El Athletic encadena por segunda vez este curso tres victorias consecutivas en esta liga gracias a su triunfo sobre el Elche del volcánico Eder Sarabia, en un encuentro en el que los tres puntos supieron a gloria para el conjunto rojiblanco por el momento en que se produjo, pero que retrató sus carencias en la pegada, ya que los leones desperdiciaron un buen número de situaciones de gol que, en caso de transformar alguna más, habría evitado los apuros en el tramo final ante un rival que, salvo en el penalti que supuso el 1-1, solo lanzó un flojo lanzamiento a los tres palos.

Lo mejor: La vocación ofensiva de los rojiblancos con protagonismo de varios pesos pesados

Dicen que querer es poder. El Athletic se encomendó a esa máxima en el objetivo de consumar los tres puntos ante el peor equipo de la liga como visitante, por lo que proyectó una decidida vocación ofensiva que, durante muchos minutos de la primera parte, se tornó en un vendaval de los rojiblancos, que gozaron de clarísimas ocasiones de gol que, sin embargo, no supieron materializar. Faltó puntería, lo que se entiende como un lastre especialmente en el fútbol de élite, pero queda la sensación de que volvía el Athletic que su masa social añoraba desde hacía tiempo, sobre todo en liga, donde sus prestaciones se ha caracterizado más por la mediocridad que por la brillantez. Visto lo visto, a los leones les ha venido de perlas disponer de una semana limpia, sin compromisos de Champions ni de Copa por medio.

Un triunfo más apurado por los méritos contraídos, pero que en el que tuvo protagonismo de varios de los pesos pesados del colectivo de Ernesto Valverde y a los que también se echaba de menos sus buenas versiones. Es el caso especialmente de Dani Vivian, que regresó al once siete encuentros después y lo hizo con muy buena nota, con una fiabilidad que apenas había demostrado en esta campaña, con lo que el entorno se congratula del retorno del mejor Vivian. Como también destacó un Yuri Berchiche que vive su segunda juventud y que debe decidir más pronto que tarde su futuro; o la magistral lección táctica y de inteligencia en el verde de Iñigo Ruiz de Galarreta, quien favoreció el doblete de Gorka Guruzeta, su segundo consecutivo en San Mamés tras el que ejecutó al Levante.

Lo peor: La falta de puntería y un penalti evitable que puso tensión a la noche

Los entrenadores hacen su particular lectura de los encuentros más allá de los resultados, meten la aguja en los matices en los que ponen el foco y se deduce que a Valverde no le agradaron ciertas situaciones de juego. Vamos, que se tiraría de los pelos cuando vio que su equipo dejaba pasar varias oportunidades de haber cerrado el primer tiempo con ventaja en el marcador, incluso lo suficientemente amplia para hacer cerrado el duelo, y llegar al paso por vestuarios con el empate sin goles, fruto de la falta de puntería de sus pupilos, con mención especial a Oihan Sancet e Iñaki Williams, que desperdiciaron las ocasiones más claras del compromiso. El navarro ha subido sus prestaciones un una campaña muy gris a nivel personal pero le falta el gol del curso nterior y el capitán no acaba con sus penurias en liga, ya que solo suma un gol en 17 comparecencias, un pobre bagaje que le deja mal sabor de boca.

El Athletic se complicó la vida cuando, con el 1-0 en el luminoso, Iñigo Lekue, al que muy poco esperaban su presencia desde el inicio, se pasó de frenada ante Germán Valera y sobre el que cometió un penalti más que evitable y que supuso un empate provisional que se recibió en San Mamés con un jarro de agua fría a poco más de 20 minutos para la conclusión del duelo. El de Deusto se equivocó, lo que no le ayuda consciente de que sobre su persona casi siempre se le pone la lupa por ese perfil de futbolista imprevisible, capaz de hacer cosas positivas y meter la pata en un mismo partido como sucedió en el de anoche, por lo que el Athletic enlaza catorce encuentros consecutivos sin mantener su puerta a cero, una fragalidad que obliga a los leones a doblar esfuerzos para ganar.