Qué locura tan bonita es el fútbol. Qué capacidad tiene para, en un suspiro, cambiar los estados de ánimo del personal y hacer que lo que un segundo atrás era negro se convierta en un blanco puro. Es la singularidad de un deporte que se escapa de cualquier clase de lógica y que no entiende de merecimientos. No siempre, al menos. En condiciones normales, más aún tras ver lo acontecido en al primera mitad del choque ante la Atalanta, nadie en su sano juicio habría dado un duro por la victoria del Athletic. Pero como el fútbol es impredecible, el conjunto rojiblanco terminó dándole la vuelta al partido, al que llegó vivo a su segunda mitad sin saber aún muy bien cómo y ahora tiene en su mano alcanzar el play-off, pues depende de sí mismo para conseguirlo. Para ello, necesita ganar al Sporting de Portugal en San Mamés el próximo miércoles.

En la previa, Ernesto Valverde, que es poco amigo de dar pistas al rival, ya avanzó que la forma de jugar de la Atalanta les obligaría a realizar cambios en su planteamiento inicial. “Tendremos que ajustar alguna cosa por cómo juegan ellos”, apuntó. Y vaya que sí lo hizo. Modificó por completo el sistema, con tres centrales, dos carrileros o un intento de ello, pues se limitaron a defender, dos centrocampistas y tres hombres de ataque. Claro que una cosa es cambiar el esquema y otra parecer como desganado a la hora de jugar, como si la cosa no fuera con ellos. La primera parte del Athletic fue un auténtico despropósito. Una calamidad. Valverde no hizo más que desesperarse en la banda, corrigiendo continuamente a sus futbolistas mientras la Champions se le escapaba de las manos al equipo sin que pareciera ser consciente de ello.

Tan mal lo vio el técnico, que a la vuelta de vestuarios regresó a la casilla de salida. Quitó a Adama Boiro, dio entrada a Oihan Sancet y recuperó el rictus. El equipo volvió por sus fueros. No tuvo un juego preciosista, ni mucho menos. Pero con poco, con hacer lo básico, jugar con más seriedad, atinar más en los pases, porque menos era casi imposible, y estar más serios, especialmente en defensa, consiguió mucho.

De hecho, los tres disparos que intentó a palos acabaron en gol. El primero lo logró Gorka Guruzeta, el segundo Nico Serrano y el tercero llevó la firma de Robert Navarro, que repartió dos asistencias y se convirtió en el héroe del partido. No le hizo falta mucho más al Athletic para hacerle daño a la Dea, que acabó defendiéndose como gato panza arriba ante la necesidad de la Atalanta, que le metió el miedo en el cuerpo al anotar el segundo gol con dos minutos por jugarse.

Atinados de cara a gol

A diferencia de lo que sucedió el sábado en Mallorca, en el que el equipo falló varias ocasiones muy claras de gol, algo que ha ocurrido también en muchos partidos de la presente temporada, la puntería ante la portería rival acabó siendo vital para el conjunto rojiblanco. Lo hizo en buena medida por la aportación de quienes salieron desde el banquillo, que le dieron otro poso al equipo.

En Bérgamo resurgió el Athletic, que se quitó un enorme peso de encima, porque haber caído, más aún en un escenario como el que se dio en la primera mitad, habría resultado muy duro, tanto para el vestuario como para la animosa afición que se desplazó al norte de Italia. La Champions le ha dado una vida extra a la tropa de Valverde, que ya ha repetido en varias ocasiones que busca ese clic que permita impulsar a su equipo en una temporada difícil en muchos sentidos. ¿Lo será la victoria contra la Atalanta? Sevilla y Sporting de Portugal medirán la reacción de los bilbainos.

La cifra

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275

Iñigo Lekue disputó ayer, ante la Atalanta, su partido número 275 con la camiseta del Athletic. El deustuarra, que lució el brazalete de capitán ante las ausencias de Yuri Berchiche e Iñaki Williams, suma un total de 207 encuentros de liga, 31 de Copa, 29 de Europa League, 3 de Champions y 5 de Supercopa.