Athletic 1 - 1 Villarreal

Nuevo fallo en puntualidad del Athletic ante el Villarreal

Una inoperante puesta en escena refuerza al Villarreal, que se adelantó y tras el empate supo resistir la embestida de un Athletic sin la suficiente pegada

22.02.2021 | 01:07
Álex Berenguer, dentro de la portería del Villarreal, tras marcar el gol del empate.

ATHLETIC: Simón; De Marcos, Yeray, Iñigo, Yuri; Berenguer (Min. 78, Capa), Unai López, Dani García, Muniain; Raúl García (Min. 83, Villalibre) y Williams.

VILLARREAL: Asenjo; Foyth, Albiol, Pau Torres, Pedraza (Min. 85, Chukwueze); Trigueros (Min. 62, Yeremy), Capoue (Min. 85, Mario Gaspar), Parejo; Gerard Moreno, Alcácer (Min. 62, Fer Niño) y Moi Gómez (Min. 70, Estupiñán).

Goles: 0-1: Min. 16; Gerard Moreno. 1-1: Min. 44; Berenguer.

Árbitro: Del Cerro Grande (Comité Madrileño). Amonestó a Dani García y Unai López, del Athletic; y a Capoue y Foyth, del Villarreal.

Incidencias: Partido correspondiente a la vigésimo cuarta jornada de LaLiga Santander, disputado en San Mamés a puerta cerrada.

La escalada se aplaza. La goleada sobre el Cádiz y una semana limpia, al contrario que el Villarreal que jugó en Europa, eran las premisas sobre las que edificó el Athletic sus aspiraciones de aproximarse a la zona alta de la tabla a costa de recortar distancias con su rival de anoche. Sin embargo, la expectativa no se materializó pese a que durante un buen tramo flirteó con la victoria. La reacción a que dio pie el gol de Berenguer justo antes del descanso no terminó de cristalizar y luego, el encuentro se hizo largo. Tampoco discurrió ligero el primer período, donde volvió a asomar una versión un tanto decepcionante, presidida por un control absoluto del Villarreal, cuyo plan, que pareció orientado a eludir un desgaste excesivo, dio sus frutos. En el Athletic se echó de menos claridad de ideas y podría afirmarse que malgastó la mitad del tiempo, si bien el empate compensó con creces el quiero y no puedo en que estuvo sumido desde el mismo arranque.

El panorama experimentó un vuelco en la reanudación, fue entonces cuando el empuje local exigió muchísimo a un contrario que tuvo en la pareja de centrales a sus elementos más destacados. Asenjo contribuyó asimismo a impedir la remontada con un par de paradas de mérito, pero sucedió que el altísimo ritmo impuesto a lo largo de media hora de monólogo rojiblanco en vez de doblegar la resistencia amarilla pasó factura en las filas de Marcelino, muy remiso en el capítulo de sustituciones. El Villarreal, que agotó los relevos, logró recuperar el hilo del comienzo, se adueñó de la pelota en el cuarto de hora final, exhibiendo su repertorio técnico bajo la batuta de Parejo para enfriar la contienda y asegurarse el puntito. Este último tramo respondió a la lógica, cabía preverlo si no se obtenía el segundo gol porque en su empeño el equipo se vació. Tanto forzó la máquina que llegó un momento en que pareció derrengado.

Las mejores imágenes del partido. Fotos: Borja Guerrero

Más difícil de explicar fue el desarrollo del choque hasta el intermedio. Como quien no quiere la cosa, el Villarreal gobernó el primer acto de cabo a rabo, algo inesperado quizá y que obedeció en buena medida a la floja puesta en escena del anfitrión. No es la primera vez que sucede en San Mamés. De hecho, Marcelino enunció el problema como déficit de activación de su tropa. Lo dijo en la semifinal con el Levante, que al igual que anoche el Villarreal se asentó en el césped con una comodidad inesperada.

Cierto es que gran parte de los minutos se consumieron más cerca de Asenjo que de Simón debido a la presión ejercida, aunque dicha disposición apenas obstruyó las maniobras amarillas. Sin prisas, con un estilo parsimonioso, transmitiendo mucha soltura en las combinaciones y sin asumir el más mínimo riesgo, el Villarreal fue dejando que el cronómetro corriese. Ni siquiera daba señales de querer buscar el gol, salvo porque en mitad de ese juego insulso, Pedraza intercaló tres arrancadas. Anulada la primera por fuera de juego de Alcácer, la segunda le valió para presentarse en el área tras irse de tres rivales, Iñigo interceptó su pase, ya muy forzado, y la pelota quedó muerta en la frontal. Gerard, un depredador, agarró un chut dirigido a la base del palo derecho, imposible para Simón y, por si acaso, ligeramente envenenado por Yeray en su intento de despeje. En la tercera excursión de Pedraza, Iñigo evitó al límite que Gerard, que se relamía a la altura del palo largo, cabecease a bocajarro. Pero más preocupante que esos tres picotazos fue la impresión de inoperancia que transmitió el Athletic.

Berenguer se duele dentro de la portería del Villarreal tras lograr el gol del empate. Fotos: Borja Guerrero y Juan Lazkano

Nadie tomó los mandos, ni los medios, ni Muniain. Aparte de que al equipo le costaba robar arriba, no logró generar situaciones nítidas en ataque, casi ni inquietó, muy espeso en sus posesiones, carente de velocidad para agujerear la estructura del Villarreal. Una versión descafeinada, desprovista del nervio que reclama una ofensiva en condiciones, sin el dinamismo requerido ante una defensa estática, replegada. Con el 0-1 la tónica se mantuvo invariable, pero el siempre insistente Yuri acabó poniendo un centro muy tenso, Williams por una vez le ganó el duelo a Albiol, el balón superó al portero y Berenguer anduvo listo en el segundo palo para anticiparse a Pau y tocar con la puntera.

Un gran alivio para un grupo agarrotado y, cómo no, un enorme impulso para encarar la reanudación. Del influjo del empate no quedó ni la menor duda. Saltó al terreno otro Athletic, el esperado de inicio, y se asistió a una buena ración de ataque decidido, constante. De Marcos protagonizó un aviso, tras bonito servicio de Unai López, pero del complicado control a la carrera le salió un tirito al regazo de Asenjo. Bueno, el Villarreal comprendió lo que se le venía encima. Con Yuri y Muniain acaparando por su ala, el Athletic percutió sin freno. La pega estuvo en la culminación, el oficio de la zaga visitante minimizó la amenaza que representaba el nuevo escenario. Berenguer probó desde lejos y luego templó para que Williams, sin marcaje, cabecease. Se le fue muy centrado y Asenjo tiró de reflejos para repeler. El coletazo corrió a cargo de Muniain, quien agotado no pudo dirigir el caramelo que le puso De Marcos. Pocas oportunidades, pero suficientes para consumar un éxito que se escurrió en una noche marcada por la irregularidad. Sin obviar, por supuesto, la oposición de un serio Villarreal. Europa exige algo más.

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