Reconocimiento de méritos

Tras tres jornadas, Marcelino habla de ser justo con el rendimiento de sus hombres solo para referirse a las piezas de la retaguardia

30.08.2021 | 00:11
Iker Muniain realiza un ejercicio durante un entrenamiento en Lezama.

 La ya clásica interrupción del campeonato en estas fechas invita a hacer balance. Tres jornadas son pocas y con el tiempo su trascendencia disminuirá, será casi residual, pero de momento es lo único a lo que agarrarse. Los números dicen que el Athletic está en condiciones de sentirse satisfecho. No sabe lo que es perder, únicamente ha concedido un gol y los cinco puntos sumados le permiten estar tranquilo e incluso creer que se halla en el buen camino. Sensación que se convertirá en certeza si vence al sorprendente Mallorca cuando la liga se reanude. Certeza y alivio porque derrotar al conjunto isleño supondría terminar con la nefasta tendencia que ha impedido al equipo enlazar dos victorias durante la última edición de la liga y parte de la anterior.

En estos tres encuentros se han visto distintas versiones, si bien todas ellas han seguido un patrón. La clave de la imbatibilidad descansa en un concienzudo trabajo defensivo. Curiosamente, no se han notado las ausencias de habituales titulares en las posiciones de retaguardia. Los elegidos por las circunstancias han sabido proteger la portería y han concedido muy poco a los rivales, salvo en el debut, contra el enemigo menos dotado en ataque. La firmeza presidió el funcionamiento ante todo un Barcelona y también ante un Celta que concentra su calidad arriba.

Encajar solo un gol cada tres partidos garantiza un puesto de privilegio al final de la temporada. No hacía falta que Marcelino lo dijese antes de abandonar Balaídos, pero por si acaso lo dejó caer. Será parte de la labor de refuerzo psicológico del grupo. Sin cambiar de tema, añadió que "hay que ser justo y consecuente con el rendimiento de cada uno de los futbolistas". Le habían preguntado por el comportamiento de hombres como Lekue, Vivian o Balenziaga y podría meterse en el saco a Agirrezabala. Lo de Iñigo Martínez es una historia aparte.

La reflexión del técnico era muy sensata, pero acaso dejaría de serlo si versase sobre otros jugadores que han figurado en las tres alineaciones que ha diseñado. Y es que los halagos que han merecido tanto la labor colectiva en la contención como de manera específica los elementos que actúan más retrasados, no pueden hacer extensivos a aquellos que se desenvuelven en posiciones ofensivas. El dato de que se hayan marcado dos goles en 270 minutos y que uno fuese en una acción de estrategia y corriese a cargo de un central, indica que el Athletic continúa teniendo un problema.

Marcelino se ha decantado por los mismos hombres que el curso anterior para repartir las responsabilidades en la línea de medios y en la delantera. La excepción se llama Sancet, que es justo el que mejor ha respondido. Sin alardes porque el fútbol generado tiende a penalizar las posibilidades de lucimiento de los atacantes, resulta innegable que el espigado centrocampista reconvertido en segundo punta aparece como la pieza más sugerente. Su incidencia en las acciones de peligro en el arranque del calendario sobresale en comparación a las aportaciones del resto.

En el extremo opuesto se ha de colocar a Muniain, cuya intrascendencia alcanza cotas preocupantes. Pese a que pudiera pensarse lo contrario, destacar que ejecutó el córner que significó el gol contra el Barcelona no le hace ningún favor. Porque al margen de que de él se espera un protagonismo estelar, es cuanto de positivo ha firmado en 225 minutos de juego un futbolista que, por ejemplo, contra el Celta gestionó erróneamente no menos de una docena de posesiones. Un lujo con el que Marcelino parece dispuesto a transigir.

Alrededor de Iñaki Williams ha habido mucho ruido. El sábado metió lo que no se puede fallar, es posible que el destino quisiera recompensarle por lo realizado en la jornada previa. Entonces, su peso en el equipo se dejó sentir aunque fuese en el enésimo capítulo del divorcio que mantiene con el gol. No está fino, pero su potencial intimidatorio es innegable. Igual que el crédito del que goza Berenguer, un tanto irregular hasta la fecha. Unai Vencedor sería otro que necesita una buena actuación que le rescate del tono gris que le viene caracterizando.

noticias de deia