En Bilbao también hay jóvenes bajo el capirote: así viven la Semana Santa
Tres jóvenes cofrades cuentan a DEIA cómo viven "la semana más especial del año"
No viajan en Semana Santa: la viven desde dentro. Mientras otros jóvenes aprovechan sus días de descanso, ellos desempolvan el hábito, afinan los instrumentos y revisan los pasos. No lo entienden como un espectáculo, sino como una forma de identidad. Cuando llega el momento, se ajustan el capirote y desaparecen bajo él. Así transcurren estos días para tres jóvenes cofrades que cuentan a Deia cómo viven la semana “más especial del año”.
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Es lunes, 30 de marzo. El reloj roza la una del mediodía y una lluvia fina cala a los viandantes casi sin que lo perciban. En la calle Iturribide apenas hay tránsito. Dentro del Museo de Pasos, en cambio, la actividad es constante: un grupo de mujeres ayuda a colocar flores sobre uno de los pasos. Mientras, otros cofrades atienden llamadas, organizan calendarios y ajustan horarios al milímetro. Allí se encuentran Álex Jaureguibeitia, Javier Marcos y Estitxu Payesa.
Para los tres, la Semana Santa es “la más especial del año”. Casi como si corriese por sus venas: “Empecé con cuatro años, porque mi padre era cofrade de la Merced. Me llevó desde pequeño y yo salía el domingo, en la procesión de los niños, y el martes, en la nuestra. Con el tiempo me fue gustando cada vez más y quise implicarme más”, explica Álex. A sus 19 años, despeja el calendario y viaja desde Inglaterra —donde estudia Ingeniería Aeroespacial— para poder vestir el hábito y salir en procesión por las calles de Bilbao. “Al final, estás todo el año esperando a que llegue el momento”, asegura.
Una semana "de no parar"
Javier Marcos, integrante de la Junta de Gobierno de la Cofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno, coincide. Se levanta con la cabeza ya en marcha, repasando todo lo que queda por hacer: preparar el paso, subirlo, coordinarlo todo. “Es un no parar”. Y, sin embargo, es precisamente ese ritmo lo que les sostiene. Para estos jóvenes no hay tarea lo suficientemente ardua ni jornadas demasiado largas. En cambio, hablan de compromiso, compañerismo y responsabilidad. “Me toca ser jefe de tambores. Me ocupo de que todo esté en orden: hacer la alineación, comprobar que cada uno tenga su tambor y que esté afinado, y recibir a la gente cuando llega”.
Así transcurre una mañana cualquiera de esta semana para Álex, que no abandona la sede sin revisar junto a sus compañeros hasta el último detalle. Después, por fin, llega el momento de salir a la calle, con el capirote bien ajustado.
Tanto Álex como Javier no podrían imaginarse su vida sin el universo que rodea a la Semana Santa, porque siempre la han vivido desde dentro. Estitxu, por su lado, lleva apenas dos años como cofrade: “Empecé porque siempre me han gustado las procesiones. Desde pequeña venía con mi abuela los domingos de Ramos y me llamaba mucho la atención. Mis tíos empezaron un poco antes que yo en la banda y, sin tener ningún instrumento, me presenté y comencé a tocar el tambor”, explica la cofrade, que también afirma vivir la fe con intensidad.
Los jóvenes, más creyentes
No es la única. Una encuesta del CIS publicada en 2025 pone de relieve que el 37% de los jóvenes del Estado de entre 18 y 24 años se declara creyente, lo que supone un incremento de ocho puntos respecto a los resultados obtenidos en un estudio similar realizado en 2020. Los cofrades que participan en este reportaje se encuentran entre ese casi 40% de chavales que se declaran religiosos, un término sobre el que pesa cierto estigma, según señala Javier. En cualquier caso, prefiere centrarse en qué es, para él, ser católico. A grandes rasgos, dice que se resume en ayudar “a cualquiera que lo necesite”.
“Al final, esto va de amor: de querer a la gente y de ayudar a quien lo necesite. A veces sólo consiste en hablar con alguien, dentro o fuera de la cofradía, escucharle y echarle una mano. De eso va todo”, añade Álex. En esa línea, Estitxu recuerda que no existe una única manera de vivir la fe, pero hace especial hincapié en valores como el compañerismo. Ella, que trabaja en una residencia de ancianos, sabe que “a veces, simplemente con hablar con ellos, escucharlos y acompañarlos, estás haciendo muchísimo”.
Todos estos valores, coinciden los tres cofrades, son también válidos para explicar cómo entienden el significado de Dios, que para Álex es “el creador de todo y el mayor ejemplo de amor”. “Si existe el amor es gracias a Dios”, subraya. Pero Dios, puntualiza Javier, puede guardar muchos significados. Para Estitxu, por ejemplo, es un apoyo fundamental. “Cuando estás bien, cuando estás mal, para pedir algo que te importa o necesitas… en ese sentido, para mí es fundamental”, insiste.
De 'Los Domingos' a Rosalía
Dios como apoyo. Dios como proveedor de amor. Dios como creador de todo. Estas son algunas de las ideas en torno a las que se articulan la películaLos Domingos, de Aluda Ruiz de Azúa, y Lux, el último trabajo de Rosalía. Ambas creaciones , valora la crítica, muestran cómo la iconografía religiosa y los mensajes vinculados a ella experimentan un renacimiento en la cultura pop.
Para Álex, resulta curioso ver cómo una presencia destacada de la religión en productos culturales acerca “a tanta gente joven” a la iglesia y a las cofradías. “Me llama mucho la atención y me alegra. Películas como esta o fenómenos como Rosalía triunfan, y al final no es casualidad: la gente está interesada, participa y se involucra”, celebra.
Por su parte, Javier considera que estos fenómenos son necesarios, porque es consciente de la influencia que poseen las superestrellas y de cómo un mensaje en contra puede determinar la opinión de millones de seguidores. “Pero si una artista, como Rosalía, decide sacar un álbum con valores católicos y poner en valor la religión, me parece una excelente idea”, añade el cofrade del Nazareno.
Un sector de la cultura, no obstante, vincula el éxito de productos culturales con la religión como leitmotiv con el auge de ideas políticas de extrema derecha. Los cofrades, por su lado, restan importancia a esta lectura y recalcan que en las organizaciones que representan hay cabida para personas de toda inclinación política. “La religión y los hermanos Santos no entienden de política: no son ni de izquierdas ni de derechas. Esto va de amor, y el amor es de todos”, subraya Álex.
En esa línea, concreta que las diferentes cofradías de Bilbao se definen por su diversidad. En ellas participan “desde gente con títulos nobiliarios hasta quienes vienen a los ensayos con uniforme de obrero”. Apostilla que incluso hay cofrades LGTBI, ya que estas organizaciones son lugares en las que muchas personas de este colectivo “se han sentido acogidas”, en su opinión.
Precisamente, eso es lo que buscan las cofradías: ser un espacio abierto donde sentirse parte de algo más grande y, al menos en Bilbao, parece que están consiguiéndolo: “Cada año vemos que hay más alevines, chavales que vienen de las catequesis y que están a punto de hacer la primera comunión”, señala Javier. Así, todo apunta a que hay relevo generacional bajo el capirote. La continuidad, afirman los cofrades, está más que asegurada.