El Surne Bilbao se mantiene en la cresta de la ola y ni siquiera los problemas físicos -este sábado no pudo contar con Melwin Pantzar, probablemente su principal referente, cuya baja se unió a las de Stefan Lazarevic y Amar Sylla- consiguen que se baje de ella. El conjunto de Jaume Ponsarnau conquistó en la cancha del colista Coviran Granada y en la prórroga (84-88) su sexto triunfo seguido, cuatro en Liga Endesa y dos en Europa, a base de exprimir su maltrecha maquinaria. Sufrió de lo lindo en una pugna disputada en márgenes muy estrechos porque la ausencia de frescura física en su juego le impidió dominar a un rival que pese a su falta de éxitos volvió a vender muy cara su piel, pero logró salirse con la suya.
No hubo la contundencia de las últimas citas, pero sí una fe inquebrantable en hacer posible lo que parecía improbable. Y es que tras faltarle regularidad para poder consolidar sus rentas, la última considerable un 64-70 a nueve minutos del final, el conjunto vizcaino sobrevivió a un último cuarto en el que solo anotó una canasta en juego: un triple de Darrun Hilliard. Ni siquiera ese horrible 1 de 11, añadiendo además cinco fallos desde la línea de tiros libres, le descabalgó. Se las arregló para voltear el 76-71 a dos minutos y medio de la última bocina y llegó al tiempo extra después de que Justin Jaworski tuviera incluso un tiro de media distancia para ganar. Y en la prórroga, suerte baloncestística en la que no andaba lúcido en los últimos tiempos con siete derrotas seguidas, recuperó una versión algo más compacta sobre todo en defensa, con tres balones robados que fueron puro oro y, qué cosas, metiendo los seis últimos tiros libres cuando hasta entonces el balance era horripilante: 14 de 25.
Referentes
El conjunto vizcaino sufrió muchísimo en las cercanías del aro tanto en ataque, con Tryggvi Hlinason llamativamente fallón en la ejecución aunque brillante una vez más en el suministro, y sobre todo en defensa, concediendo la friolera de 17 rebotes ofensivos. Luka Bozic, imposible de defender al poste, y Jassel Pérez, con 25 y 22 puntos, fueron un gran quebradero de cabeza, pero en el Surne Bilbao la unión hizo la fuerza, con Jaworski como ejecutor con 25 puntos y buen acompañamiento de Hilliard, Margiris Normantas, Harald Frey y Martin Krampelj.
Igualdad
El Surne Bilbao le dio un buen arranque al partido (0-5), pero pronto se vio que lo de abrir brecha iba a ser imposible. Los anfitriones fue activando recursos e igualaron la cita (9-9) en un ecosistema demasiado desordenado. Incluso se pusieron por delante de la mano de Bozic y Pérez, pero los de Ponsarnau consiguieron cerrar el primer cuarto en ventaja (19-20) pese a desaprovechar una antideportiva -dos tiros libres fallados por Hlinason y pérdida de balón-.
Desorden
Pese al intercambio de golpes, el Granada amagó con llevar poco a poco el partido a su terreno porque merced a su juego directo se ganó muchos viajes a la línea de tiros libres y porque el Surne Bilbao apenas mostró recursos ofensivos más allá del tiro de tres, en el que tampoco estuvo en esos momentos especialmente acertado salvo Jaworski. Tampoco era que los anfitriones estuvieran demasiado lúcidos ni atinados. De hecho, Arturo Ruiz paró el partido con el 27-30 a 5:21 del descanso. Con los dos equipos intercambiando aciertos y errores, algunos de bulto, cualquier intento de demarraje quedaba abortado, por lo que el 38-43 con el que la contienda llegó a su ecuador suponía una muy buena noticia: era la mayor renta hasta el momento por parte de los dos equipos. Era el 47% desde más allá de la línea de 6,75 de los hombres de negro, 8 de 17, lo que marcaba diferencias a esas alturas de cita.
Irregularidad
Tras la reanudación, el conjunto vizcaino regresó fino en ataque. Esta circunstancia debió proporcionarle pista de despegue hacia una renta mayor que el 46-52, pero su trabajo debajo del aro no era bueno. Hlinason no se imponía en el aro rival y el cuidado del rebote defensivo era horrible, con cuatro capturas granadinas en cinco minutos para sumar otras tantas canastas en segundas oportunidades. El cuadro andaluz empató a 54 puntos antes de que Normantas y Hilliard volvieran a estirar el chicle desde el triple (54-60), pero seguía faltando contundencia para someter al rival. Ni los visitantes ponían pies en polvorosa ni los anfitriones volteaban el asunto, llegándose a los diez minutos finales con un 63-67.
Problemas y soluciones
El problema de los hombres de negro seguía siendo su falta de contundencia y frescura física y mental para dar la puntilla al rival. Con 64-70, Luke Petrasek falló un triple cómodo y Hlinason se dejó otros dos tiros libres y Pérez contestó con seis puntos seguidos, tres tiros libres y un dos más uno, para empatar a 70. A partir de ahí, todo el buen hacer de los visitantes en defensa quedó anulado por el tremendo desacierto en ataque, con malos lanzamientos y más fallos en los tiros libres. Demasiados puntos se quedaron por el camino y el 76-71 encendió las alarmas. Las apagó Hilliard con cinco puntos seguidos y la prórroga se convirtió en un mal menor. En ella, los visitantes estuvieron más enteros. Tras el 82-80, una penetración de Frey, seis tiros libres y una gran defensa aniquilaron al Granada.