Los avances en cirugía permiten que los pacientes operados de juanetes caminen desde el primer día y con poco dolor

02.03.2020 | 18:34
Los avances en cirugía permiten que los pacientes operados de juanetes caminen desde el primer día y con poco dolor

Las operaciones destinadas a eliminar el problema de los juanetes se asocian con frecuencia a intervenciones dolorosas que conllevan un largo tiempo de reposo para su recuperación. Sin embargo, gracias a los nuevos avances en el campo de la anestesia y la cirugía mínimamente invasiva, esos conceptos hoy en día son un mito. Los pacientes intervenidos caminan desde el primer día y experimentan poco dolor.

La única opción para eliminar los juanetes -deformidad del pie que produce una protuberancia en el extremo del mismo y afecta al primer metatarsiano, al primer dedo (dedo gordo) y a la articulación que los une- es una intervención quirúrgica. Pero, ahora bien, ni todos los pies con esta afección precisan de una operación, ni las intervenciones suponen un proceso largo y doloroso.

El juanete es una enfermedad que se caracteriza por generar dolor y por alterar el funcionamiento normal del pie y, en las personas que experimentan síntomas, genera "una situación muy tediosa que acaba por ser incapacitante". En estos últimos casos, la cirugía es la única solución y, lejos de lo que se cree, "no supone un proceso muy doloroso, ni requiere de una larga inmovilización". Las dos intervenciones que se realizan hoy en día son la cirugía abierta o la cirugía mínimamente invasiva -más novedosa-.

Ambas cirugías persiguen devolver a los pacientes un pie funcional que les permita recuperar una buena pisada y acabe con el dolor. Además, se basan en el mismo concepto: realizar una serie de cortes en las estructuras óseas del pie para devolverlas a su posición original. Al realizarse fracturas en los huesos, el tiempo de recuperación oscila en torno a los dos meses -tiempo que requieren para consolidarse en su nueva posición-.

"En la opción mínimamente invasiva, se realizan incisiones de medio centímetro -en vez de los diez o siete que se emplean en la cirugía abierta- y, con ayuda de un equipo de rayos que permite ver las zonas sobre las que se actúa, se corrige la estructura del pie y se fija en su nueva posición. La base del procedimiento es la misma que en la cirugía abierta, pero, al reducir el traumatismo, se mejora mucho el postoperatorio inmediato y se reducen el dolor, la infamación, la posibilidad de infección, etc.".

Desterrando mitos. El dolor y la recuperación tras la intervención, como ya se ha mencionado, son los dos conceptos que suelen asociarse a este tipo de intervenciones quirúrgicas. "Hoy en día es un mito que los pacientes pasen por un dolor insoportable o una larga convalecencia en cama".

En cuanto al dolor, las nuevas técnicas de anestesia de las que disponemos, independientemente al tipo de intervención, nos permiten manejar muy bien las dolencias postoperatorias. Respecto al reposo, los pacientes -equipados con unas muletas y un zapato especial que carga el peso en el talón- pueden comenzar a desplazarse con libertad desde el primer día.

Otra de las ideas que se repite es que el tipo de calzado que se emplea -como los tacones- es el origen de los juanetes. Es cierto que los zapatos afectan, pero las causas son mucho más amplias, ya que influyen los factores hereditarios, el tipo de pisada, el tipo de pie, la laxitud de las articulaciones, etc.

Perfil del afectado No todas las personas con la enfermedad presentan dolor. En esas situaciones, no es necesaria una intervención y basta con recurrir a plantillas u otro tipo de ortesis para mejorar la pisada. El perfil de la persona que suele padecer molestias y precisa cirugía es una mujer -suelen presentar más laxitud y otras características que propician la aparición de la enfermedad- de 50 a 60 años.