Hubo que esperar once años para ver al Surne Bilbao de nuevo en el play-off de la Liga Endesa contra el mismo rival que en la campaña 2014-15. El Valencia Basket está ahora entre los mejores equipos de Europa y quizás por ello el espectacular Roig Arena presentaba una gran entrada, pero sin apretar como en otros compromisos. El público taronja se ha acostumbrado a caviar del bueno y la visita de los hombres de negro les pudo parecer un compromiso de trámite. La televisión del club local echó un poco más atrás la máquina del tiempo para hacer un guiño a la historia de los dos equipos y entrevistó en los minutos previos a José Luis Maluenda, que jugó cinco temporadas en el Valencia, con el primer título de Copa en su palmarés, y dos en el Bilbao Basket, que fueron claves: la del primer ascenso desde la LEB y la primera en la ACB.

Con el balón en juego, quedó claro que los de Jaume Ponsarnau no han llegado a la lucha por el título pidiendo permiso y en la primera parte estuvieron a la altura de su talentoso rival. O más, porque nunca estuvieron por detrás en el marcador desde los ocho puntos consecutivos que anotó Normantas para abrir el partido. A partir de ahí, el Surne Bilbao se armó de confianza hasta el punto de que solo estuvo por detrás en el marcador durante cuatro minutos, pero fueron en los minutos finales para quedarse con una clara sensación de injusticia, de que algunas cosas no fueron normales. O sí, si se partía de la base de que los taronjas eran favoritos y de alguna manera había que dejarlo claro.

El conjunto bilbaino hizo un partido impecable en defensa, su plan rozó la perfección y hasta el descanso solo le faltó más acierto para abrir brecha. Eso llegó en la segunda parte. Tres triples de Bagayoko, Pantzar y Lazarevic pusieron la ventaja por encima de los diez puntos y dos aciertos seguidos de Petrasek invitaron a soñar con el 62-75 a 6:02 del final. Los partidos contra el Valencia son muy largos, siempre pasan muchas cosas. Pedro Martínez pidió un tiempo muerto y el choque cambió por completo. Sus jugadores elevaron el nivel de contactos y metieron todas las manos que les dejaron, que fueron muchas, y los hombres de negro se vieron totalmente frenados. Malos tiros y pérdidas de balón por falta de agresividad provocaron el caos que necesitaba el Valencia para remontar.

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Entonces, el público sí hizo su papel y, durante casi nueve minutos, a los taronjas no les señalaron ninguna falta, en un claro afán compensatorio que no era necesario. Pero los árbitros fueron a sancionar a 28 segundos una faltita dentro de la zona que perjudicó a los bilbainos porque anuló un triple de Jaworski para empatar. Previamente, había habido un mate de Pradilla en el que se colgó del aro antes de anotar, pero de forma leve, según dijeron los árbitros a Ponsarnau.

También concedieron la ley de la ventaja para no sancionar falta cuando el Surne Bilbao quería parar el reloj en los últimos segundos y, para colmo, cuando los visitantes podían tener un balón a la desesperada, apareció uno de los árbitros para devolver al campo un balón que salía por la línea de fondo. El caso es que en este cúmulo de despropósitos los vizcainos se llevaron una derrota dura, que en un play-off pesa tanto como si hubiera sido por mucha más diferencia. Miribilla mañana tiene ahora la palabra.