El proyecto del Plan Territorial Ciclable de Bizkaia para conectar peatonal y ciclísticamente ambos márgenes de la ría encara una de sus fases más críticas con el traslado y montaje de sus estructuras metálicas. La pasarela All Iron, que unirá Barakaldo y Erandio a través de una infraestructura accesible, segura e inclusiva, destaca por un diseño en curva que supone un auténtico desafío fabril y exige tolerancias de fabricación milimétricas "propias de la relojería".
El Diputado Foral de Infraestructuras y Desarrollo Territorial, Carlos Alzaga, junto a responsables de la empresa fabricante Goros S. Coop. y de la empresa de ingeniería de diseño Arenas y Asociados, han detallado los titánicos retos técnicos de una obra que califican como un prototipo absoluto del que se construyen muy pocos en Europa.
Detalles técnicos
Con una longitud total de 352,2 metros y un ancho de 6 metros (divididos en 3 metros para la vía ciclista y 3 metros para la peatonal), la pasarela presenta una "triple complejidad" geométrica: es en curva en planta, tiene curvatura vertical para subir y bajar hacia las cotas de cada margen, y además cuenta con un vano central móvil de 60,2 metros.
Este tramo central funcionará como un puente giratorio accionado por tres motores eléctricos, lo que permitirá una apertura con una luz horizontal de 60 metros para que los barcos de transporte crucen la ría sin problemas, mientras que el tránsito diario de los barcos habituales quedará garantizado por debajo de la propia estructura sin necesidad de abrirla. Toda la estructura metálica se ha dividido en 10 grandes tramos, los cuales se han fraccionado a su vez en subtramos en el taller para facilitar su traslado y montaje.
Una fecha señalada
El primer gran hito visual se centrará en el tramo 10, que se montará el miércoles 27 de mayo en la zona de Erandio. A diferencia del resto de la pasarela, que se ensamblará en el agua mediante medios fluviales y pontonas, este tramo es el único que se colocará directamente desde tierra.
Debido a sus enormes dimensiones, se ha dividido en dos piezas independientes para ser trasladadas en vehículos especiales de madrugada en una operación coordinada con la Ertzaintza. La primera pieza corresponde al voladizo lateral, con 32 metros de longitud y 15 toneladas de peso, mientras que la segunda es un cajón metálico con el voladizo opuesto que alcanza las 50 toneladas de peso y 4,60 metros de ancho, lo que implicará que el ancho real de transporte en curva ronde los 8 metros. La maniobra de colocación exigirá el uso de dos grúas trabajando en una coordinación extrema de unas seis horas para encajar la pieza de forma milimétrica.
Durabilidad garantizada
Bajo la superficie transitable se esconde una densa red técnica, ya que la pasarela se compone de un cajón en artesa central de dimensiones muy reducidas (menos de un metro de canto) que aloja tuberías para conductos eléctricos, fibra óptica, sistemas de comunicación y los alojamientos para las luminarias encastradas.
Como la estructura metálica debe quedar estanca por dentro para garantizar su durabilidad, se fabrican pequeñas piezas manejables de dentro hacia afuera que luego se implementan en el conjunto grande. Esto obliga a los operarios a introducirse físicamente en el interior del cajón a través de trampillas de registro para terminar de conectar y soldar de forma continua todos los conductos en la fase de montaje. Asimismo, el mástil cónico de 9 metros ha supuesto otro gran reto fabril, obligando a recurrir a talleres de mecanizado avanzado y a procesos de fundición de piezas en Italia al combinar partes huecas con tramos macizos.
Punto crítico
El punto más crítico y delicado de toda la obra será el montaje y encaje perfecto de los dos tramos móviles centrales (los tramos 5 y 6). Al tratarse de una estructura asimétrica, los ingenieros recurrirán a una solución de contrapeso: llenar el vano corto con un hormigón pesado especial fabricado con árido siderúrgico para equilibrar el tramo y evitar que se fuercen los mecanismos de rotación.
Esta operación es tan compleja que exigirá una prueba previa de montaje en tierra con una pieza de sacrificio para verificar su comportamiento antes de trasladar las estructuras definitivas en pontonas por la ría.
Para la superficie de la plataforma por la que circularán los usuarios, y descartando problemas de deslizamiento, se empleará chapa de acero tratada con un micropavimento de resina y árido que proporcionará un acabado rugoso y seguro. Dado el nivel de calma y precisión milimétrica exigido, Carlos Alzaga ha evitado fijar una fecha exacta de inauguración, estimando que la finalidad de los trabajos se alargará "un año o más seguramente".