El silencio impera en el Athletic desde la finalización de la temporada 2025-26. Nada ha trascendido en torno al futuro del primer equipo, salvo que Edin Terzic tomará el testigo de Ernesto Valverde y que uno de los capitanes, Iñigo Lekue, cuelga las botas. Hace justo un mes que se hizo oficial la captación del entrenador alemán por parte de la directiva de Jon Uriarte; luego, hubo que afrontar las cuatro últimas jornadas de liga, una montaña rusa donde se pasó a toda velocidad de refrescar el sueño de Europa a mirar con inquietud alrededor ante la incapacidad propia de asegurar la permanencia con la deseable holgura. Superado el mal trago, el tiempo transcurre lento, la semana entrante será el turno de escuchar el balance anual a cargo del presidente y el director deportivo, Mikel González, pero la coyuntura reclama ya noticias, tanto sobre el nuevo responsable como en torno a la composición de la plantilla que tendrá a sus órdenes.
Terzic viene a reflotar una nave con el timón averiado, velas hechas jirones y la tripulación desorientada. Definir en qué va a consistir su tarea resulta por tanto muy sencillo. Se trata de devolver al Athletic un nivel competitivo que recuerde o se asemeje al ofrecido durante dos campañas consecutivas, la 2023-24 y la 2024-25, ambas rematadas con plaza continental, a lo que se añadió un título copero. Tal sería el reto para un hombre que se embarca en una aventura sin punto de comparación con cuanto conoció en el entorno del que procede y donde se formó. Pero antes de establecer metas en el plano clasificatorio, toca hacer una labor de saneamiento y no es solo de chapa y pintura.
Edin Terzic viene a reflotar una nave con el timón averiado, velas hechas jirones y la tripulación desorientada
Aunque se han cumplido dos años de su adiós al Borussia Dortmund, período que Terzic ha dedicado en exclusiva a sí mismo y a sus asuntos privados, quizá el primer aspecto a considerar sea el salto que asume en el plano personal y profesional. Aparte de cómo haya asimilado el paréntesis en su itinerario en los banquillos, recala en otro mundo, un club sin parecido posible con el resto, pero sometido a una presión similar desde la óptica deportiva, que afronta cada ejercicio con aspiraciones, que no se conforma con participar o simplemente eludir problemas.
Le va a tocar a Terzic diagnosticar el estado de un grupo de futbolistas irreconocible a lo largo de nueve meses. No solo necesita saber quién es quién, labor que lleva avanzada con el repaso de cientos de vídeos; debe asimismo pulsar a cada jugador, entender las causas de su desinflamiento reciente y poder así dar con la tecla que le devuelva a su ser, que le permita desarrollar las virtudes que atesora.
Por supuesto es prioritario seleccionar, distinguir entre los que encajan en su idea y los que no. Un apartado con mucha miga, no solo por una cuestión numérica. Aunque entre pitos y flautas (gente con contrato, cedidos que retornan, chicos del filial y acaso algún refuerzo), Terzic bien podría hallarse ante 35 o más elementos en el inicio de la pretemporada. El tema clave sería que el criterio del entrenador y el de los dirigentes no coincidiesen en diversos casos. Extrañaría que no surgiesen divergencias, lo cual derivaría en la toma de decisiones traumáticas o que conllevasen un costo económico para el club.
No hace falta mencionar a nadie, pero un somero repaso de las andanzas de los jugadores (no solo en estos meses más próximos) depara situaciones complicadas de reconducir y, las cosas como son, el horno no está para bollos. La afición confía, quiere hacerlo, pero no vale con una declaración de intenciones. Después del desbarajuste al que se ha asistido, particularmente insufrible lo presenciado en San Mamés, y de escuchar toda clase de excusas, golpes de pecho y demás, el personal reclama hechos contantes y sonantes. Dicho llanamente: resultados y una imagen acorde a lo que el Athletic puede brindar con el presupuesto que maneja y el potencial teórico que reúne su vestuario.
Un somero repaso de las andanzas de los jugadores depara situaciones complicadas de reconducir y el horno no está para bollos
Serían varias las ventajas con que partiría Terzic en su objetivo de obtener el visto bueno y el respaldo de la gente a su trabajo. Por un lado, la imposibilidad práctica de reeditar un desastre de semejantes proporciones, con estadísticas tan ruinosas en múltiples conceptos y síntomas sobre el verde que hacían irreconocibles a los vestidos de rojo y blanco. Por otro, el prurito de los propios futbolistas, su ansia por revertir el comportamiento anterior, compensar al seguidor y volver a situarse a la altura que les corresponde en solidez, efectividad y regularidad.
Un tercer factor a valorar sería el calendario. Viene el Athletic de gestionar consecutivamente sendas agendas muy recargadas. Viajar por Europa equivale a cerrar el año con más de medio centenar de encuentros. Ha quedado claro que, al margen del discutible reparto de minutos realizado por Valverde, para muchos esa tralla no es asumible, pasa una factura que no solo se manifiesta en las prestaciones, también en la disponibilidad, con molestias o lesiones frecuentes y muy repartidas.
A partir de agosto, el Athletic podrá concentrar toda su energía en buscar una buena posición en la tabla liguera. No será hasta varios meses después cuando se estrene en la Copa y ante adversarios muy modestos. En definitiva, sin distracciones ni esfuerzos extra, Terzic tendrá a su tropa en condiciones óptimas para rentabilizar el campeonato que da de comer. Mientras aquellos contrincantes en teoría directos se desgastan por culpa de sus citas entre martes y jueves, el Athletic disfrutará de un montón de semanas limpias. Un marco ideal para recuperar la frescura mental y la velocidad de piernas que, presumiblemente, Terzic querrá explotar aplicando sus particulares conceptos futbolísticos. Solo faltaría entonces que los chicos interiorizasen rápido el nuevo librillo.