarela

El Puente Bizkaia hace arte con ruedas antiguas de su carroP. B.

La poliédrica cara del Puente Bizkaia, con base de hierro y reflejos monumentales, industriales, patrimoniales, comunicativos y culturales se constata, una vez más, con una nueva exposición artística. Se encuentra allí arriba, a 45 metros de altura en pleamar, en la pasarela, desde donde el cielo es una panorámica. Allí, por lo tanto, lucen las seis composiciones que integran esta muestra, muy singular, muy personal, que nace del propio Puente, de sus entrañas, así, literalmente. Y es que media docena de antiguas ruedas que formaban parte del carro del transbordador han sido decoradas con la mano y la mente creativa de artistas locales.

“Esta iniciativa pone en valor piezas históricas del Puente desde una mirada artística, reforzando el compromiso del Puente Bizkaia con la conservación del patrimonio industrial, la difusión cultural y el diálogo entre historia y creación actual”, destacan desde la gerencia. El carro también está en las alturas; abajo, la barquilla cuelga de él. El de ahora tiene 36 ruedas para 25 metros de longitud. Data de 1999 y dispone de doce motores eléctricos. Es decir, el carro es el responsable de que la barquilla se mueva de un lado a otro, de Portugalete a Las Arenas; de Las Arenas a Portugalete. 90 segundos de viaje y cambio de orilla. Pues hoy por hoy, ruedas de un carro antecesor ejercen un papel muy distinto para ser el alma de esta exposición. Los antiguos discos se transforman, de esta manera, en lienzos únicos que llevan la firma de artistas como Amaya Fernández Fariza o Pablo Zabala o el sello de Arte Barria. Cuadros en redondo y con dimensión. El arte adopta formas insospechadas para sorprender y cautivar. “La exposición está compuesta por seis antiguas ruedas que formaban parte del carro del Puente Bizkaia, elementos originales de su maquinaria histórica que han sido intervenidos artísticamente, dotándolos de una nueva vida a través del color, la creatividad y la reinterpretación contemporánea”, valoran los gestores del monumento.

En el paisaje

Así que las ruedas se entremezclan entre la madera y el verde de la pasarela y, sobre todo, entre el hierro de la estructura rojiza del Puente y toda la espectacularidad de las vistas. “La exposición está concebida para el disfrute tanto de visitantes como de la ciudadanía, e integrada de manera natural en el recorrido”, señalan sus responsables. Quienes han toqueteado las ruedas antiguas han imprimido en ellas colores, flores y hasta peces. Todo, por razones sugerentes y evocadoras para una muestra que salta a los aires mientras unos turistas admiran el Puente desde lo alto o mientras, debajo de sus pies, decenas y decenas de personas pasan en la barquilla a lo largo de un día. “Mi creación simboliza lo que va a ser el futuro, en contraste con el pasado del que fue testigo el Puente: con gris, humo, óxido... Vamos hacia el color y la naturaleza viva, hacia la pureza del aire y del agua”, reflexiona Amaya Fernández Fariza. Por eso, sus piezas son tan alegres, coloristas y florales. “Yo me he inspirado en la ría y en el giro de la rueda y luego he metido a las sardineras y los pescadores”, explican desde el estudio Arte Barria. “Yo he aprovechado para jugar con el propio color del material, conservándolo en algunas zonas de la rueda, y luego lo he juntado con azules y verdes, los colores de la ría”, indica, por su parte, Pablo Zabala.