De vez en cuando conviene recordar la frase que dijo Joaquín Caparrós ante la prensa, por mucho que en los tiempos que corren pueda sonar un tanto arcaico y tenga mucho de malsonante. Pero aquello de que “en el fútbol se pasa de puta a monja en cinco minutos” es hoy una perfecta definición del estado de ánimo que rodea al Athletic, que en un suspiro ha pasado de verse muy muy cerca de los puestos de descenso a abrir un hueco significativo con respecto a ellos y verse metido de lleno en la pelea por Europa.
Al respecto conviene recordar que el curso arrancó con el presidente, Jon Uriarte, asegurando que el equipo debía pelear de nuevo por Europa. “El objetivo prioritario del primer equipo masculino es repetir clasificación europea vía liga”, apuntó el 18 de septiembre, si bien puntualizó que “el reto” del equipo es “cada vez mayor”.
El pasado día 3, cuatro meses y medio después, a las puertas de jugar los cuartos de final de Copa contra el Valencia, con el equipo ya eliminado de la Champions y en medio de una mala dinámica en liga, el máximo dirigente fue el encargado de exponer una realidad bien distinta a la de entonces: “Hemos de aceptar la nueva realidad y aceptar que no va a ser fácil. El objetivo a corto plazo es sumar 17".
Y es ahora, con el partido de vuelta de las semifinales de Copa ante la Real Sociedad como única distracción con respecto a la liga –a la espera de una hipotética final– y con tres meses de competición aún por delante, cuando uno se pregunta si es momento de que vuelvan a cambiar los objetivos por los que debe pelear el Athletic en lo que le resta de temporada. En definitiva, si Europa vuelve a ser una meta por la que pelear o si por el contrario hay que pensar únicamente en la salvación y ya.
RESULTADOS FAVORABLE
Algo menos de tres semanas han bastado para que lo que entonces era negro sea ahora un gris tirando a blanco. La culpa la han tenido los de siempre en esto del fútbol: los resultados, que son los que mandan.
Quizá porque las palabras de Uriarte fueron el estímulo necesario para que el equipo le viera las orejas al lobo y diera de una vez por todas un golpe sobre la mesa; tal vez porque el calendario ha sido benévolo con el Athletic, que se ha enfrentado en las tres últimas jornadas de liga al penúltimo, al colista y al equipo que marchaba quinto por la cola (Levante, Oviedo y Elche, respectivamente); o simplemente porque tocaba que un equipo como este, que venía de ser cuarto el curso pasado, demostrara que no era tan malo como esos mismos resultados que le han salido cara en este mes de febrero habían evidenciado a lo largo de un curso con más penas que alegrías.
Sea como fuere, la reacción del equipo es un hecho. Desde que Jon Uriarte dijo lo que dijo, el Athletic ha ganado cuatro partidos, tres de ellos en liga y de manera consecutiva, algo que no conseguía desde agosto del pasado año, así como el de los cuartos de final de Copa frente al Valencia, y solo ha perdido uno, el de la ida de las semifinales del torneo del K.O. ante la Real Sociedad. Un partido del que logró salir con vida para la vuelta después de un partido bastante flojo.
Si bien el sufrimiento ha sido el denominador común de esas cuatro victorias, se podría decir que ante el Elche se vieron por fin los tan esperados brotes verdes. Es posible que la forma en la que juega el equipo de Eder Sarabia –si su sueño es entrenar algún día al Athletic numeritos como los del final del partido sobran...– le venga como anillo al dedo a la tropa de Ernesto Valverde, pero la manera en la que se realizaron las transiciones defensa-ataque y la fortaleza a la hora defender, al margen del penalti cometido, por cierto, el quinto en lo que va de año, deben servir de impulso para lo que está por venir.
DEMASIADOS GOLES ENCAJADOS
Eso sí, dando por bueno que el juego colectivo aún tiene margen de mejora y que se dará porque en el corto plazo el equipo dispondrá de semanas libres para trabajar con calma y sin urgencias, lo que debe corregirse cuanto antes es la sangría goleadora que tanto le está penalizando al equipo a lo largo de todo el curso y con mención especial a este mes y medio largo de 2026.
Si se acepta que toca mirar de nuevo hacia los puestos europeos, el Athletic no puede mantener los malos registros de tantos encajados que tiene actualmente, pues lleva 14 partidos consecutivos recibiendo al menos un gol –todos los de 2026 y así como el que cerró el año ante el Espanyol–, con un total de 28 tantos encajados, lo que supone una media de dos goles por encuentro. Pelear por Europa exigirá una clara mejoría en la faceta defensiva.