La llamada de auxilio del Athletic en la última semana tuvo una respuesta positiva no solo en la grada, que bueno, importa un poco menos, pero también en el verde, que es donde realmente importa. Porque por mucho que la afición empuje si el equipo no responde... mal vamos. Sin ser una locura ni nada que no se haya vivido con anterioridad, la actitud de la grada y la de los futbolistas, en definitiva, la combinación de ambos factores, resultó suficiente para ganarle el derbi a Osasuna. Lo cual no es poco a estas alturas y en la situación de montaña rusa en la que vive el conjunto rojiblanco, más aún después de que desde el club se hubiera vendido una especie de apocalipsis tras la derrota frente al Villarreal.
El miedo, eso sí, se palpó en el ambiente y en los propios jugadores. No de inicio, pues habría resultado demoledor, pero sí en la práctica totalidad de la segunda mitad y, especialmente, en el tramo final del partido. Después de una primera parte aseada, sin grandes alharacas pero con solvencia en ambas áreas, lo que se tradujo en un gol a favor, obra de Gorka Guruzeta, quien vio puerta en liga por segundo encuentro consecutivo, y la tranquilidad con la que vivió Unai Simón ese primer acto, se pasó a un segundo tiempo en el que tocó ponerse el mono de trabajo.
La cifra
21
El Athletic puso fin en el partido ante Osasuna a una larguísima racha de partidos consecutivos encajando al menos un gol. El conjunto rojiblanco dejó su portería a cero por última vez ante el Ourense en la primera ronda de Copa y, cuatro meses y medio y 21 partidos después, pudo volver a repetirlo.
Tanto hablar de final a lo largo de la última semana, tanto ruido alrededor del equipo y tantos mensajes negativos… que hasta resultó lógico que los futbolistas del Athletic se contagiaran de ello. El fútbol desapareció por completo de las piernas de los rojiblancos, que dieron por buena esa mínima ventaja y se dedicaron a defender el marcador. A diferencia de otras ocasiones se permitieron hasta el lujo de dejar la portería a cero, lo que no sucedía desde diciembre, desde aquella primera eliminatoria de Copa ante el Ourense. Después de 21 partidos seguidos recibiendo al menos un gol, Simón se puso el traje de superhéroe para poner fin a esa mala racha. Y eso que el equipo disputó todo el descuento, ocho minutos, con un jugador menos tras la más que evitable expulsión de Mikel Jauregizar.
Así, con enormes dosis de sufrimiento, fruto de su propia incapacidad y de algún que otro regalo en forma de penalti en contra, atajado por Simón, que dejó después otra intervención de enorme mérito también a remate de Ante Budimir, como en el penalti, el Athletic dijo adiós al fantasma del descenso. Suma ya 41 puntos y con 18 en juego únicamente tendrá que sumar uno para mantener la categoría. Eso sí, con su triunfo en el derbi ante Osasuna se mete de lleno en la pelea por los puestos europeos. Cosas de una liga extraña cuando menos, que permite situaciones como estas a falta de solo seis jornadas.
Eso sí, aunque solo sea para acabar la temporada con dignidad, toda vez que ya no da para hacer “un gran año”, parafraseando a Mikel González, más vale que no se repita lo vivido en la segunda mitad del choque ante el conjunto rojillo.
Aunque este Athletic ha venido ofreciendo un rendimiento muy irregular a lo largo del curso, ocho meses después de que arrancara la temporada sigue pecando de los mismos problemas: su inconsistencia. No termina de hacer un partido redondo, lo que en muchas ocasiones se ha traducido en derrotas, aunque este martes, bajo un horrible bochorno, logró un triunfo vital.
Y como quiera que somos de Bilbao, o de cerca, habrá que adueñarse del espíritu positivo de Yuri Berchiche y pensar que después de los tres puntos sumados ante Osasuna llegarán otro buen puñado de ellos de aquí a final de temporada. Ya lo manifestó el lateral, que es optimista por naturaleza y no renuncia a entrar en Europa. Como diría Kendall, “UEFA posible”. O Conference League. Qué más da.