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Efectos colaterales del covid-19

09.05.2021 | 01:24
Las mascarillas han combatido también a la gripe. Foto: Oskar González

Las medidas de orden higiénico y social adoptadas por las autoridades de casi todo el mundo desde febrero de 2020 no solamente han conseguido limitar la expansión del SARS-CoV-2, que es lo que se buscaba, también han contenido la expansión de otros patógenos, como el de la gripe, o varios catarrales. Uno de estos es el virus respiratorio sincitial (VRS).

El VRS es responsable de muchos catarros invernales, pero en niños puede provocar afecciones más serias. La primera infección por este virus en los menores de un año puede producir infecciones graves de las vías aéreas inferiores. Es responsable del 50% de las bronquiolitis y del 25% de las neumonías. Es muy contagioso; la probabilidad de que un niño de un año haya sido contagiado por ese virus es superior al 95%. Se estima que las infecciones por el VRS provocan en España entre 15.000 y 20.000 visitas anuales a urgencias pediátricas y entre 7.000 y 14.000 hospitalizaciones. Entre 70 y 250 niños fallecen al año por su causa.

Hace un año, cuando en Australia se encontraban en mitad del otoño y los virus respiratorios deberían empezar a circular por la población, sobre todo la infantil, tan solo a un 1% de los niños y niñas ingresados en un hospital de Perthse les diagnosticaron una infección por VRS. El verano siguiente, fueron un 70% de los hospitalizados los que dieron positivo en el correspondiente test. Las medidas para detener el avance del covid-19 habían provocado un retraso de medio año en la expansión del VRS. En otras zonas de Australia se registraron fenómenos similares.

El hemisferio norte, como es lógico, no es ajeno al fenómeno. En Francia la epidemia de VRS empezó en febrero, doce semanas más tarde de lo habitual. Y de acuerdo con simulaciones basadas en los casos registrados en Estados Unidos en 2020, en próximos años pueden producirse brotes importantes de RSV –los más intensos en el próximo invierno– como consecuencia de las medidas de aislamiento y distanciamiento implantadas.

Muchos pediatras australianos y de otros países están preocupados. En Australia se han dado cuenta de que la mayoría de niños y niñas de menos de 18 meses de edad no ha estado en contacto nunca con el VRS, y otros muchos, mayores de esa edad, llevan 18 meses sin haberlo estado, y es posible que la inmunidad frente a ese virus se haya desvanecido. El problema es que no saben cómo reaccionará el sistema inmunitario de todos esos menores cuando se contagien con el virus.

Esa es la razón por la que en los servicios de salud del Reino Unido, por ejemplo, se han propuesto observar con atención la evolución de esa viriasis, por si tuvieran que tomar medidas especiales al respecto. El único tratamiento disponible, de carácter profiláctico –anticuerpos monoclonales– se utiliza para casos de alto riesgo, bebés prematuros o criaturas con problemas cardiacos, principalmente.

El VRS no es el único patógeno con el que entran en contacto los niños durante sus primeros meses y años de vida. Y lo apuntado para ese virus sería, en principio, aplicable a esos otros microorganismos. Por ello, los especialistas recomiendan que, ante la previsible reducción de la incidencia de covid-19 hasta niveles manejables por los servicios de salud, no se abandonen rápidamente todas las medidas en vigor para limitar los contagios, como las recomendaciones higiénicas, el uso de mascarilla o evitar aglomeraciones. Los contagios por VRS se producirían más lentamente y los servicios de salud dispondrían así de más tiempo y recursos para hacerles frente.

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