Valladolid 2- 1 Athletic

¿El último partido de Garitano en el Athletic?

El Athletic incide en su impotencia para sufrir su cuarta derrota en cinco desplazamientos y reiterar en sus carencias. La Junta y la dirección deportiva deben decidir sobre el técnico

09.11.2020 | 01:20
Gaizka Garitano da instrucciones a sus jugadores durante la segunda mitad del partido en Pucela.

La historia se repite y ya es hasta cansina. El Athletic se ha apropiado de la leyenda del cangrejo. Ya se sabe, un paso adelante... Se ha empeñado en meterse en continuos líos y se resiste a encadenar dos victorias consecutivas, que no hace más que enredar el ambiente en torno al equipo y especialmente a la figura del entrenador, que ayer volvió a salir señalado. Gaizka Garitano no llega a dar con la tecla y se ve inmerso en un nuevo parón competitivo en el que se va a llevar los habituales palos que recibe este curso cuando se produce una derrota, la quinta de la presente liga. El crédito del derioztarra está bajo mínimos y la Junta Directiva ya tiene el asunto sobre la mesa. Es decir, si se inclina por su destitución o reitera su confianza en el técnico, cuyo futuro pende de un hilo. El fiasco hasta el domingo colista solo sirve para echar más sal a la herida, de la que se había aliviado con la increíble remontada sobre el Sevilla siete días atrás. Pero no siempre suena la flauta.

El Athletic se ha acostumbrado a autoflagelarse fuera de casa. Ha hincado la rodilla en cuatro de sus cinco desplazamientos, una estadística fatal que retrata el cúmulo de carencias que asoma cuando le toca coger el mando y ofrecer soluciones que no se dan ni desde el verde ni desde el banquillo. Garitano ejecutó diferentes movimientos a lo largo del partido, incluso en el primer acto, cuando modificó su plan ofensivo. Cambió la posición de un desacertado Williams y de seguido hizo lo mismo con Jon Morcillo, más incómodo en el costado derecho. Rectificar, dicen, es de sabios, pero en el fútbol también puede proyectar cierta inseguridad. Porque el segundo tanto el Valladolid acentuó el desconcierto, lo que obligó al derioztarra a efectuar un triple cambio que sonó a desesperado. Un revolcón enorme a su plan que tampoco funcionó pese a presumir de claras ocasiones. El que llega tarde...

Las mejores imágenes del encuentro. Fotos: EFE y Athletic Club


 

 

El empuje final fue fruto de la necesidad de ambos equipos. Evidentemente, el Athletic requería de ello por la doble desventaja en el marcador y el Valladolid se blindó en su parcela consciente de que no podía dejar escapar su primer triunfo de la campaña, ya que, en caso de empate o derrota, le podría costar el puesto a Sergio González, al que le perseguía la sombra del ultimátum. Quizá el catalán le haya pasado la pelota a Garitano, que probablemente se pregunte si el de ayer fue su último partido como entrenador del Athletic o si le queda una pequeña licencia de cara al compromiso, en el aún lejano día 23, frente al Betis en San Mamés. Lo evidente es que el Athletic se acostó situado a tres puntos de los puestos de descenso y con no muy buenas sensaciones, realidades que deben analizar la dirección deportiva y la cúpula de Ibaigane, a la que le queda el consuelo de evitar un posible escarnio, por lo menos en el matiz deportivo, en caso de que la Asamblea General de Socios Compromisarios se celebrara el próximo domingo, cuando estaba programada de inicio y aplazada a causa de la crisis sanitaria.

mucha llegada sin premio
 

Las estadísticas entrañan diferentes lecturas en función de qué se cojan de ellas para bien o para mal. Lo cierto es que el Athletic intentó el remate en el José Zorrilla en 17 ocasiones, un dato del que alardea Garitano. Sin embargo, los números tienen también su letra pequeña. De ellos, ciertamente solo dos, el remate de cabeza de Asier Villalibre que despejó Masip y el lanzamiento de Williams desde los once metros fueron entre los tres palos de la portería del conjunto blanquivioleta, que curiosamente solo necesitó cuatro llegadas para hacer dos goles, con la ayuda inestimable de Unai Simón, sabedor de su horroroso partido. Fue un querer y un no saber que acentúa los vaivenes de un Athletic cuyos jefes tienen en la agenda el futuro del entrenador a corto plazo.