EQUO-BERDEAK

José Ramón Becerra : "Si el veto a Equo por parte de Iglesias es una revancha, la que sale perdiendo es la izquierda transformadora"

Becerra tacha de "veto político" que Podemos, con su líder Pablo Iglesias a la cabeza, haya impuesto a Lander Martínez que no repita coalición con Equo

24.02.2020 | 06:17
José Ramón Becerra

bilbao - La dirección de Podemos en Madrid comunicó a su filial en Euskadi su rechazo a que Equo-Berdeak concurriera otra legislatura en la coalición Elkarrekin Podemos. La comunicación se produjo cuando ambas partes negociaban la repetición de la coalición y la dirección de Podemos-Ahal Dugu abortó la operación. Ahora la formación que lidera José Ramón Becerra estudia si se presenta en solitario a las elecciones del próximo 5 de abril.

¿Les han explicado las razones del veto a formar parte de la coalición Elkarrekin Podemos?

-No. Lo que se nos ha dicho es que desde Podemos a nivel estatal no se veía adecuado que Equo formase parte de Elkarrekin Podemos de cara a la próxima legislatura.

Pero, ¿qué motivos aducen?

-No los sabemos. Podemos intuir alguna razón, como es el hecho de que Equo a nivel federal llegase a un acuerdo de coalición con Más País en las últimas generales.

Equo de Euskadi renunció públicamente a concurrir de la mano de Más País.

-Efectivamente, renunciamos a apoyar las listas de esa coalición con el ánimo de preservar el espacio vasco de Elkarrekin Podemos y así lo dijimos públicamente.

¿Han hablado con Pablo Iglesias? ¿Les ha llamado para explicar su posición?

-No. Esta información de que Podemos a nivel estatal no ve la coalición con Equo-Berdeak nos viene transmitida por Podemos Euskadi.

¿Por Lander Martínez?

-Por el equipo de Lander Martínez.

Lo han acatado. ¿Debían haberse plantado ante Pablo Iglesias?

-Podrían haberlo hecho. No quiero meterme en cuestiones de otros partidos. Cuando surgió el acuerdo entre Más País y Equo a nivel federal sí nos rebelamos, ya que dijimos que preferíamos preservar el espacio vasco, mientras que nuestro espacio federal en el resto del Estado entendió esa posición y la respetó. Esto no ha sucedido ahora en Podemos y, por eso, se puede considerar esto como un veto estatal.

El sector afín a Pablo Iglesias alega que el veto responde a que Equo prestó a Más País su CIF para poder registrarse como candidatura electoral. ¿Esto es así?

-Que yo sepa, no es así. Equo-Berdeak no tiene un CIF. Por lo tanto, no podemos prestar algo que no tenemos. Solo hay un código de identificación fiscal, y es el de Equo a nivel estatal. Obviamente, cuando se hace una coalición a nivel estatal, imagino que se utilizarán los CIF de los partidos estatales, pero son cuestiones administrativas que no tienen ningún sentido político. La posición política de Equo-Berdeak en Euskadi fue claramente la de no apoyar a Más País. Estamos hablando de un veto político, no un veto administrativo.

¿Entiende este veto como una revancha de Iglesias?

-Eso lo tendrán que explicar desde Podemos a nivel estatal. Si es una revancha, el que sale perdiendo no es Equo-Berdeak, sino la sociedad vasca, que tenía la esperanza de que hubiera un espacio de izquierda transformadora aquí en Euskadi y así se configuró Elkarrekin Podemos en un principio. La sociedad vasca necesita un contrapeso al gobierno del PNV y a la situación de dualidad que había entre PNV y Bildu en cuanto a alternativas de gobierno.

Lander Martínez ha dicho que Elkarrekin Podemos no se va a resentir de la baja de Equo.

-Habrá que ver si se resiente o no en las urnas, pero la frescura en cuanto a ideas y posiciones políticas que da el espacio verde no la va a tener. En el siglo XXI no se puede entender la política sin los y las verdes. Que aquí se renuncie expresamente a eso es un empobrecimiento político e ideológico.

¿Ve detrás de esto una maniobra de Iglesias y de López de Uralde para configurar un nuevo eje ecologista dentro de la confluencia con Podemos?

-No lo sé, pero si fuera así, evidencia que el espacio verde cada vez cobra más importancia a efectos de la política. Si fuese así, sería contradictorio con sostener que Elkarrekin Podemos no se va a resentir electoralmente.

¿En qué medida su aportación ha influido en una mayor sensibilización social sobre los temas ecologistas?

-Cuando llegamos, el Gobierno vasco decía que no había ningún problema con la calidad del aire. Ahora destina tres millones de euros más a la mejora de la red de medición de la calidad del aire y a que la gente empiece a darse cuenta de que la contaminación afecta a su salud. Lo estamos viendo en Zaldibar.

Hasta ahora, el ecologismo estaba más en la pancarta y rehuía las instituciones. ¿Ha cambiado esto?

-Hay diferencia entre ser ecologista y ser verde. Los que estamos en política y militamos en un partido verde tenemos la obligación de defender nuestras convicciones, y eso es ecologismo, pero compaginarlas con las necesidades del conjunto de la sociedad. Eso te hacer ser un poco más pragmático. De ahí que hayamos sido claves en orientar la posición de Elkarrekin Podemos en esta última legislatura en favor de aprobar los Presupuestos.

O sea, que el giro pragmático de Elkarrekin Podemos ha sido también gracias a Equo.

-Evidentemente, y tampoco es ajeno a eso que al grupo parlamentario llegase Rosa Martínez, que a día de hoy es la candidata a lehendakari, pero que en su momento fue coportavoz de Equo. Rosa viene de una forma de ver la política verde y eso reorientó la estrategia del grupo parlamentario para convertirnos en un grupo más útil para la gente.

Ya fuera de Elkarrekin Podemos, ¿qué va a hacer Equo-Berdeak?

-Lo decidirá nuestra militancia el próximo fin de semana. Es evidente que, cuando estás trabajando por un espacio político, consigues una mayor influencia, pero al mismo tiempo tienes el riesgo de ir perdiendo tu identidad. Estas nuevas circunstancias nos obligan a recuperar nuestra identidad y nos obligan a asumir nuevos retos

¿No son compatibles ambas cosas?

-Son compatibles y lo que hay que buscar es el momento, la manera, la voluntad y las herramientas para hacerlo. Tenemos esta semana para reflexionar cómo dar ese paso.

En 2012 se presentaron en solitario a las elecciones vascas y lograron unos 12.000 votos. Fueron insuficientes para lograr un escaño entonces y lo serían ahora.

-Si se repitiera el resultado, sería insuficiente, pero en Araba entonces nos quedamos a 700 votos de un escaño. Por tanto, no es inalcanzable. Tenemos que generar ilusión en el electorado, de que puede haber algo diferente a lo que ya hay, que puede haber una opción netamente vasca, verde y de futuro, que lo que busca es crear un espacio político amable, sin sectarismos, sin tutelas de Madrid.

¿Podría Equo, si entra en el Parlamento Vasco, llegar a acuerdos de alcance con el PNV?

-Los verdes somos bastante más pragmáticos en cuanto a las alianzas, porque lo que importa no es tanto con quién te alías, sino para qué te alías. Nos podemos abstraer del debate ideológico. No veo tanto una coalición como la que tienen PNV y PSE, sino llegar a acuerdos puntuales que fueron interesantes, como por ejemplo los acuerdos presupuestarios, como se ha visto en los últimos Presupuestos. Son más factibles los acuerdos puntuales que los de legislatura, pero siempre vamos a tener esa voluntad.

A Equo-Berdeak no se le ha oído decir nada sobre el derrumbe de Zaldibar.

-Básicamente, lo hemos trabajado dentro de Elkarrekin Podemos. La postura que defendió la coalición, en este caso Lander Martínez en la Diputación Permanente, fue una posición marcada y centrada con y por Equo-Berdeak. A eso me refería con la dilución de la identidad. Hemos estado trabajando en pro de un espacio político que ahora nos veta. Eso nos obliga a repensar cómo actuamos políticamente.

¿Cómo valora la gestión del Gobierno vasco en el caso de Zaldibar?

-Es evidente que se ha actuado con descoordinación y desconcierto, incluso con una falta de visión de futuro. Desde el primer momento se ha visto que era un desastre medioambiental de consecuencias bastante grandes e incluso que podrían superar a las capacidades de un gobierno normal. A la ciudadanía lo que más le ha molestado no son las consecuencias medioambientales, sino la falta de empatía del Gobierno vasco para con la familia de dos personas que son desconocidas.

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