Athletic 1 - Levante 1

Un mal arranque del Athletic ante el Levante encarece la final de Copa

El Levante cobra ventaja al marcar en San Mamés y exige un enorme desgaste al Athletic, que consiguió el empate con un espectacular gol de Iñigo

12.02.2021 | 03:04
Iñigo Martínez celebra en presencia de Yerai el gol del empate que deja abierta la eliminatoria para el partido de vuelta en el Ciudad de Levante.

San Mamés no arrojó luz. La resolución de la semifinal queda supeditada a lo que ocurra el 4 de marzo en el Ciutat de Valencia, donde ya sabe el Athletic que como mínimo deberá marcar un gol para aspirar al título. En definitiva, la final se ha encarecido como consecuencia del empate a un gol de anoche, desenlace que responde con bastante fidelidad a lo ofrecido por ambos equipos, pues hubo un tiempo para cada uno. Seguro que lo ocurrido no satisface las expectativas porque pese a que en este tipo de eliminatorias resulta complicado sentenciar en la ida, el gol de Melero, aparte de certificar las aspiraciones de los suyos y situar de momento al Athletic en desventaja, dice que una cosa es celebrar de antemano el emparejamiento y otra bien distinta que la expectativa que generó el sorteo sea fácil de materializar.



La sensación extraída de los primeros noventa minutos sugiere precisamente lo contrario. Y no cabe duda de que contribuyó el hecho de que el Athletic entró con mal pie. Su puesta en escena fue una sombra de la versión que Marcelino reclamaba y aunque tras el intermedio se sobrepuso y dejó una imagen bastante potable, fue a costa de invertir un enorme despliegue físico, más que producto del fútbol que practicó. La finura que le ha acompañado en sus días más felices del mes de enero, no asomó esta vez. Fue una reacción casi visceral, los jugadores regresaron del vestuario como si les fuera la vida en el empeño y lograron intimidar al Levante, le saltaron al cuello y no dejaron de zarandearle hasta amarrar la igualada. Luego, la cosa se equilibró un tanto y el Athletic apenas logró rentabilizar su empuje, al menos no se anotó situaciones propicias para darle la vuelta al marcador.

Quizá lo más positivo, al margen de la nueva muestra de inconformismo, fue que el Levante comprobó cómo se las gasta el Athletic cuando un partido se le tuerce. Ese carácter indomable que le ha valido para arreglar unos cuantos compromisos donde de entrada el rival estuvo más acertado. No obstante, se hubiera agradecido asistir a otra clase de partido. El jueves, la falta de temple para plasmar unos argumentos serios, que vino a ser una especie de lectura errónea de lo que cocía sobre el césped, le complicó en exceso la vida, convirtiéndole durante demasiados minutos en un colectivo encogido, previsible, plano. La penitencia por ese déficit de criterio la lleva en ese empate, cuyo significado real solo se desvelará en la vuelta.

Las mejores imágenes del Athletic-Levante. Fotos: Oskar M. Bernal

Afirmar que el Athletic llegó tarde a la semifinal sirve para describir el desarrollo de la primera mitad. En realidad, más que una cuestión de puntualidad fu e un problema de falta de aptitud para imponer el tipo de juego que le interesa, algo que el Levante hizo y desde el pitido inicial. El cuadro visitante se desenvolvió con soltura, tuvo las ideas claras y se pareció muchísimo al bloque que Paco López desea. Impuso un ritmo a su gusto a partir del control que ejerció en la zona ancha, donde concentró hasta cinco piezas, tres por dentro, dejando a Martí solo arriba. Esa superioridad numérica le funcionó para sacar el balón con cierta comodidad, pero sobre todo para imposibilitar las maniobras ofensivas de los rojiblancos, que tuvieron que masticar muchísimo cada despliegue, una mala noticia siempre.

Desprovisto de velocidad por la ausencia de espacios que provocó la buena colocación del rival, el Athletic se atascó y le entraron las dudas, que derivaron en movimientos torpes e imprecisiones en la circulación. Este panorama se tradujo en que Williams o De Marcos, pasaron desapercibidos, en que Muniain participó poco y los laterales se vieron taponados. Casi media hora se hizo esperar la primera acción de auténtico peligro y corrió a cargo del Levante. Melero entró en el área como Pedro por su casa, hasta el punto de que falló el empalme al centro de De Frutos y así todo tuvo tiempo de sobra para recomponer la figura y fusilar a Simón. Vencedor, que extravió la marca, contempló la escena a su espalda, impotente.

Los jugadores del Levante celebran el gol de Melero ante un Unai Simón cariacontecido. Reportaje fotográfico: Oskar M. Bernal y Juan Lazkano

Para entonces el Levante había mostrado su catálogo, esa aparente parsimonia en la transición que de repente se acelera gracias a la inteligencia de sus elementos más avanzados, con el omnipresente Morales ejerciendo de referencia. Trató el Athletic de replicar y se acercó varias veces al área sin culminar con fuste una sola jugada. La pared inconclusa en el área que trazaron entre Capa y Muniain en la acción que precedió al descanso fue un ejemplo del nivel de eficacia. El asunto había discurrido por unos cauces ciertamente preocupantes, es como lo entendió Marcelino que no aguardó un segundo y metió a tres jugadores del golpe para afrontar el segundo acto.

Los cambios hicieron efecto, más o menos como la charla, porque aunque Unai López, especialmente, y Vesga mejoraron a la pareja titular del centro del campo y hasta Berenguer pareció enchufarse, impresión que resultó pasajera, todo el equipo dio un paso adelante. La gran virtud estuvo en la intensidad. De repente, el Levante se vio exigido, el grupo que hasta entonces deambulaba iba a tumba abierta contra su portería. Raúl García, en plancha, firmó un aviso, el segundo, a inteligente dejada de Vesga, llevó la rúbrica de Berenguer y Williams completó el preámbulo al empate con un disparo seco. A lo enumerado replicó Cárdenas con buen estilo, pero nada pudo oponer al cabezazo de Iñigo.

Muniain templó desde la esquina y el central se anticipó en el primer palo con un salto espectacular y un golpe de cuello que alojó la pelota en el lado opuesto del marco. Restaba media hora aún para buscar el segundo. Paco López fue refrescando sus filas: metió físico con Malsa y Son, luego calidad con Rochina y Dani Gómez y acabó con tres centrales para neutralizar a Villalibre. El Athletic insistió en pisar el acelerador, incluso se pasó de vueltas en su afán por empujar al adversario y no volvió a crear una oportunidad que mereciese tal consideración. Quiso enmendar su retraso inicial y no pudo. El 4 de marzo, más.

ATHLETIC: Unai Simón, Capa (Min. 46, Berenguer), Yeray, Íñigo Martínez, Yuri, De Marcos, Dani García (Min. 46, Vesga), Vencedor (Min. 46, Unai López), Muniain, Raúl García y Williams (Min. 79, Villalibre).

LEVANTE: Cárdenas, Coke (Min. 54, Son), Postigo, Duarte, Clerc, Radoja, De Frutos (Min. 68, Rochina), Melero (Min. 54, Malsa), Bardhi (Min. 81, Vezo), Morales; y Roger Martí (Min. 68, Dani Gómez).

Goles: 0-1: Min. 26; Melero. 1-1: Min. 58; Íñigo Martínez.

Árbitro: Jesús Gil Manzano (Comité Extremeño). Expulsó a un miembro del banquillo del Levante (min. 82). Además, mostró tarjeta amarilla a los locales Íñigo Martínez (min. 18), Raúl García (min. 31) y al visitante Coke (min. 35).

Incidencias: Partido de ida de semifinales de la Copa del Rey, disputado en San Mamés a puerta cerrada.

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