Resurrección en el ataúd

El Athletic se arma de amor propio y gana al Sevilla cuando parecía resignado a una nueva derrota (2-1)

El Athletic remonta en la recta final con los goles de Muniain y Sancet frente a un Sevilla que se adelantó pronto y le bailó en el primer tiempo

01.11.2020 | 01:22
Raúl García y Fernando pelean por un balón aéreo durante el Athletic-Sevilla

 El amor propio evitó una debacle en San Mamés. En la última media hora, el Athletic se quitó de encima complejos, recuperó algunas de sus señas de identidad, las básicas para invertir el signo de un partido penoso desde su arranque, y consiguió un triunfo de incalculable valor a costa del Sevilla, cuya previsión no contemplaba una reacción semejante. No solo fue una cuestión de fe, aunque había que tenerla y a prueba de bomba para apostar en favor del cuadro local, influyó asimismo la aportación de la gente que Garitano fue agregando con cierto margen para hacerse notar y, en última instancia, un índice de acierto extraordinario que se sustanció en dos goles que invalidaron el obtenido por En-Nesyri. El Sevilla se adelantó muy pronto, en el primer remate que realizó, y dio la sensación de que había dado la puntilla a los rojiblancos, absolutamente superados por la responsabilidad. Durante casi una hora no hubo un solo indicio que permitiera augurar lo que vino después, pero sucedió y ahora las cosas pueden verse de otra manera.
 

Las imágenes del partido. Fotos: Pablo Viñas

El Athletic está vivo, pese a los graves síntomas de deterioro que ha ofrecido desde la jornada inaugural. Posee energía y recursos para competir con cualquiera. No es precisamente un cualquiera el Sevilla, de hecho estuvo a años luz por plan, orden, cuajo y personalidad. Dio una clase magistral en el primer tiempo y provocó un desbarajuste aterrador en el Athletic, agarrotado, tristísimo. El comportamiento del anfitrión alcanzó cotas esperpénticas, padeció un zarandeo en toda regla que se antojaba la gota que colmaría el vaso de la paciencia del entorno y quizás de los dirigentes del club.

Al descanso, lo único positivo de cuanto ocurrió era el marcador. Un único gol en contra siempre otorga margen para entrar en el partido, pero cómo suponer que tal posibilidad se materializaría. No había por dónde coger al equipo de Garitano, era un muñeco de trapo más que un pollo sin cabeza porque tal era su bloqueo mental que ni siquiera era capaz de correr. O si lo hacía, llegaba tarde a cada pelota facilitando increíblemente la tarea al grupo de Julen Lopetegui. Quizá esa inesperada comodidad en que se movió el Sevilla tuvo un efecto pernicioso en sus filas.

Venían los andaluces de jugar entre semana y Lopetegui se limitó a introducir dos cambios en el once. La elección se reveló un acierto de inicio, pero es verdad que la propuesta careció de filo, después de una salida al galope y el premio del gol, en vez de rematar la faena prefirió contemporizar. Su dominio era tan insultante que no se le pasó por la cabeza que aquello pudiera experimentar una transformación como la que luego se produjo.

Se regodeó en su suerte el Sevilla, no calculó que al Athletic, que daba auténtica lástima, podía quedarle en la recámara la bala del inconformismo de quien colgado al borde del abismo hinca las uñas y se resiste a caer al vacío. Cuando quiso retomar el control ya fue demasiado tarde y los retoques de Lopetegui, inútiles. El Athletic se había rebelado contra su destino, presionaba mejor, robaba, era más agresivo y no regalaba la pelota con esa facilidad que irrita al más templado. Había combinaciones, bastantes culminadas en centros horribles, pero el personal se fue enchufando y empujó, obligando al Sevilla a recular. Navas y Acuña, cuya profundidad martirizó al Athletic desde el comienzo, desaparecieron del mapa. La tripleta de medios del Sevilla, que se hartó de tocar, se vio forzada a perseguir enemigos. En suma, a los titularísimos de Lopetegui les empezaron a pesar las piernas, mientras Unai López, Muniain y Vesga dotaban de cierto criterio a la ofensiva.

Todo pudo irse al garete al regreso de vestuarios de no mediar el despeje de Iñigo sobre la línea, con Simón superado, tras cabezazo de En-Nesyri en la que fue la última aventura de Navas. En adelante, lo poco o lo mucho que hubo en ataque le correspondió al Athletic. Garitano dejó a un lado prejuicios y agitó a fondo una formación en la que sorprendió la presencia de Zarraga, al que le tocó jugar acaso el peor rato de la temporada, y no tanto la ausencia de Muniain. No estaba el asunto para andarse con chiquitas, así que Zarraga y Raúl García, con tarjeta y enfadado con todo el mundo, fueron relevados. Tampoco tardaron en aparecer Muniain y Vesga, en lugar de un apagado Berenguer y de Dani García, el hombre que jamás puede descansar.

dinamismo

Adquirió el equipo un perfil más dinámico, Morcillo pasó a la derecha, Muniain y Unai López hicieron migas en la franja central y todos se vaciaron para aspirar al imposible. Hubo un par de avisos, sendos cabezazos sin veneno a cargo de Williams y Dani García, nada reseñable dada la urgencia, pero una prueba de que el duelo iba desnivelándose en dirección a la portería de Bono. Al Sevilla solo le interesaba ya que aquello acabase cuanto antes y puso gente fresca para volver a sumar posesión y enfriar el ánimo rojiblanco. Fue en balde.

Vesga prolongó al segundo palo un córner botado por Morcillo y surgió Muniain a la espalda de la zaga para empalmar a la red. La remontada había dejado de ser una quimera. A los diez minutos, se hizo realidad en una acción similar. Williams, más activo en el segundo acto, vio los brazos levantados del recién ingresado Sancet, trazó un centro que cruzó el área y el joven resolvió con eficacia asegurando el remate con el interior. Estaba hecho. El Athletic que no sabe meter goles, que no le da la vuelta a un resultado ni a tiros y que ayer de entrada flirteó con el ridículo, había vencido a un Sevilla que encadena ya tres reveses y al que adelanta en la tabla. Será el peaje que se abona por lucirse en Europa y, desde luego, fue el castigo que recibió por parte de un conjunto que si se soltase, si se quita de encima el corsé, estaría en condiciones de aspirar a la victoria cada semana.

ATHLETIC: Simón; Capa, Yeray, Iñigo Martínez, Yuri; Zarraga (Min. 54, Unai López), Dani García (Min. 67, Vesga), Berenguer (Min. 67, Muniain), Raúl García (Min. 54, Villalibre), Morcillo (Min. 85, Sancet); y Williams.

SEVILLA: Bono; Jesús Navas, Koundé, Diego Carlos, Acuña; Fernando (Min. 88, Munir), Jordán (Min. 68, Gudelj), Rakitic (Min. 68, Óliver Torres); Ocampos, De Jong (Min. 88, Carlos Fernández) y En-Nesyri (Min. 63, Franco Vázquez).

Goles: 0-1: Min. 9; En-Nesyri. 1-1: Min. 76; Muniain. 2-1: Min. 86, Sancet.

Árbitro: Del Cerro Grande (Colegio madrileño). Amonestó a Raúl García, Iñigo Martínez, Williams, Unai López y Yuri, del Athletic; y a Fernando, Acuña, Navas y Diego Carlos, del Sevilla.

Incidencias: Partido correspondiente a la octava jornada de LaLiga Santander disputado en San Mamés, sin espectadores.